La OMS y el prohibicionismo

17 Febrero 2003
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La década de los noventa ha supuesto el inicio de un periodo de cuestionamiento a la política de drogas impulsada desde Naciones Unidas.

La función de la OMS, en tanto que entidad encargada de la salud de la población mundial, es la de hacer recomendaciones sobre la clasificación de sustancias específicas en las diferentes listas establecidas por las convenciones de 1961 y 1971.

Ante la evidencia de las nocivas consecuencias para la salud pública de las políticas de drogas en curso, la OMS lleva años intentando hacer valer los argumentos de la reducción del daño con base en consideraciones meramente sanitarias. Con este fin, la OMS ha iniciado en varias oportunidades estudios científicos, y ha tratado de abrir la discusión sobre la necesidad de revisar la clasificación de la coca y del cannabis.

Desde la perspectiva de esta organización, la actual distinción entre sustancias legales e ilegales no tiene fundamentos. Esta posición le ha creado un enfrentamiento permanente con el sistema del control de drogas. En la medida en que su objetivo central es la salud humana, la OMS habla de "sustancias psicoactivas, incluyendo el alcohol y el tabaco", siendo estas dos últimas un mayor motivo de preocupación para la OMS que las sustancias ilícitas establecidas en los convenios sobre drogas. Según estimaciones estadísticas de la OMS, mientras el alcohol y el tabaco causan un 6,1% de pérdida de años de vida sana (medido en AVADs, años de vida ajustados en función de la discapacidad), todas las drogas ilícitas en su conjunto causan un 0,6%.

El Proyecto Cocaína

En 1992, la OMS inició un programa de estudio sobre la cocaína, financiado por el gobierno italiano, con la participación de renombrados investigadores profesionales. Las conclusiones de esta investigación, -el estudio más amplio realizado hasta el momento sobre el uso de la cocaína y otros derivados de la coca-, fueron inesperadas, hasta el punto de que los funcionarios estadounidenses en Naciones Unidas hicieron todo lo posible para evitar la publicación del estudio.

Entre sus conclusiones se afirma que la mayoría de los países participantes están de acuerdo en que el uso ocasional de la cocaína no conduce necesariamente a trastornos sociales o físicos graves y ni siquiera a otros de menores proporciones. En todos los países participantes las afecciones relacionadas con el alcohol y el tabaco son mucho más serias que las causadas por el uso de la cocaína. En cuanto al uso de la hoja de coca, revela que no tiene efectos negativos para la salud, y en cambio tiene funciones terapéuticas, sagradas y sociales positivas para las poblaciones indígenas de los Andes.

Según el estudio, la propuesta de una erradicación total del uso de la cocaína no es realista, y tiene más sentido intentar reducir el consumo nocivo de la droga. Igualmente, insiste en la necesidad de reevaluar los efectos negativos de las actuales políticas y de desarrollar enfoques innovadores.

EEUU declaró que el programa estaba mal encaminado y acusó a la OMS de estar asociada con grupos pro-legalización. Además se amenazó a la OMS con un recorte de fondos si sus actividades relacionadas con las drogas no servían para fortalecer los actuales enfoques prohibicionistas.

Los investigadores participantes en el proyecto insistieron en la seriedad del trabajo realizado, reconociendo que, efectivamente, los resultados se oponían totalmente a la imagen demonizada que se tiene de la cocaína.

El Proyecto Cocaína de la OMS -dos años de trabajo, más de 40 investigadores y consejeros, cientos de páginas informativas con hechos y percepciones valiosas sobre la coca y la cocaína - terminó en la hoguera.

El Proyecto Cannabis

En ese mismo período la OMS reunió a un equipo de científicos para iniciar un estudio sobre las implicaciones para la salud del uso del cannabis. Uno de los temas acordados para la investigación era el de establecer una comparación de las consecuencias del uso del alcohol, el cannabis, la nicotina y el opio en la salud física y mental de los consumidores.

El informe, publicado en agosto de 1995, concluyó que, en las sociedades occidentales, el cannabis es menos dañino para la salud pública que el alcohol y el tabaco. Nuevo motivo de controversia. En la versión final del informe, publicada en 1997, se eliminó la parte relativa a esta comparación por considerársela más especulativa que científica.

Si los Estados pertenecientes a la ONU y los organismos dedicados al tema de las drogas en el interior de ésta aprovecharan el próximo encuentro de abril del 2003 en Viena para debatir abiertamente el dilema de las drogas, una entidad como la OMS estaría en mejor posición de promover el argumento sanitario a favor de un cambio en el actual régimen de control de drogas.