«La crisis financiera está ocultando el problema de la pobreza mundial»

17 Noviembre 2008
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Erigida en una de las voces más criticas con el neoliberalismo, Susan George cree que la cumbre de Washington es «ilegítima» porque no representa a los ciudadanos.

Estados Unidos, cuna de los más conspicuos defensores del modelo neoliberal, también ha generado a sus más fervientes opositores. Susan George es una de sus voces más lúcidas. Ciudadana francesa desde 1994, esta mujer alerta del crecimiento de la pobreza y la desigualdad en la globalización.

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Mario Beramendi entrevista a Susan George
 
Erigida en una de las voces más criticas con el neoliberalismo, Susan George cree que la cumbre de Washington es «ilegítima» porque no representa a los ciudadanos.

Estados Unidos, cuna de los más conspicuos defensores del modelo neoliberal, también ha generado a sus más fervientes opositores. Susan George es una de sus voces más lúcidas. Ciudadana francesa desde 1994, esta mujer alerta del crecimiento de la pobreza y la desigualdad en la globalización. Sobre ese asunto protagonizó un encendido debate con Martin Wolf, periodista británico del Financial Times y cuyo contenido se recogió en un libro, planteado a modo de careo, con en el que se identificaron muchos partidarios y detractores del capitalismo actual. ¿A qué clase de recesión cree usted que nos enfrentamos? -Entiendo que se está hablando erróneamente de una crisis, pero existen tres. Hay una primera crisis de pobreza y desigualdad, otra crisis financiera, y luego está el cambio climático y el calentamiento global. Esta última crisis es la única que no podemos revertir. Digamos que los problemas de los bancos están ocultando otros hechos más graves: la pobreza mundial y el calentamiento global. Ayuda a que no se hable de ellos. ¿Cómo entiende que se conectan estas tres realidades? -Los tres están muy relacionadas, aunque parezca lo contrario. Y yo creo que podemos usar la crisis financiera para resolver las otras dos. Tras el crac de 1929 y la guerra se aprovechó la situación para reconstruir la economía. Y ahora tenemos una gran oportunidad de hacer lo mismo. Digamos que es una oportunidad única, que se acabará pronto. ¿Pero cuál es su planteamiento concreto para llevar a cabo la transformación? -Primero tenemos que reconocer que los instrumentos de política monetaria convencionales (me refiero al uso de los bancos centrales para bajar el precio del dinero), ya no son una herramienta útil. Luego yo propongo recuperar un keynesianismo ecologista; es decir, fomentar el gasto público como motor del cambio, pero apostando por un modelo productivo que deje de pivotar sobre el petróleo. ¿Y cómo se consigue eso? -Los bancos han recibido ayudas multimillonarias que no han caído del cielo: se trata de inyecciones de dinero que vienen de sus impuestos y de los míos. Los Gobiernos tienen que apostar por estrategias para que las entidades devuelvan esos préstamos públicos a toda la sociedad; es decir, a sus dueños, que son los ciudadanos, y que lo hagan fomentando proyectos. Proyectos como el impulso de las energías renovables y de actividades que no dependan del petróleo. Por eso hablaba de lo que podemos llamar keynesianismo ecologista. ¿Qué espera entonces de la cumbre del G-20? -Se trata de una reunión que en sí misma es ilegítima: no representa a todo el mundo y a sus ciudadanos. Saldré a manifestarme el sábado. Creo que la reunión de Washington no servirá de mucho. ¿Piensa entonces que Zapatero ha hecho un esfuerzo para acudir a un foro que no servirá de nada? -Entiendo que no se debe criticar al presidente del Ejecutivo español por querer participar en el encuentro que reúne al G-20. Yo digo que es bueno intentar tomar parte en aquellos foros en los que se pueden cambiar las cosas. Otra cosa es que espere poco de los resultados concretos que se deriven de ella. -¿Cómo ve usted a Europa en el actual contexto? -Con toda la sinceridad, creo que Europa está ahora mismo en una situación desastrosa. Y no me refiero a sus ciudadanos sino a sus gobernantes, a la Europa oficial. Es duro pensar que el Viejo Continente continúe aferrándose al modelo neoliberal justo en el momento en el que se encuentra más cuestionado. Se trata de un contexto en el que se ha evidenciado que la desregulación y el dejar hacer con el único fin de aumentar beneficios puede tener un efecto desastroso para las familias. www.lavozdegalicia.es