Nueva Orleáns -- casi 3 años después

10 Julio 2008
Article
El Barrio Francés vibra con sonidos y aromas de las vacaciones de primavera. ¿Había un equipo de rodaje filmando a los jóvenes de ambos sexos que con bebidas en la mano gritaban "vámonos de fiesta"? No. Los que celebraban se comportaban como tontos por cuenta propia, como acostumbran a hacer en Fort Lauderdale y en Cancún. Justo a la puerta del Club Hustler, dos mujeres de sonrisa forzada y algunos otros atributos estaban junto el voceador, tratando de atraer a los "fiesteros" para que entraran. "Fíjense en la presencia", señaló el voceador a los desnudos órganos reproductores de leche. Recordé vagamente aquella visión de cuando era un infante. Vimos a gente comprar drogas, fumar marihuana y gritar "vaya" y otros términos profundos. Algunos vomitaban en la calle, tropezaban, se caían y en generalmente se divertían muchísimo. Tom y Huck (Marvin y Saul) también deben haber participado en su juventud en muchas maravillosas fiestas como estas. Compartimos el elevador con cuatro muchachos universitarios que apestaban a alcohol. "Vengan con nosotros. No son tan viejos", nos invitó unote los jóvenes. "Tenemos más", dijo señalando a un vaso de cartón que contenía ron. "Y también tenemos en el cuarto lo que ustedes saben". Se llevó dos dedos a los labios e hizo un sonido como si chupara. Al día siguiente fuimos por el 9no. Distrito, actualmente una extensión de apariencia semi rural de calles vacías y perros callejeros. Entre casas abandonadas y solares yermos, oímos el sonido del viento y de los pájaros. ¡Verdaderamente bucólico! ¿Habría caído una bomba de neutrones? Hace casi tres años las casas vacías eran escenario de una vida social: la gente comía, se divertía, hacía tareas, tenía relaciones sexuales y discusiones familiares. Aproximadamente 225 000 personas abandonaron Nueva Orleáns cuando el huracán Katrina inundó casi todos los barrios de la ciudad en agosto de 2005. Una cifra considerable provenía del 9no. Distrito. Unas 1 800 personas murieron en las inundaciones; más tarde, otros cientos sucumbieron por dolencias relacionadas con el estrés. "El país más rico del mundo debiera hacer algo para ayudarnos", dijo una residente. "Bush y ellos gastan más dinero en una semana en Irak que lo que sería necesario para arreglar todas nuestras casas". Más de dos años después, de unas 200 000 hogares en la Parroquia Orleáns solo 133 966 podían recibir el correo y solo 40% de las escuelas públicas habían reanudado las clases. Ella sacudió la cabeza. "Mire como está esto". A fines de agosto de 2005, las imágenes de TV en el 9no. Distrito mostraban a la gente que flotaba en las aguas; otras esperaban desamparadas en las calles. Ninguna respuesta de las agencias del gobierno. Los cadáveres se corrompían bajo el sol de verano. ¡Se reportan saqueos! La gobernadora demócrata Kathleen Blanco finalmente desplegó en las calles a la Guardia Nacional. Un abogado de la localidad dijo: "Había rumores que ella estaba atiborrada de tranquilizantes durante el huracán". Blanco advirtió: "Las tropas saben disparar y matar, y espero que lo hagan". No hizo mención de castigar a los policías que habían visto saqueando. Las cámaras de TV tomaban a gente aturdida en las calles inundadas, llenas de escombros y cadáveres. Algunos se dirigían al refugio temporal en el estadio Superdome. Bush permanecía en su rancho. Cinco días después, sobrevoló el desastre. El Alcalde Ray Nagin permanecía confundido. El senador republicano David Vitter se pudo zafar de su complicada agenda --¿el prostíbulo de Washington? "El número de bajas será a partir de 10 000, pero eso es solo un estimado", estimó el senador. Después de su tardía llegada y el notorio elogio al ahora deshonrado jefe de la FEMA Michael Brown --"Tremendo trabajo has hecho, Brownie"--Bush admitió finalmente: "Los resultados no son aceptables". ¡Brillante! El Congreso regresó de mala gana de sus vacaciones para ofrecer $10 mil millones en ayuda. El Pentágono ofreció guardias nacionales para detener el saqueo, no para salvar vidas o ayudar a la gente. En el Centro de Convenciones de Nueva Orleáns, refugiados hambrientos, sedientos y enfermos esperaban por alimentos, agua y atención médica. Cuerpos envueltos en sábanas permanecían en el piso del Centro de Convenciones. En el hospital el personal había amontonado cadáveres en las escaleras. El Alcalde Nagin lloró por la radio. Él no había dicho a su pueblo que se marchara antes de que llegara el huracán, no envió los autobuses escolares después que golpeó ni movilizó los recursos de la ciudad. Para junio de 2008, Nagin y otros funcionarios locales, estatales y federales aún no habían movilizado importantes recursos para retornar a los residentes del 9no. Distrito ni habían reconstruido para los que se habían quedado o regresaron. Shirley señaló al remolque de FEMA donde ella había vivido. Esperaba que no fuera tóxico, como muchos otros. Shirley Jackson, presidente de un consejo de barrio del 9no. Distrito, señaló a la vasta extensión de solares vacíos. "Todas esas parcelas tenían casas", explicó. Como el gobierno no ha ayudado, continuó, los voluntarios tienen que hacer el trabajo. Ella opera un mini tractor para ayudar a estudiantes de secundaria voluntarios de Concord, Massachusetts, en su proyecto de limpieza de terrenos. Señaló una seudo escultura que ella había erigido en el terreno donde estuvo su casa --unos pocos bloques de concreto amontonados. "Los políticos no tienen nada que ver con el pueblo. Nosotros los elegimos. Se supone que hagan algo por nosotros. Todo lo