¿Razones sanitarias?

01 Marzo 2010
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Haber incluido la coca en las listas de sustancias controladas fue un error hoy reconocido por numerosas entidades especializadas y expertos en el tema. Los costos de este error los pagan las comunidades indígenas de Suramérica asociadas tradicionalmente a esta hoja.

Durante años los colombianos compraron las cajitas de té Coca Nasa en tiendas y supermercados de las grandes ciudades del país. Recuerdo además que el té de coca estaba en la sección de los productos naturistas, o sea, los más sanos y buenos para la salud. Ni las tiendas que vendían los productos de coca ni la gente que los compraba tenían la impresión de estar cometiendo un delito. Además, que se sepa, nunca nadie se enfermó por consumirlos.

¿Qué necesidad tenía entonces la entidad gubernamental colombiana fiscalizadora de alimentos y medicamentos Invima de prohibir un producto que no sólo ha demostrado no ser perjudicial a la salud sino que representa una fuente de ingreso para algunas comunidades indígenas colombianas?

El Invima dice que prohíbe la venta de los productos de coca por razones sanitarias. Pero, ¿cuánta gente se ha enfermado o ha muerto por beber infusiones o refrescos de coca que han estado consumiendo durante años?

Fabiola Piñacué, responsable del proyecto empresarial indígena COCA NASA está desarrollando una campaña de protesta ante esta acción irresponsable y sesgada del Invima. Piñacué recuerda que,  “A partir del año 1999, el Estado Colombiano promovió y avaló la iniciativa empresarial COCA NASA, en cumplimiento de preceptos constitucionales que reconocen la diversidad étnica y cultural y los aportes que al desarrollo social y económico de la Nación podemos hacer los pueblos indígenas”. Ver el pronunciamiento completo.

¿Qué se oculta pues tras este argumento sanitario para prohibir los productos de la coca? Sorprende que esto pase en Colombia, un país en donde se produce y se vende toda clase alimentos en las calles de pueblos y ciudades sin el más mínimo control sanitario. Una vez más, nadie se ha muerto por comerse por ahí una arepa o una empanada. La gente más bien se muere por no tener qué comer. Situación a la que van a empujar a comunidades como los Nasa de proseguir con la prohibición de sus productos de coca.

La realidad es que no son razones sanitarias sino las absurdas obligaciones que atan a los países a acuerdos internacionales obsoletos, como los establecidos para la coca. La medida se ha tomado en Colombia porque viola la Convención de Estupefacientes de 1961 que prohíbe la comercialización de los productos de la coca.

En medio de un total distanciamiento de la realidad, la Junta Internacionacional de Fiscalizacion de Estupefacientes JIFE – que acaba de publicar su último informe anual -  persiste en el punto de que bajo las convenciones internacionales el uso de la hoja de coca es una actividad ilícita. El obstinamiento de la JIFE respecto a la coca no le permite ver los usos positivos de esta planta.

Ojalá que el Gobierno colombiano recapacite la medida del Invima y ponga en primer lugar los intereses de colombianos como los Nasa antes que el cumplimiento con un acuerdo que los perjudica. Al mismo tiempo, sería bueno que el Gobierno colombiano y los de otros países latinoamericanos se unieran al Gobierno de Bolivia, país que se ha comprometido en un proceso para lograr la desclasificación de la hoja de coca de las listas de las convenciones de la ONU.

Haber incluido la coca en esas listas fue un error hoy reconocido por numerosas entidades especializadas y expertos en el tema. Los costos de este error los pagan las comunidades indígenas de Suramérica asociadas tradicionalmente a esta hoja.