Recetas del G-8 para el clima

15 Agosto 2008
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He aquí las recetas para luchar contra el cambio climático que acaban de acordar en la cumbre mundial del G-8 los países más ricos del mundo.

El comunicado final del G-8 insta a reducir las emisiones un 50% para 2050, un compromiso que podría parecer significativo. Pero según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), para evitar que el termómetro aumente esos dos grados que los científicos consideran que conducirían a un cambio climático catastrófico, las emisiones se deberán haber reducido un 80- 90% para ese año. El objetivo del 50% acordado por el G-8 se queda muy corto y sólo es el comienzo de los problemas del acuerdo.

La cifra del IPCC alude al recorte del 80-90% con respecto a los niveles de 1990, mientras que la fecha de referencia del G-8 no está clara. El primer ministro japonés anunció al principio que las reducciones también serían con respecto a 1990, pero después se retractó para aludir a 2000, año con niveles de emisiones muy superiores.

Además, el compromiso es muy vago ; no hay en él nada vinculante, medios previstos para aplicarlo ni planes sobre cómo avanzar desde ahora hasta 2050. Tampoco se explica cuál es la relación entre este objetivo y el proceso de la ONU sobre cambio climático, que, con todos sus defectos, constituye un marco internacional vinculante con cierta pátina de democracia. El acuerdo es una iniciativa de los Estados Unidos, que encabeza un proceso sobre el clima paralelo conocido como Reunión de las Principales Economías, para arrancar los parámetros del debate del seno de la ONU y ponerlos en mano de la elite del G-8.

Vuelve el Banco Mundial

La reunión del G-8 en Japón también ha permitido al Banco Mundial integrarse aún más en la política climática global. Tras años de menguante influencia y de continuo y activo fomento de proyectos muy dependientes de combustibles fósiles, el Banco pretende ahora reinventarse como actor clave en la lucha contra el cambio climático. Con el respaldo de Washington, Londres y Tokio, el Banco utilizó la reciente cumbre del G-8 para presentar sus fondos de inversión en el clima, que se usarán para financiar tecnologías ‘limpias’ como el carbón y los agrocombustibles, préstamos para adaptarse al cambio climático y más programas de comercio de emisiones que permitan a los países industrializados pagar para seguir contaminando.

Los países del Sur, sabedores de la total falta de respeto del Banco Mundial por los derechos de las comunidades afectadas por sus políticas y proyectos, están indignados y muy preocupados porque estos fondos sean administrados en forma de préstamos. Los Gobiernos británico, estadounidense y japonés han prometido aportar 6.000 millones de dólares a estos fondos, pero más de 130 países del Sur emitieron una declaración el pasado junio para que sea la ONU, no el Banco, quien controle todos los fondos para combatir el cambio climático. El G-8, como guardián del capitalismo internacional, ha adoptado un compromiso muy flojo que protege el carácter intocable del modelo de crecimiento petrolero en lugar de promover un auténtico cambio económico e industrial.