Libby y Posada: 2 caras de una mala moneda

17 Julio 2007
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¿De qué manera coincide la conmutación de la sentencia a prisión de I. Lewis "Scooter" Libby, ex jefe de personal del Vicepresidente Dick Cheney, con la puesta en libertad de Luis Posada Carriles, el ex máximo terrorista del Hemisferio Occidental, por decisión de un juez federal? Respuesta: Tanto el conmutado como el puesto en libertad se podían haber ido de lengua acerca de conspiraciones criminales con participación de poderosos funcionarios. Es más, Libby sabía que Cheney conspiró con Bush para coordinar mentir al público --Irak tenía ADM y vínculos con al Qaeda-- y tratar de suprimir información que lo desmentía. Cheney autorizó hacer pública la identidad de la agente encubierta de la CIA Valerie Plame para mostrar de qué manera él podía castigar a los que se desmentían sus mentiras. El embajador Joseph Wilson, esposo de Valerie Plame, dijo que la historia preferida de Cheney de que Saddam Hussein estaba tratando de comprar torta amarilla de uranio a Níger era una tontería. En junio, un Bush raras veces compasivo se quejó de que la sentencia a Libby era “excesiva” y eliminó la condena de más de dos años cárcel, dejándole que pagara una multa de $250 000 dólares --cubierta la mayor parte por contribuciones de sus “amigos”-- y un período probatorio sin sentido. Como gobernador de Texas (1994-2001) Bush se negó firmemente a conmutar sentencias de muerte a hombres cuyos abogados se habían dormido durante partes claves de los juicios. ¿“Conservadurismo Compasivo” significa que la compasión es solo para conservadores que saben algo de uno? Libby mintió acerca del asunto Plame y obstruyó la justicia --es decir, encubrió mentiras mayores dichas por Bush y Cheney acerca de las razones para invadir a Irak. Posada también mintió acerca de asuntos migratorios no relacionados con su plan de 1976 para sabotear un avión cubano de pasajeros, después de cumplir un corto tiempo en la cárcel. Detrás de ambos casos hay un secreto sucio: los acusados podrían implicar a personajes encumbrados si Bush no los libraba de la justicia. Antes de que Libby se convirtiera en el predilecto de Cheney, ya había transitado por el mundo de las amnistías y del tráfico de influencias. Irónicamente, los republicanos señalaron la amnistía otorgada por Clinton al financiero norteamericano Marc Rich, oculto de la justicia en Suiza, cuando los demócratas se quejaron de “clemencia” concedida por Bush a Libby. ¿Olvidaron que Libby era el abogado de Rich, que fue el hombre clave responsable de obtener la amnistía de Clinton en enero de 2001? El entonces primer ministro israelí Ehud Barak e importantes políticos israelíes como Shimon Peres y Ehud Olmert telefonearon a Clinton para pedir su indulgencia. El ex jefe del Mossad Shabtai Shavit “alabó a Rich por ayudar ‘en el rescate y evacuación de judíos de países enemigos y en la búsqueda de soldados israelíes desaparecidos. Funcionarios israelíes también alabaron a Rich entregar $400 000 en 1984 que se usaron por Egipto como compensación después del asesinato de turistas israelíes por un policía egipcio en el desierto de Sinaí”. (Michael Dobbs, Washington Post, 24 de febrero de 2001.) En 1983, el agresivo Rudy Giuliani, Fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, presionó para que Rich cumpliera su condena a prisión por crimen organizado. En 2001, el Alcalde Giuliani de Nueva York, que aún no era aspirante a la presidencia, se “escandalizó de que el presidente de Estados Unidos fuera a amnistiar” a Rich. Pero en junio de 2007, el aspirante Giuliani a la presidencia alabó la conmutación hecha por Bush. “Creo que la condena estaba totalmente injustificada”, ¡Ah, los principios!” Sin embargo, ningún funcionario importante de ninguno de los partidos sugirió que Bush amnistiara a Luis Posada Carriles, conocido como el Osama bin Laden del Hemisferio Occidental. ¿Qué podría hacer el Departamento de Justicia con este hombre? En 1973 Washington firmó el Acuerdo de Montreal que obliga a los países a juzgar a los terroristas de aviones o a extraditarlos. Venezuela ha solicitado la extradición de Posada por la voladura en 1976 de un avión comercial cubano sobre Barbados. Posada planeó el atentado en Caracas. Todo fiscal recuerda las palabras de Bush el 21 de noviembre de 2001: “Si dan refugio a un terrorista, son terroristas. Si entrenan o arman a un terrorista, son terroristas. Si alimentan a un terrorista o financian a un terrorista, son terroristas, y se les pedirá cuenta”. Lo que Bush no dijo fue: “esto no se refiere a ‘nuestros terroristas’.” En febrero de 1961 Posada se hizo miembro de la Brigada 2506, la unidad de los exiliados cubanos de la CIA que invadieron a Cuba en el mes de abril de ese año. Posada pertenecía a un grupo especial que la CIA había designado para “limpiar” a los seguidores de Castro --después de su supuestamente exitosa invasión. Este cuerpo Waffen SS de exiliados cubanos incluía a los hombres más brutales y sanguinarios, según la categorización de la CIA. Así que no desembarcó en Playa Girón con el resto de la Brigada. Posteriormente Posada ingresó al ejército, recibió entrenamiento en espionaje y demolición y pasó a la CIA en 1965, “como fuente información acerca de las actividades de los exiliados cubanos”. La CIA mantuvo estrechas relaciones con Posada (1967-1974) mientras subía en la inteligencia venezolana, DISIP. La CIA entreno, financió y alimentó a Posada, quien incluso indirectamente avisó a la CIA de sus planes