Llegó la hora de un marco realista para la fiscalización de drogas

Algunas reflexiones sobre el discurso inaugural del director ejecutivo de la ONUDD
24 Marzo 2011
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Es hora de afrontar que la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes está obsoleta, es imposible de enmendar y ha perdido su integridad.

En su discurso inaugural del 54º período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes, el director ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), Yury Fedotov, se mostró en desacuerdo con las voces críticas que señalan que la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes está obsoleta, pero instó a la comunidad internacional a revitalizar dicha convención. La afirmación del señor Fedotov es un tanto desconcertante: si la convención no está obsoleta, uno se pregunta por qué se debe revitalizar.

El quincuagésimo aniversario de la Convención Única es un momento muy oportuno para empezar a plantear una reforma de los tratados, apunta el Transnational Institute (TNI) en un informe escrito para la ocasión: Fifty Years of the 1961 Single Convention on Narcotic Drugs: A Reinterpretation. Repasando la historia de la Convención Única, el informe demuestra claramente que el inmerecido halo de sagrada inmovilidad que envuelve en estos momentos el actual marco de tratados de la ONU está desfasado y es incoherente.

La Convención Única de 1961 no alcanzó uno de sus propósitos originales de convertirse realmente en la 'única' convención que trataba todas las cuestiones relacionadas con drogas que preocupaban a la comunidad internacional. En 1971 y 1988 se necesitaron otras dos convenciones para completar el actual sistema de fiscalización de estupefacientes, dando lugar así a más incoherencias.

El hecho de que el señor Fedotov exhorte a revitalizar una convención que no está obsoleta es curioso, pero reconoce, al menos, que se necesita cierta modernización. Sin embargo, las posibilidades de que la convención se pueda modernizar acusaron un duro golpe el pasado 31 de enero de 2011, cuando 18 países se opusieron a la propuesta de enmienda de Bolivia para eliminar la obligación de abolir la masticación de la hoja de coca de la Convención Única de 1961.

La prohibición que pesa sobre esta práctica en la Convención Única es el ejemplo más evidente de lo desfasada que está, como demuestra el TNI en otro de sus informes: El retiro de la prohibición de la masticación de la coca: Propuesta de Bolivia para modificar la Convención Única de 1961. La decisión de prohibir la masticación de la hoja de coca se basa en un anticuado informe de 1950, elaborado por la Comisión de Estudio de las Hojas de Coca de la ONU y que, si se escribiera hoy en día, avergonzaría a cualquier científico o responsable de políticas por su contenido abiertamente racista.

A pesar de ello, la decisión de proscribir la masticación de la coca, basada en ese informe, sigue en vigor en nuestros días. Desde entonces, no se ha emprendido ningún estudio científico de revisión que cuente con el respaldo oficial de un organismo de la ONU. Incluso Estados Unidos, principal opositor de la propuesta de Bolivia, afirma ahora que respeta “la cultura de los pueblos indígenas y reconoce que la masticación de la coca es una costumbre tradicional en la cultura boliviana”, una afirmación que no es coherente con la convención y el informe de 1950.

La decisión de no apoyar la propuesta de modificación de Bolivia “se basa en la importancia de mantener la integridad de la Convención de 1961, que constituye un instrumento importante para la lucha mundial contra el tráfico de drogas”, según la objeción presentada formalmente por Estados Unidos. Es difícil imaginar una 'señal más negativa' con respecto a la integridad del sistema de tratados, viniendo de países que supuestamente lo están protegiendo. Básicamente, lo que los detractores de la propuesta le están diciendo a Bolivia es: “la masticación de la hoja de coca no nos supone ningún problema, pero preferimos que sigáis contraviniendo la convención en lugar de intentar cambiarla siguiendo los procedimientos establecidos”.

Según los países objetores, la importancia de defender la 'integridad' del sistema de tratados de control de drogas se impone a la evidente violación de los derechos indígenas consagrados en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas de 2007. Tras esta postura, se esconde el temor de que dar luz verde a que se adopte la enmienda de Bolivia suponga abrir una caja de Pandora. Desde esta perspectiva, la Convención Única es algo sacrosanto, inamovible, y permitir cualquier cambio, por pequeño que sea, podría poner en peligro todo el sistema de control.

Durante la última década, las diferencias sobre la eficacia del sistema de control de drogas se han ido acentuando y han empezado a romper el consenso internacional al respecto, como señala el TNI en El desarrollo de la fiscalización internacional de estupefacientes: Lecciones del pasado y desafíos estratégicos para el futuro. La ideología de la tolerancia cero cada vez se ve más cuestionada por visiones que apuestan por la descriminalización, la reducción de los daños y la integración de los principios de los derechos humanos en el sistema de fiscalización de las drogas. En los últimos años, además, las ventajas que conllevaría un mercado legal regulado para el cannabis han sido aceptadas como parte del debate dominante sobre un modelo de control más eficaz.

Todos éstos son indicios evidentes de que el sistema de control de drogas de la ONU necesita un cambio. Sin embargo, la cuestión es que nos encontramos con una convención obsoleta, que no se puede modificar y que ha perdido su integridad. Al adoptar medidas de descriminalización y reducción de los daños, varios países han iniciado ya una 'deserción blanda' del modelo represivo de la tolerancia cero. Si no es posible revitalizar el sistema, cada vez serán más los países que se enfrentarán al mismo dilema que Bolivia: retirarse de una o todas las convenciones de control de drogas de la ONU y volver a adherirse a ellas con una reserva. Esto transformaría las convenciones en una cáscara vacía.

El próximo año, en 2012, el mundo celebrará los cien años del sistema internacional de control de drogas. Hace casi un siglo, el 23 de enero de 1912, un pequeño grupo de países puso en marcha ese sistema con la firma de la Convención Internacional sobre el Opio de La Haya. Lo que el mundo necesita es otro pequeño grupo de países que esté dispuesto a revitalizar el sistema: reconocer que el actual marco de tratados ya no se adecua a la finalidad para la que fue creado y poner en marcha su necesaria reforma concibiendo las líneas maestras de un nuevo marco jurídico para el próximo siglo, basándose en las muchas lecciones aprendidas durante estos últimos cien años.