Los Informes de la ONU-SIMCI, y la JIFE de 2004 dejan sin piso la fumigación

17 Junio 2005
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Se confirma la tendencia aritmética en la perdida de efectividad de la fumigación para disminuir los cultivos ilícitos

Análisis de Alberto Rueda, Ex-asesor del Ministro Sabas Pretelt de la Vega en el capítulo colombiano de la lucha mundial contra las drogas ilícitas

De acuerdo al informe de ONU-SIMCI de 2004 dado a conocer hoy en rueda de prensa por la ONU-UNODC en Viena y Colombia, sobre los resultados de los censos de coca en la región andina y Colombia en 2004, se consolida la pérdida de la efectividad de la fumigación aérea como herramienta para disminuir los cultivos ilícitos.

La ecuación 'fumigación aérea versus la disminución de los cultivos ilícitos' es inversamente proporcional: en 2002 hubo una reducción del 30%, en 2003 del 16% y en 2004 del 7%. Y estas reducciones se dan a pesar de que en estos tres últimos años se han alcanzado las cifras record de fumigación año a año, por encima de las 130 hectáreas anuales fumigadas. Esta evidente y dramática pérdida de efectividad de la fumigación se consolida cuando en 2004 se fumigaron cerca de 140.000 hectáreas y se logró una disminución de apenas 6.000.

Tal como se lo había previsto al Ministro Sabas Pretelt de la Vega el año pasado, cuando me desempañaba como su asesor, en la infinidad de memorandos y conversaciones que tuvimos sobre el particular, era necesario hacer una revisión urgente de la estrategia de la fumigación aérea, como herramienta para combatir los cultivos ilícitos, pues de lo contrario el año 2004 iba a ser peor en resultados que 2003.

Se confirma entonces, sin ninguna duda, la tendencia aritmética en la perdida de efectividad de la fumigación para disminuir los cultivos ilícitos. La fumigación aérea entró en la pendiente de los rendimientos marginales decrecientes. Por ello me sorprendió que el gobierno solicitara al Gobierno de los Estados Unidos 130 millones de dólares adicionales para incrementar la flotilla de fumigación. Meterle un centavo más a dicha estrategia sería un error garrafal.

La lectura de lo que está sucediendo se evidencia en la gráfica de fumigación vs. disminución de cultivos (actualizándola a 2004). Y no la de reducción desde 2001 que no aporta mayor análisis, y sesga los resultados.

Graph: Sprayed areas and coca crops reduction comparison

Esta situación de ninguna reducción -según la CIA - o solo una marginal reducción de los cultivos de coca -de acuerdo al informe de SIMCI-ONU de 2004 -, a la luz del esfuerzo económico y logístico tan impresionante, ha generando discusiones serias al interior de las agencias de los EEUU. Para la Narcotics Affairs Section -NAS, de la Embajada de los EEUU en Colombia, y la Policía Nacional, por ejemplo, la efectividad de la fumigación está alrededor del 90% (donde cae, mata el 90 % de las matas), mientras que para la CIA no hay efectividad en la fumigación. La llave de interpretación de esta discrepancia está en que para la NAS la efectividad se refiere al porcentaje de mortalidad de las matas fumigadas, que es según ellos del 90%, pero elude el problema de fondo de la baja reducción de los cultivos ilícitos. En cambio, para la CIA, la efectividad se entiende como reducción neta de los cultivos ilícitos, que según ellos ha sido casi nula este año, y lo explican con el hecho de que no toda la fumigación cae sobre coca. Y lo que dice la CIA tiene sentido. En las imágenes que yo conocí desde el Ministerio, como representante del Ministro en el Convenio SIMCI II, pude observar cómo las franjas de fumigación que entregaba la Policía antinarcóticos, al sobreponerlas sobre los mapas satelitales de los lotes de cultivos, caían también sobre bosque primario o secundario y pastos. Es decir, que la contabilidad de hectáreas fumigadas no incluye solo coca, sino que hay también un porcentaje de fumigación de otras coberturas. Esto sucede por la dificultad técnica de abrir y cerrar el chorro de glifosato en pleno vuelo en lotes vecinos. Es más fácil hacer líneas continuas de fumigación, lo que corroboraría una base técnica de sustento a las quejas de fumigación de la comida de los campesinos y otros cultivos.

