Otra vez Israel da mala fama a los judíos

17 Junio 2010
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El ataque de Israel contra una flotilla humanitaria rumbo a Gaza pretendía demostrar al mundo quién manda.

Tres judíos en Tel Aviv hablaron durante varias horas. Uno se marcha. Otro dice al tercer judío: “Dios, qué estúpido es ese hombre. Debe ser un general”.

Después de que comandos israelíes asesinaran a nueve personas e hirieran a decenas de otras en aguas internacionales, llegué a la conclusión de que Israel continúa dando mala fama s los judíos. El gobierno y los medios de EE.UU., en su esfuerzo por rendirle pleitesía al cabildo israelí, contribuyeron a lo que Margaret Atwood llamó “una sombra sobre Israel”. Ella se refirió al continuado tratamiento inhumano de palestinos en los territorios ocupados por parte de Israel, incluyendo el control del acceso a Gaza.

Los militares responsables del fracaso de la flotilla reciben anualmente decenas de miles de millones de dólares de EE.UU. en ayuda militar. Periódicamente han invadido a Líbano y cometido crímenes de derechos humanos, demostrados, contra los palestinos cuyo territorio ocupan.

Aún peor para la reputación judía durante incontables siglos, el fracaso en el mar ha puesto en duda el tema de la inteligencia judía. Según el mito, los judíos han sobrevivido porque poseen un sentido del humor y una gran inteligencia.

Sin embargo, excepto en pocas ocasiones durante los tiempos bíblicos, los judíos no lograron una gran reputación como militares astutos. La creación de Israel cambió esto.  Las guerras de 1948, 1967 y 1973 demostraron las proezas intelectuales judías en el campo de batalla. Los comandantes militares –muchos de los cuales eran ateos o no practicantes—, y no los judíos ortodoxos de derecha, fueron más inteligentes que sus hostiles vecinos. Sin embargo, desde entonces Israel, según la ONU y el derecho internacional, ha ocupado ilegalmente el territorio palestino y las Alturas de Golán de Siria, y ha fracasado en lograr su objetivo de “seguridad” con repetidas invasiones a Líbano y Gaza.

“¿Cómo sucedió este reciente fracaso?”, preguntan judíos incrédulos. Esta es mi explicación desde dentro del cerebro de la bestia.

Detecto los  métodos de los famosos sabios de Chelm en la política israelí contemporánea. Los rabinos de Chelm seguían una lógica evidente antes de tomar decisiones. Cuando se desató un fuego en el establo de la aldea, el rabino ordenó a su congregación que recogieran toda la paja disponible en el área para echarla al fuego. Su educación científica le enseñaba que cualquier objeto lanzado al fuego (con excepción de líquido inflamable, por supuesto), privaría al fuego del oxígeno necesario.

El lechero sugirió al rabino que protegiera al resto de la aldea y protegiera las otras construcciones de la aldea. Comparó la extinción de tan potente incendio con devolver la leche a la botella, una experiencia que él personalmente había sufrido. El rabino se burló de él. “Eso no es pensamiento positivo”, comentó, y orientó a la comunidad que pusieran paja encima del fuego.

Las llamas cedieron. El rabino sonrió y dio la espalda para regresar y casa y dar gracias a Dios. Pero las llamas se avivaron. Los aldeanos chillaron de terror. El rabino dio la buelta horrorizado y ordenó: “Más paja”.

De manera similar, en la tradición chelmita los sabios militares y los comandantes civiles del ataque a la flotilla habían acumulado información acerca de la flotilla y sus pasajeros. Algunos a bordo del capturado Mavi Marmara reportaron que los comandos tenían una lista de “terroristas y buscapleitos” para ejecutarlos durante el ataque al barco, según pasajeros que ocuparon un folleto durante sus altercados con los atacantes israelíes. Los pasajeros aseguraron que el folleto contenía nombres y fotos de pasajeros que los militares israelíes tenían la intención de matar. (The Independent, 5 de junio.)

Los militares israelíes negaron la existencia de tal lista. Un informe de la autopsia realizada por autoridades turcas demostró que las víctimas muertas recibieron un total de 30 impactos de bala, muchos de ellos a quemarropa. The Guardian (4 de junio) reportó que cinco víctimas recibieron balazos por detrás de la cabeza.

El Primer Ministro Bubi Notinmyard autorizó el ataque comando contra los barcos con ayuda humanitaria después de leer enormes cantidades de información pública acerca de la intención de la misión. Y los organizadores de la misión dejaron en claro su intención de burlar el bloqueo de Israel. Él estudió la experiencia del barco británico Exodus en 1947 al leer la novela homóloga de Leon Uris, en la cual refugiados israelíes intentaron viajar a Palestina desde un campo británico de detención en Chipre.

La novela y el filme hicieron lucir mal a los británicos, porque el barco llegó demasiado cerca de la Tierra Prometida. Los israelíes aparecían como nobles y valientes; los árabes como bestias tortuosas con jefes nazis.

El rabino Bubi aplicó entonces su sabiduría de la Universidad de Chelm. Permitir que los barcos que llevaban artículos no  militares burlaran el bloqueo de Israel a Gaza le hubiera ganado la aprobación del mundo. ¿Pero qué es una victoria abstracta para ganar el apoyo del mundo comparada con demostrarle al mundo quién es el que manda? Así que desestimó la advertencia de su propio ministro de exteriores acerca de la “ilegalidad” del ataque a los barcos en aguas internacionales. (Barak Ravid, Haaretz, 10 de junio.) En su lugar, Bubi aplicó la moraleja de una historia acerca de la importancia del control –como principio.

Una mujer alardeaba ante sus amigas de cómo dominaba al esposo. “Arrástrate debajo de esa mesa”, exigió ella.

El hombre de Chelm obedeció. “Ahora, sal”, ordenó ella.

“No, me niego”, la retó él. “Te demostraré quién es el que manda aquí”.