Sigue en pie la lucha de los electricistas en México (segunda parte de 2)

14 Enero 2010
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Detrás de la extinción de la Compañía de Luz Fuerza del Centro está la obligación que tiene Calderón de cumplir con compromisos con corporaciones extranjeras.

El 2010 comenzó en México con la continuación de la movilización de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (el SME), en medio de un ambiente represivo. A pesar de las dificultades como la falta de respuesta favorable por parte de la Suprema Corte a la petición de un amparo contra la extinción de la Compañía de Luz Fuerza del Centro (CLyFC), así como la represión y provocación gubernamental, el SME sigue en la lucha. Ante el ataque sufrido hace tres meses que eliminó 44,000 empleos, el SME abre el año emitiendo un recuento del mal estado que guarda el país; “los tres años de Calderón; una pesadilla para el pueblo de México”:

“Impuesto por la vía del fraude electoral y a tres años de su desgobierno, Felipe Calderón constituye una pesadilla interminable para el pueblo de México; inseguridad pública, delincuencia y narcotráfico, crisis de las finanzas públicas, soberanía vulnerada, violación sistémica derechos humanos, retroceso social y económico, desempleo, etcétera. Estos problemas lejos de resolverse se han exacerbado y tienen como resultado niveles de miseria y pobreza nunca antes ocurridos en la historia contemporánea de México”.

En efecto, aunque Felipe Calderón prometió ser el “presidente del empleo” contribuye con políticas económicas y fiscales impuestas desde los centros del poder mundial a hundir a la clase trabajadora. De acuerdo con estadísticas oficiales, en el último año más de 1 millón de mexicanos han quedado desempleados. Además decenas de miles de micro, pequeñas y medianas empresas han quebrado en el último año enviando a millones más a buscar trabajos informales.

A pesar de que la crisis financiera mundial ha impactado a México peor que a cualquier otro país, se mantiene el rumbo de hace 30 años, sacrificando al campo y a la industria nacional y manteniendo al país en total dependencia de la economía de Estados Unidos, lo cual beneficia a una muy estrecha minoría. Como dice Faux, “el ataque a los trabajadores de la electricidad es parte de una campaña sistemática y sin escrúpulos por parte de la plutocracia mexicana para destruir cualquier esfuerzo de establecer sindicatos independientes que puedan representar a los empleados, en lugar de los intereses de los empleadores”.

Detrás de la extinción de la CLyFC está la obligación que tiene Calderón de cumplir con compromisos con corporaciones extranjeras que están detrás del negocio de la generación y distribución de la energía. La presión internacional sobre México ha sido enorme; desde tratados de libre comercio, como el TLCUEM con la Unión Europea, mediante los cuales México se ha comprometido a “ponerse al día” en sus regimenes de apertura a las inversiones extranjeras, como mecanismos ocultos bajo la obscura Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) por medio de los cuales grandes corporaciones “recomiendan” a México avanzar en la “integración” del “mercado energético de América del Norte”. A la par, bajo estos mecanismos se impone en el país una escalada militar y policiaca represiva, so pretexto de la guerra contra el narcotráfico, que se evidencia con la ocupación de las instalaciones de la CLyFC.

La intención de destruir a un sindicato democrático como el SME (ver Román y Velazco Arregui) hace que en el 2010, más que una superflua “doble celebración para México” se vislumbre una agudización de la conflictividad social en el país. Los trabajadores del SME lo han dicho “Son ellos o somos nosotros, es la hora del pueblo, es el tiempo de los excluidos, explotados y discriminados, los postergados de siempre”. El líder del SME, Fernando Amezcua, advirtió que “los electricistas no darán ni un paso atrás” en su lucha por revertir la extinción de la CLyFC y que seguirán por la ruta de la legalidad, sin dejar de lado la movilización política y social.

El éxito de este movimiento dependerá de la solidaridad nacional e internacional.  Más allá de sucumbir a la represión los líderes del SME trabajan con representantes sindicales internacionales para presentar una denuncia ante la OIT buscando que ese organismo envíe una misión a México. Asimismo líderes del SME han ido al Parlamento Europeo y se preparan para presentar una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Con el respaldo de las centrales sindicales en Estados Unidos y Canadá –la AFL CIO y la CLC respectivamente- denuncian que con las violaciones laborales incurridas se violentan hasta el acuerdo laboral del mismo TLCAN. Por esto, todo el apoyo, acompañamiento y aliento internacional que se pueda dar al SME es vital para la defensa de los derechos humanos y el orden constitucional en México.