Pero el Gobierno nos distrae al sumar los datos de los últimos 4 años y afirmando que los cultivos se han reducido en cerca de un 50%. Esta no es la aproximación adecuada para entender la dinámica ni lo que realmente está pasando en el país. No es lo mismo la reducción del 40% de los cultivos de coca de 2000, 2001 y 2002, y la reducción de 2003 y 2004, debido a que si bien son reducciones, estos dos períodos responden a realidades totalmente diferentes. Hasta 2002 se encontraban cultivos industriales de gran tamaño y era fácil destruirlos. Hoy la respuesta a la fumigación ha sido el incremento de pequeños lotes y abandono total de los grandes cultivos. Estas tendencias del tamaño de los lotes las han venido explicando los informes de UNO-SIMCI. Veamos entonces estos dos períodos: En los primeros tres años, de 2000 a 2002, se fumigaron un total de 280.000 hectáreas y hubo una reducción de 61.000 ha. de cultivos de coca; en el segundo período de dos años - 2003 y 2004 -, con una presencia mayoritaria de lotes pequeños y con roughly la misma cantidad de hectáreas fumigadas (272.000), hubo una reducción apenas alrededor de 20.000 ha, es decir, la tercera parte del periodo anterior.

Esto significa además una duplicación del costo económico de la fumigación versus la disminución de cultivos. Le informé al ministro Sabas, que la reducción de una hectárea de coca en 2003 costaba alrededor de 5.250 dólares. Hoy reducir una hectárea con sólo fumigación esta por encima de los 11.000 dólares, lo que pone en serio riesgo la sostenibilidad de la fumigación por sus costos.

Definitivamente no son buenas noticias para Colombia, pero lo más grave es que el Gobierno se ha quedado estancado y sin respuestas frente a esta situación, y lo peor es que se pretende intensificar una estrategia, que está en caída libre, con la solicitud de 130 millones de dólares para aumentar la flota de fumigación. La fumigación no le está trayendo ningún beneficio a Colombia: los cultivos se desplazan a nuevas zonas, la fumigación los persigue afectando y aumentando el daño ambiental, la salud de los campesinos se deteriora y no deja de preocupar a largo plazo, todo esto en un círculo vicioso ad infinitum, donde los únicos beneficiarios son los contratistas y las empresas proveedoras de toda esta logística, desde el glifosato hasta los costosos mantenimientos de la flotilla aérea. La solicitud de 130 millones de dólares del Gobierno para una nueva base de fumigación solo agudizaría esta situación. Colombia no puede permitir más que sean las empresas proveedoras las que generen su estrategia de lucha contra las drogas.

A este difícil panorama, otro informe de la ONU de 2004, de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes JIFE-ONU señaló que: "al parecer se han introducido en Colombia variedades del arbusto de coca que se caracterizan por su alto rendimiento." Es decir, al momento que se obtengan resultados concretos, de los nuevos índices de productividad, podríamos predecir que estamos en la misma situación en la cual estaba el país al comienzo del Plan Colombia: el mismo fluido de drogas hacia los Estados Unidos y un robusto presupuesto de los grupos armados para la financiación del conflicto interno.

Toda esta realidad empieza a cuestionar seriamente los aparentes logros del Plan Colombia. Los resultados que los organismos internacionales revelan, son más que concluyentes, pues ya revelan tendencias ineludibles. No reconocerlo e imprimir las correcciones del caso, pueden generarle al país impredecibles y aún más difíciles consecuencias.