que hacen es algo por ellos mismos". Habló de que el alcalde, otras agencias gubernamentales y urbanistas estaban en connivencia para tratar de apoderarse de la propiedad de las parcelas vacías en el 9no. Distrito. Una mujer de Needham, Massachusetts, explicó que ella y otros voluntarios habían ido a ayudar, "porque esta gente lo necesita. Eso es todo. Se trata de ser buenos vecinos." "Como nueva". El negro de edad admiró los pisos de su casa reconstruida y luego elogió a tres jóvenes estudiantes universitarios de Americorps por su dedicación y habilidad. Las jóvenes mujeres sonrieron, pero no quisieron hablar en cámara porque están "trabajando para el gobierno" y no querían hacer comentarios que les pudieran causar problemas. Podrían perder su trabajo de $8 dólares la hora. El hombre recuerda la espera por el pago del seguro. "Yo creí que lo había comprado. Ellos dicen que no". Aún espera por la electricidad y el agua, pero "va a llegar". Sonrió. "Ya recibo el correo y jóvenes amables me recogieron el patio y quitaron el moho. Puedo vivir aquí otra vez. Espero que algunos de mis vecinos regresen. Les he perdido la pista." Otro residente se sentía menos optimista. "La gente de FEMA botó $85 millones en alimentos, camas y cosas que se suponía que debía entregar a las víctimas del huracán", comentó una negra de mediana edad. "Lo vi en CNN. FEMA dejó las cosas en almacenes." Registros de los Servicios Generales de Administración demuestran que durante dos años FEMA no distribuyó los productos necesarios para las víctimas del huracán y luego dio 121 camiones de materiales a otras agencias. http://www.planetizen.com/node/33442 Camino de Nueva Orleáns Tony, el petrolero discapacitado que habíamos conocido en Krotz Spring, nos contó de una "conspiración" en el cual Bush actuó en colusión con funcionarios locales y estatales e intereses en el negocio de bienes raíces para expulsar a los negros pobres de Nueva Orleáns". ¿Qué pruebas hay?, preguntamos. "Es lógico. Miren cómo la gente huyó de la inundación y ahora no puede regresar". Preguntamos a una abogada de Nueva Orleáns si la policía local tenía vínculos con la mafia. "Ellos son la mafia", nos dijo, y se echó a reír. ¿Paranoia? ¿O la creencia que inevitablemente se desarrolla cuando la corrupción se une a la venalidad y vive en la Casa Blanca y en palacios gubernamentales menores? No hace falta ser Sherlock Holmes para comprender que no fue solo la fuerza del río Mississippi la que mató y expulsó a cientos de miles de personas, principalmente pobres y negras. La Naturaleza también necesitó la ayuda de las prioridades, nombramientos y valores de Bush para lograr su acto masivo de destrucción. Antes de Katrina, Bush y compañía prestaron poca atención a los pobres o al parte meteorológico en TV. Es más, el mundo presenció como los funcionarios gubernamentales de todos los niveles ignoraron los sufrimientos de las víctimas de la inundación. Nerón tocó el arpa mientras Roma ardía. Bush jugó al golf de video mientras Nueva Orleáns se inundaba. A la luz de tan dramática negligencia e incompetencia y franco cinismo. ¿Cómo se puede culpar a un poderoso río? A mediados de junio vi un ferry desembarcar desde Nueva Orleáns para transportar personas y autos a ciudades al otro lado del Mississippi. El agua apenas se rizaba mientras río arriba seguía obligando a miles de personas a abandonar sus hogares. En diez días de viaje habíamos presenciado la erosión de los pequeños pueblos de Estados Unidos, sus distritos comerciales cerrados, sus jóvenes marchándose mientras las viejas fábricas se herrumbraban. La gente en esos pueblos y ciudades inundados veían cómo sus puentes pasaban flotando, sus represas y diques cediendo, sus anticuados sistemas de alcantarilla colapsando. Sus cultivos y sus animales arrasados. El 4 de Julio los políticos repitieron la misma porquería de siempre: "Somos el mayor" esto y lo otro. "Dejen de mentir", quiero gritar. La infraestructura norteamericana necesita "como un billón más de dólares… para hacer que la infraestructura se ponga al día con las necesidades y normas modernas", sin contar el costo de "nuevas carreteras, ferrocarriles y alcantarillados y el costo para reparar el daño infligido por las recientes inundaciones del Medio Oeste". Las plantas de tratamiento de las aguas residuales significan que las aguas negras no se mezclen con el agua potable. (Andrew Stern -- Reuters, 1 de Julio de 2008.) Bush solicitó $1,8 mil millones para la recuperación de los daños provocados por la inundación. Una gota en el océano. Mientras fluyen miles de millones a la semana a Irak y Afganistán, miles de puentes, diques y represas deteriorados esperan por la atención que necesitan. Un viaje en auto por el centro de Estados Unidos convenció al Viejo Tom y a Huck que Wal-Mart debiera reemplazar al Águila Real como el símbolo norteamericano. Sin embargo, en Nueva Orleáns fuimos testigos de cómo Katrina avasalló al comercio. Las "fiestas" resurgieron en la Calle Bourbon. La gente de la ciudad baila al son de la música cajun cerca del muelle. Pero las fuerzas de la naturaleza parecen cernirse sobre la ciudad junto con la sombra de la corrupción gubernamental que socava la energía. Bush continúa ofreciendo su modelo al resto del mundo. Mark Twain hubiera dicho algo cáustico. George Carlin (que descanse riendo), ganador el año pasado del Premio Mark Twain, expresó mi pensamiento: "La mejor forma de medir la insinceridad de un político es sabiendo lo lejos que se encuentran en el mundo nuestros soldados…"
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.