para la voladura de un avión cubano sobre Barbados en 1976. Agentes del FBI entrevistaron a Posada y a otros sospechosos en Caracas y llegaron a la conclusión de que “Posada estaba hasta los ojos” en el plan del sabotaje. (Entrevista con el ex Agente Especial del FBI L. Carter Cornick, quien interrogó a Posada.) Dada la documentación acerca del papel de Posada en ese asesinato en masa y su alarde ante los reporteros de The New York Times Anne Bardach y Larry Rohter de las bombas puestas en Cuba --evidentes actos de terrorismo--, gran parte del mundo de las leyes esperaba que el Departamento de Justicia acusara al hombre de terrorismo después de que ingresó ilegalmente a Estados Unidos en 2005, o si no lo deportaría a Venezuela, que había solicitado su extradición. En su lugar, el Departamento de Justicia acusó a Posada de mentir a funcionarios norteamericanos durante entrevistas y para su solicitud de naturalizarse como ciudadano de EEUU. La Jueza de Distrito de EEUU Kathleen Cardone dictaminó que el gobierno había manipulado su entrevista con Posada y luego la utilizó como pretexto para acusarlo de un delito. La jueza acusó a los acusadores de usar tácticas “groseramente escandalosas” para presentar su caso. (AP, 5 de junio de 2007.) Al igual que Libby, las conexiones políticas de alto nivel de Posada se aterraron. Los enredos oficiales con la familia Bush y este terrorista comenzaron en 1985, cuando funcionarios norteamericanos ayudaron a Posada a “escapar” de una prisión venezolana. El hombre que dirigió la ilegal guerra de los contras de la década de 1980, el Tte. Cnel. Oliver North, del Consejo de Seguridad Nacional, anotó en su diario --hecho público durante las audiencias del Senado--: “JMC $50K.” Esto se refería al soborno pagado por alguien con las iniciales JMC a las autoridades carcelarias venezolanas para la “fuga” y el auto que esperaba y el avión que lo llevó a El Salvador, donde un funcionario salvadoreño recibió al fugitivo con falsos documentos de identidad. El oficial de la CIA Félix Rodríguez organizó esa parte de la operación. El entonces Vice Presidente George H.W. Bush desempeño un papel clave como supervisor en el suministro a los rebeldes contras para su guerra ilegal contra el gobierno nicaragüense. El propio Reagan autorizó esa acción encubierta. Posada trabajó con Oliver North y el General (ret.) Richard Secord en la operación dirigida por la Casa Blanca para suministrar a los contras. En octubre de 1986, un misil antiaéreo sandinista derribó un avión de suministros y puso la operación al descubierto. Posada se convirtió entonces en jefe de seguridad del presidente salvadoreño José Napoleón Duarte, lo cual requería la aprobación de funcionarios norteamericanos que sabían que Posada había derribado el avión comercial cubano. En 1990, un año después de que Duarte dejara la presidencia, Posada se convirtió en jefe de seguridad del presidente guatemalteco Vinicio Cerezo. Nuevamente la CIA y el Pentágono desempeñaron importantes papeles en un país cuyo destino ellos habían alterado por medio de un golpe militar en 1954. En 1992 el FBI investigó el escándalo Irán-Contra e interrogaron a Posada en la embajada norteamericana en Honduras. Posada, que se recuperaba de una herida de bala en la mejilla, contó al Buró las estrechas relaciones de Félix Rodríguez con Donald Gregg, asesor de seguridad nacional de Bush. El FBI llegó a la conclusión de que Posada sabía que “Rodríguez siempre estaba llamando a Gregg” porque él “pagaba la cuenta de teléfonos de Rodríguez”. (Robert Parry, Historia perdida: contras, cocaína, la prensa y el Proyecto Verdad.) Funcionarios de la administración Reagan también ayudaron a Orlando Bosch, el compinche de Posada en el sabotaje al avión cubano. En 1989-90 el embajador norteamericano a Venezuela Otto Reich, un cubano anticastrista con fama de mentiroso, convenció al Presidente Bush, en contra de la firme opinión del Servicio de Inmigración (INS) y del Departamento de Justicia, que permitiera a Bosch regresar a Estados Unidos. Bosch, un terrorista de estatura mundial, recibió “refugio”. El hijo menor de Bush, Jeb --más tarde gobernador de la Florida-- menospreció la advertencia del INS y convenció a su padre. Para 1994 Posada se había recuperado de una herida de bala que pistoleros desconocidos le hicieron en la mejilla en Guatemala. Reanudo su vocación: asesinar a Castro. Fidel planeo una visita a Cartagena, Colombia. Posada y sus compinches le esperaban con un fusil de francotirador. Sin embargo, las fuerzas de seguridad de Fidel burlaron a los entusiastas asesinos. (Miami Herald, 7 de junio de 1998.) Luego de fracasar en sus intentos por asesinar a Fidel --las fuerzas cubanas de seguridad aseguran que hubo más de 625 intentos por separado, muchos de ellos con apoyo de la CIA-- Posada dirigió su atención a sabotear la economía cubana. En 1997, con el dinero y la bendición de Miami, contrató a salvadoreños hambrientos de dinero para que plantaran bombas en sitios turísticos de La Habana. Una explosión mató a un turista italiano. Las autoridades cubanas capturaron más tarde a dos salvadoreños que nombraron a Posada como su jefe y pagador. Bajo el alias de SOLO, Posada les hacía transferencias de dinero. Posada cojea por los bulevares de Miami, a veces con su antiguo compinche Orlando Bosch. Libby camina por las calles de Washington. Bush continúa su vacía perorata contra el terrorismo. Ambos terroristas geriátricos deben reír ante esas adustas expresiones faciales y las amenazantes palabras: “Si dan refugio a un terrorista,…”