Susan George: «A los gobiernos les preocupa más el déficit que los problemas de los ciudadanos»

Susan George inauguró ayer un ciclo de charlas sobre la crisis y el futuro de Europa
10 Mayo 2010
In the media

Presidenta del Transnational Institute y consultora de la ONU. Destacada activista de los movimientos sociales, Susan George inauguró ayer un ciclo de charlas sobre la crisis y el futuro de Europa.

«El poder económico ha situado al mercado por encima de los Estados»

«España no puede soportar un 20% de paro. Si las cosas no se arreglan vamos hacia una revolución social»

La escritora y politóloga estadounidense, nacionalizada francesa en 1994, abordó ayer las contradicciones del modelo de reforma de la UE y su política comercial, la globalización neoliberal y el papel de las instituciones financieras.

Desde su perspectiva, son los ciudadanos, a través de sus organizaciones civiles y su movilización los llamados a frenar la primacía del mercado y sus nefastas consecuencias: crisis económica, pobreza y degradación del medio ambiente. Denuncia que el poder económico ha logrado situar al mercado por encima de los Estados y que estos se muestran en estos momentos más preocupados por el déficit público que por los problemas que la crisis económica está ocasionando a millones de ciudadanos.

En julio del año pasado estuvo en Málaga para inaugurar un curso de la Universidad de Málaga. En este tiempo ¿cómo ha evolucionado la situación del mundo?

Ha empeorado, y mucho, sobre todo en Europa. Ahora tenemos la prueba de que el G-20 no hace nada y que el mundo en general está retrocediendo en cuanto a derechos ciudadanos y conciencia social.

La crisis parece que ha dejado al descubierto las debilidades del libre mercado…

El libre mercado tal como está planteado supone una lucha entre el sistema social y el tributario. Me parecen esclarecedoras las palabras del director del Bundesbank, cuando en 1999 alertaba de que con la entrada del euro la competencia entre el sistema económico y el social iba a ser mucho más férrea, no solo fuera, sino también dentro de Europa.

¿Cómo se puede controlar esta ‘dictadura’ del mercado? Hace falta competencia entre los sistemas tributarios y los sistemas de protección social. Si el libre mercado se aplica totalmente, si no se toman medidas para prevenir que los ricos se hagan más ricos y los pobres sean cada día más pobres, y si el mercado es superior al Estado, el resultado social es terrible.

En Estados Unidos y otros países, los gobiernos han tenido que salir en ayuda de los bancos. ¿Cómo se entiende esto en una economía de libre mercado?

Estados Unidos era un mercado bancario totalmente sin regular. Existían unas normas, pero los bancos gastaron hasta cinco mil millones de dólares para acabar con esos controles y poder hacer lo que quisieran. De ahí la grave crisis económica que han provocado con las hipotecas ’subprime’ o de alto riesgo. Los bancos centrales o la Comisión Europea no dijeron nada de todo esto, hasta que explotó la burbuja inmobiliaria cogiendo por sorpresa a todo el mundo. Ahora los gobiernos están más preocupados por el déficit del Estado que por los problemas de los ciudadanos.

En ‘Informe Lugano’ aborda la crisis del capitalismo a través del análisis que realizan nueve expertos que buscan una salida y un futuro al propio sistema capitalista. ¿Tiene ya identificados a esos expertos?

Dentro de unos meses saldrá en España un libro que creo que aquí se publicará con el título ‘Crisis suya, soluciones nuestras’, en el que expongo que la elite económica mundial reunida alrededor del Foro de Davos es el principal actor en la crisis económica y financiera. Los gobiernos gobiernan a su favor, incluso los socialistas han escorado hacia el neoliberalismo, como es el caso de España.

Hablamos mucho de crisis económica, bancaria, pero, como usted comenta, olvidamos con mucha facilidad a las personas que sufren sus consecuencias…

La sociedad tiene que presionar a los gobiernos porque los ciudadanos empiezan a estar hartos. No sé cómo la gente puede estar en España con un 20 por ciento de paro, más elevado aún en Andalucía, pero en Francia todo el mundo empieza a estar muy enfadado. Si las cosas no se arreglan vamos hacia una revolución social. Con estas crisis hemos visto cómo los países pobres se han empobrecido aún más. Con la crisis bancaria los especuladores se centraron en los mercados de alimentos, y con su especulación elevaron el precio del trigo, en un solo día, en un 31 por ciento. Y esto para el tercer mundo supone más pobreza y más hambre.

Imagino que se sintió defraudada con los escasos resultados, o casi fracaso podríamos decir, de la cumbre de Copenhage sobre cambio climático…

Lloré cuando conocí los resultados. Había muchas esperanzas puestas en la capacidad de Obama para llevar a las potencias a un acuerdo mundial de reducción de emisiones, pero no fue así. Con el clima no se puede decir dentro de unos años, ‘me equivoqué’, y volver atrás. No duermo con esta preocupación. Tengo cuatro nietos y me preocupa el mundo que les dejaremos.

Y Obama, ¿está cumpliendo sus expectativas?

También lloré cuando salió elegido, pero por distintas razones. Para los europeos es difícil entender la política de Estados Unidos. En una encuesta el 24 % de los estadounidenses creen que Obama es el anticristo, un 57% que es musulmán, un 45% que no es estadounidense y un 67% que es socialista… La política en EE UU es muy rara…

Usted ha sido fundadora de la Asociación para la Tasación de las Transacciones Financieras y la Acción Ciudadana (ATTAC). ¿Cuáles son los objetivos de esta asociación?

Se trata de regular los mercados financieros para que predominen los beneficios sociales sobre los meramente económicos y gravar con impuestos las transacciones internacionales, de manera que esos ingresos puedan destinarse a ayudas al desarrollo y para reducir la pobreza en el mundo.

Y, en un mundo globalizado, ¿tienen futuro los movimientos antiglobalización? Yo no me considero antiglobalización, la globalización es un hecho y sería una pérdida de tiempo y recursos entrar en ese discurso. Yo me considero alterglobalización, que es distinto. Frente a la globalización neoliberal, proponemos una globalización alternativa en la que prime la protección de los más vulnerables.