La despenalización de la droga

22 Febrero 2010

Se tardará para que la Comunidad Internacional hable de la despenalización de la droga en términos concertados y coherentes.

JZ.- ¿Podemos decir, sin riesgo de exagerar, que las cosas han ido mal respecto de la lucha en contra del tema de las drogas en América Latina?

RS.- Las estadísticas y las cifras de los propios organismos, tanto de Estados Unidos como de Naciones Unidas, demuestran dos cosas: la primera es que se mantienen las condiciones estructurales que provocan la existencia de cultivos declarados ilícitos, a lo largo de la América Latina, como las condiciones estructurales que generan la demanda de sustancias estupefacientes y sicotrópicas, no solamente en el Norte sino también en América Latina. Eso en primer lugar. En segundo lugar, todo parece indicar que el crimen organizado alrededor del narcotráfico se ha adaptado de una manera espectacularmente eficiente a las condiciones que les acarrea el libre mercado, o la globalización, la propia crisis financiera y por supuesto los efectos de la interdicción. De tal manera que hoy por hoy, el tráfico ilícito de drogas procedente de América Latina, sigue incólume, vigente, eficiente y flexible.

JZ.- ¿Hay realmente opiniones distintas en los tres sectores -vamos a llamarlos así- en América Latina, Estados Unidos y Europa, de cómo encarar el tema de las drogas?

RS.- La experiencia del proceso de reflexión y evaluación de Naciones Unidas demuestra que los tres espacios tienen percepciones, políticas y presupuestos distintos y, por supuesto, tienen influencias distintas sobre este tema. En el caso de América Latina es de lamentar que el protagonismo político y diplomático de la década de los ’90 ha sido sustituido por una situación que en términos diplomáticos es de absoluta vaguedad y ambigüedad, en los discursos, en las políticas y una absoluta dependencia de los presupuestos internacionales. Curiosamente en el plano doméstico, es donde encontramos diversas experiencias interesantes de reforma, que han sido precisamente objeto de la conferencia.
 
JZ.- ¿Cuáles?

RS.- A ver, en lo constituyente tenemos los casos de Ecuador y Bolivia. En Bolivia levantando el status de recurso natural renovable cultural a la hoja de coca para el pueblo boliviano. En el caso del Ecuador la nueva Constitución, de 2008, plantea que los asuntos de drogas no son de interdicción sino asuntos de mera salud pública y que en ningún caso los poseedores ni los consumidores van a ser criminalizados. En el caso constituyente, teniendo ya muy lejana la experiencia del año ‘94, de la Corte Constitucional Colombiana, tenemos sin embargo, la decisión de la Corte Suprema de Chinquina, que en junio del año pasado dio el fallo a Arriola, que levanta el caso de autonomía personal de las personas y los límites que tiene el Estado para interferir en los asuntos propios de la conciencia. En el caso legislativo tenemos actividad distinta y diversa: dentro de las experiencias de buenas prácticas obviamente el caso del Ecuador, que está conduciendo una reforma legal interesante en términos procesales, sustantivos y de ejecución penitenciaria. Lo mismo esperamos de la Argentina para los próximos meses, que se produzca como consecuencia del fallo de la Corte Suprema una modificación legislativa firme, que resguarde el principio de la proporcionalidad.

Brasil, Uruguay, son países que han incorporado en su legislación artículos con cierta reducción de daños. Curiosamente entre las prácticas ambiguas, tenemos el caso de la ley narco menudeo mexicana de agosto del año pasado, que si bien recoge aspectos interesantes como es el principio de reducción del daño, la separación entre fármaco dependiente y usuario y usuario problemático, la verdad es que mantiene una ambigüedad severa en torno a lo que se debe considerar posesión para el uso respecto al microtráfico y trafico. Lo que significa un grave riesgo para un país como México envuelto en una guerra contra las drogas.
 

JZ.-. En pocas palabras, podríamos decir, señor Soberón, que estos 30 años de lucha contra el narcotráfico y de las drogas en América Latina siguiendo una política dictada por el gobierno de los Estados Unidos, no es que vaya a cambiar; ya está cambiando.

RS.- Seguramente. América Latina se mueve a pasos lentos. Durante la Conferencia, la representante de WOLA mencionaba que mientras que la política exterior norteamericana es como un gran trasatlántico, que demora en girar de dirección, en el caso nuestro tenemos un conjunto de veleros, con poco combustible, no siempre con el mejor capitán, con una dirección errática, pero que sin embargo estamos viendo algunas experiencias puntuales interesantes que hay que recoger, fortalecer, monitorear y proteger, porque van en el camino correcto. Es decir, atacar causas estructurales y no cursos simbólicos, efectistas de guerras y cruzadas contra un flagelo que muestra su permanente capacidad de crearse y regenerarse.
 
JZ.- Permítame usted que le cuente una anécdota sin nombres por razones obvias, pero que es estrictamente cierta. Me decía hace muy poco tiempo atrás un ex Presidente de la República de América Latina, lo siguiente: ‘mira… si me preguntas sobre el tema de la despenalización de la droga como ciudadano, ahora fuera del gobierno, te digo, sí, esa es la única solución efectiva, real positiva que hay que implementar en el futuro. Ahora, si fuera Presidente seguramente tendría otro discurso.
Es decir, hay una clara diferencia entre estar al mando del Estado, del gobierno y estar fuera de él, al parecer, en América Latina. ¿Por qué se da esta dicotomía?

RS.- Pienso que los presos no votan, los campesinos no son políticamente un peso importante, salvo en el caso de Bolivia obviamente. Es por eso quizás que no es electoralmente rentable hablar de este tema. Sin embargo, nos damos cuenta que con ex funcionarios, como usted bien dice, los que normalmente se dan cuenta de las enormes contradicciones del discurso imperante, pero no son capaces de ponerlo en práctica cuando son funcionarios y ejercen responsabilidades. Tenemos Presidentes que fuman pero no aspiran, tenemos Presidentes que conocen pero que no adoptan decisiones concretas y claras en el camino correcto. Me temo que en América Latina tendrá que llegar el momento en que como bien se dijo en el evento: ‘las soluciones tendrán que ser en espacios pequeños, a escala local’. Se tardará mucho para que la Comunidad Internacional hable del tema de la despenalización en términos concertados y coherentes.

Habrá países, Portugal, Holanda, 14 estados en Estados Unidos, algunos países latinoamericanos que lo aborden, pero no de una manera concertada. Lo que sí vemos es que el movimiento político desde abajo hacia arriba, genera cambios importantes y esos son los cambios que estamos nosotros ayudando y promoviendo: alcaldes, jefes de policía, servicios de salud, partidos políticos, opinión pública, periodistas, escritores… en fin, que comienzan a tomar decisiones y a emitir opiniones. En este contexto, también tuvimos la presentación en el Perú y en la Región Andina del informe de los ex presidentes de la Comisión Drogas y Democracia, el Doctor Diego García Sayán, actual presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien nos dio una conferencia en la cual básicamente plantea pues, primero, el fracaso de lo que se ha hecho hasta ahora y segundo, la necesidad de abrir paradigmas, el diálogo, abrir debates sin temor.

Ahora bien, si me permite un último comentario, recojo las palabras de un participante quien decía, “el problema de los que piensan que el tema de las drogas se da entre prohibición y legalización es que piensa que solo existe, o blanco o negro. Y en realidad en materia de políticas públicas de drogas debemos considerar una serie de matices de gris, que nos permitan entrar a mercados regulados, a niveles administrativos de control, a un sistema de información. Y por último también un sistema penal puntual y concreto que sea eficaz contra el crimen organizado.

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