La verdad te hace un paria

01 Noviembre 2007
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La retirada de las críticas contra Bush por parte de los demócratas californianos demuestra que el Congreso raras veces actúa con coraje al menos que millones de personas tomen las calles.
Cuando el demócrata de California Pete Stark en voz alta y osada dijo la verdad acerca del presidente Bush y los republicanos del congreso, los niños e Irak, se convirtió automáticamente en un paria. Bush vetó la ley para la salud pública infantil y los republicanos en la Cámara reafirmaron la decisión del presidente. Basta, dijo Stark. En su décimo octavo período representando a East Bay en San Francisco, el consuetudinario defensor de los niños desató su furia en la Cámara el 18 de Octubre. “No tienen dinero para financiar la guerra ni a los niños,” Stark acusó a los republicanos. “Pero van a gastarlo masacrando gente inocente si podemos lograr que suficientes niños crezcan lo necesario como para que ustedes los envíen a Irak a que les revienten la cabeza para diversión del presidente”. Incluso los, usualmente indiferentes, asistentes a un espacio saturado de chismes, prestaron atención. “A ellos (los republicanos) no les importa seguramente encontrar $200 billones para continuar la guerra ilegal en Irak. ¿De dónde ustedes van a sacar ese dinero? ¿Nos van a decir mentiras semejantes a las que nos han dicho hoy? ¿Es así como van a financiar la guerra?” Continuó Stark: “Las declaraciones del presidente Bush acerca de la salud pública infantil no deberían ser tomadas más en serio que sus mentiras acerca de la guerra en Irak. La verdad es que a Bush simplemente le gusta destruir. En Irak, en Estados Unidos y en el congreso”. La presidenta del cuerpo legislativo, Nancy Pelosi fue predecible al halarle las orejas a Stark. “Si bien los miembros del congreso suelen ser apasionados acerca de sus puntos de vista, lo que el congresista Stark dijo durante el debate es inapropiado,” lo amonestó Pelosi, “y es una distracción con respecto al tema en cuestión -- proporcionar salud pública a los niños norteamericanos.” Pelosi dijo que Stark había dado a los republicanos un mecanismo de distracción capaz de debilitar la posición ganadora del popular proyecto de ley de salud para niños: irresponsable. Todos los demócratas admiten que su victoria del 2006 en ambas cámaras significaba que el nuevo congreso terminaría la guerra y salvaría los andrajos de la bandera republicana. Bush ha violentado la constitución al usurpar el derecho a torturar (“combatientes enemigos”), intervenir (teléfonos de “presuntos terroristas”) e ignorar (las leyes del congreso). En respuesta los demócratas se quejan, pero su inacción ha legitimado de manera implícita su poder para ganar terreno. Así que la cólera de Stark, como la proverbial punta del iceberg, oculta pecados -- y peligros-- más profundos. El congreso ha aceptado de forma implícita y explícita la guerra de Bush y su postura agresiva. En cada sesión legislativa los miembros le entregan más fondos para financiar la guerra --en Irak y Afganistán--y cifras cada vez mayores para la “defensa”. Tengan cuidado con la “bomba de demolición” en el nuevo presupuesto que los halcones del Pentágono intentan usar en la guerra. La Casa Blanca ha advertido ya al congreso que planea pedir fondos adicionales para su “guerra global al terror.” Pocos miembros osan cuestionar tan absurdas peticiones. Al-Qaeda está oculto en Irak, aduce Bush, y según su lógica, ¿eso quiere que necesitamos más dinero para seguirlos obligando a ocultarse? A fines de octubre, Bush pidió al congreso $196.4 billones para el presupuesto 2007-8 contra el terrorismo, $25 billones más que el año pasado. El Pentágono quiere $481 billones adicionales. El congreso probablemente accederá al pedido de este presidente fracasado a pesar de sus pobres resultados en los sondeos de aceptación, y seguirán concediéndole --dada su incompetencia y señorío imbeciloide--inigualados poderes ejecutivos. Hace 46 años, el presidente Eisenhower advirtió acerca de lo que ha llegado a ser, de manera silenciosa pero de todos conocida, el contexto tanto del creciente poder de Bush como del exabrupto de Stark: cada uno de los 435 distritos congresionales tiene vínculos con la esfera militar, a través de las bases militares o de la producción de algún elemento dentro del presupuesto de “defensa”. La élite norteamericana no tomó en cuenta la fuerza del complejo militar-industrial-científico-constructivo-ingenieril. Se ha convertido en el sine qua non de la economía nacional. ¿En ausencia de ese marco, se habrían atrevido los republicanos a exigir a Stark que se disculpara? En realidad, Stark dijo inicialmente que los republicanos deberían disculparse por no ser capaces de proporcionar los votos suficientes para impugnar el veto de Bush. Críticos de ambos partidos regañaron a Stark por acusar a Bush de mentir y de matar a nuestras nobles tropas por propia satisfacción. Bush es un hombre serio. Sólo tres días antes de ordenar a las tropas norteamericanas la invasión de Irak aseguró al mundo: “La inteligencia no ha dejado duda. Irak sigue poseyendo y ocultando algunas de las armas de destrucción masivas más letales jamás fabricadas.” Con discursos de tamaña seriedad, Bush ha enviado a más de 4000 norteamericanos --soldados y mercenarios--a la muerte; casi 30 000 heridos. Pero en julio del 2005, Bush -- ¿el verdadero Bush?--hizo reír al público cuando pretendió buscar las perdidas Armas de Destrucción Masiva tras el mobiliario o bajo el sofá -- “aquí no” seguido de risas-- o tras el escritorio en la Oficina Oval. “Vaya, aquí tampoco.” Los periodistas invitados a cenar se carcajearon ante el humor del presidente. Nadie se rió del alboroto de Peter Stark. Irónicamente, el sentimiento público se ocultaba detrás de su cólera. No hay nada de cómico en el caprichoso sacrificio que Bush hace de las vidas, el dinero y la reputación norteamericanos en Irak. Bush ha hecho a Irak y al mundo más peligroso. Más de dos millones de refugiados iraquíes han escapado a otros países; otros dos millones se han visto desplazados dentro del país. La tasa de desempleo iraquí ha fluctuado alrededor del 70%. El número de iraquíes muertos y heridos desafía hoy en día a las estadísticas --se encuentra entre 600 000 y un millón. Bush arguye que la guerra ha costado sólo 30 000 vidas iraquíes. Pero Iraq Body Count que monitorea escrupulosamente las fuentes públicas, pone el número de bajas en 80 000. Un estudio de la Johns Hopkins realizado en julio del 2006 que utilizó numerosos datos domésticos, estimó las pérdidas en el rango de la 600 000. El equipo del Just Foreign Policy puso al día la cifra en más de un millón de bajas. Cálculos finales en pérdidas materiales pudieran alcanzar los 2.6 trillones según cálculos del National Priorities Project a partir de estimados de la Oficina de Presupuesto del Congreso. (http://www.nationalpriorities.org/index.php?option=com_content&task=view&id=297&Itemid=7) A la luz de esas cifras, ¿a qué vienen las puntillosas precisiones que la presidenta Pelosi hizo a Stark? Sólo Bárbara Lee (Oakland) proporcionó una cuidadosa defensa. “Los republicanos están desesperados por desviar el tema de la cuestión real, que es una ocupación que nos ha costado casi medio trillón de dólares, y cuyo fin no se prevé,” dijo. “Ese es aquí el verdadero asunto, y los republicanos, y el presidente están desesperados por evitarlo”. ¿Acaso no recuerdan los demócratas lo que los republicanos evasores del reclutamiento hicieron en el 2004? Llamaron cobarde al senador Max Cleland, un parapléjico que perdió sus miembros combatiendo en Vietnam. Y también denigraron a John Kerry. ¿Reglas diferentes? Cuando los demócratas dicen la verdad a una administración que la historia registrará como una de las más codiciosas y corruptas, sus propios líderes los sermonean y los llaman mal educados. La presidenta Pelosi no dice lo que ella y otros demócratas liberales probablemente piensan: “Nadie debería tratar a George Bush con respeto. No se lo ha ganado con sus mentiras y engaños en los asuntos de mayor seriedad, por su despliegue irresponsable de tropas y su destrucción de Irak, por haber colocado corruptos incompetentes a la cabeza de varias ramas administrativas”. El 23 de octubre, Pete Stark pidió disculpas a sus “colegas, a muchos de los cuales he ofendido, al presidente, a su familia, a las tropas”. Sus disculpas, dijo, lo volverán posiblemente “tan insignificante como debo ser y seremos capaces de volver a los asuntos que podamos resolver”. Como por ejemplo, no terminar la guerra o no recortar el presupuesto militar o refrenar el abuso que Bush hace de la constitución. En toda justicia, el congreso raras veces actúa con coraje al menos que millones de personas tomen las calles -- y se queden allí; no frente a las pantallas de sus televisores o computadoras.