Tendencias internacionales para 2011

07 Enero 2011
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El nuevo año estará marcado por el ascenso de los países emergentes, tensiones entre Estados Unidos y China, debilidad de Naciones Unidas y el peligro de un ataque contra Irán.

Tres cuestiones marcarán las relaciones internacionales en el nuevo año. Primero, las relaciones entre Estados Unidos y Europa, por un lado, y las denominadas potencias emergentes y una serie de países del Sur, por otro. Segundo, la evolución de la crisis financiera internacional. Tercero, la violencia en una serie de Estados y a lo largo de líneas de fractura como las fronteras entre Pakistán y Afganistán, o la de México y Estados Unidos.

Potencias existentes y emergentes

Las potencias que han dominado la escena internacional durante los últimos 50 años, en particular Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la desaparecida URSS, ya no tienen la misma capacidad de decidir sobre otros países. Continuarán teniendo mucho peso, como muestran los documentos revelados por Wikileaks, pero numerosos gobiernos locales, desde Irán a Costa de Marfil, pasando por Israel, Venezuela, Sri Lanka o Sudán, toman las decisiones. Los países menos fuertes tienen así la capacidad de ampliar sus alianzas, un hecho que disminuye el poder de las potencias tradicionales.

Las razones de este cambio geopolítico son diversas, pero mientras que Estados Unidos y Europa eligieron el camino del endeudamiento y la desregulación, los emergentes apostaron por utilizar su mano de obra barata para atraer inversiones, fomentaron una política fiscal estricta, desarrollaron especificidades tecnológicas y promovieron su capacidad comercial internacional como puerta de entrada para la negociación con otros países con el objetivo de contar con acceso a recursos, desde petróleo hasta alimentos. Paralelamente han creado las bases económicas y políticas para sus liderazgos regionales. Brasil, India, China están en primera línea, seguidos de Turquía, Sudáfrica e Indonesia. En el caso de Rusia, Moscú ha realineado en su esfera de poder a varias de las antiguas repúblicas que constituían la URSS.

El orden global está afectado de dos formas: se desplaza de Occidente a Oriente, especialmente debido al peso internacional de China, y es menos centralizado. En 2011 veremos a los emergentes defender sus intereses nacionales, ganar espacios diplomáticos, garantizar el acceso a recursos (petróleo, alimentos) para sus poblaciones, y actuar en las organizaciones multilaterales en su propio beneficio, tal como lo han hecho siempre las grandes potencias. Otros gobiernos buscarán en ellos nuevos aliados y apoyos. Esta nueva capacidad no significa que se tomen decisiones justas ni democráticas, ni que los países emergentes vayan a revivir el movimiento de no alineados o que impulsen políticas solidarias con el Sur.

En el año que se inicia habrá acciones diplomáticas más arriesgadas de algunos de estos países, como han hecho Brasilia y Ankara con el programa nuclear iraní, o la redefinición de las relaciones de Turquía hacia Israel. Entretanto, Europa tendrá menos capacidad internacional debido a la debilidad económica, las divisiones entre sus gobiernos, la pérdida de legitimidad, y el bloqueo de sus miembros para tener una política exterior y de seguridad activas.

Los intentos multilateralistas y de diálogo que el presidente Barack Obama inició durante su primera presidencia se verán muy afectados debido a su debilidad en la cámara de representantes en el Congreso. La oposición republicana ya ha avisado que no le dará apoyo ni fondos para determinadas acciones, por ejemplo, para apoyar las instituciones de la Autoridad Palestina.

Tensiones internacionales

La relación entre China y Estados Unidos constituirá una de las mayores tensiones actuales. Sus desavenencias comerciales y financieras influirán para que no haya consenso global sobre cuestiones como el medioambiente, la producción internacional de alimentos, y las respuestas a crisis regionales o nacionales. Estas cuestiones serán parte de una negociación más amplia de poder mundial que se reflejará también en las organizaciones financieras y multilaterales.

Las tensiones Estados Unidos-China, Estados Unidos-Rusia, India-China e India-Pakistán, entre otras, continuarán. La guerra en Afganistán, por ejemplo, necesita una doble negociación, interna y regional. El gobierno afgano presionará a Washington para alcanzar un acuerdo con los Talibán, pero ante la falta de diplomacia regional se continuará haciendo mayor énfasis en la contrainsurgencia, con resultados inciertos. Más en general, la intervención diplomática internacional, incluyendo el envío de fuerzas de paz, será más escasa en crisis como las de Costa de Marfil, Yemen, la posible secesión de Sudán del Sur, o Somalia.

La tendencia internacional en los conflictos violentos es que hay menos guerras internas y entre Estados, pero se mantienen altos niveles de violencia ejercida por actores no estatales, por ejemplo, los narcotraficantes en México. La violencia la ejercen grupos terroristas y organizaciones criminales organizadas, y en ciertos casos vinculada a gobiernos, como en Kosovo. También en este caso, la falta de consenso en las organizaciones internacionales dificulta abordar multilateralmente este problema.

ONU con poco margen de acción

Naciones Unidas continuará con poco margen de acción para tomar decisiones importantes. Tres factores producen esta debilidad. Primero, la creación de nuevas organizaciones regionales que derivan de los liderazgos de las potencias emergentes; segundo, el fortalecimiento del G-20 que intenta tomar decisiones que tradicionalmente corresponden a la ONU; tercero, el Consejo de Seguridad está fragmentado entre Estados Unidos, Reino Unido y Francia, de un lado, y China, Rusia, y los miembros no permanentes, por otro, muchos de ellos defendiendo crecientemente sus intereses sin necesariamente buscar consenso.

Israel

La Autoridad Palestina espera que una serie de países, incluyendo algunos europeos, presenten a la ONU el caso del Estado Palestino en 2011. Esto será, en parte, una consecuencia de que no habrá acuerdo con Israel. Si Estados Unidos no logra rentabilizar la declaración del Estado palestino será otro fracaso para el Presidente Obama, que profundizará las diferencias entre Occidente y el mundo árabe. Líbano podría volver a estallar cuando se conozca el veredicto de la comisión de investigación sobre el asesinato del Presidente Rafik Hariri en 2005, mientras que otra guerra entre Hezbolá e Israel no es descartable.

Irán

Irán será uno de los casos más peligrosos en este año y el más difícil para Obama. Si mantiene la posición de no aceptar que Irán enriquezca uranio bajo supervisión de otros países (como acordaron Turquía y Brasil con Teherán en 2010), el gobierno de Mahmud Ahmadinejad no cederá. En el caso que Washington flexibilice su posición, recibirá duras críticas de los republicanos y grupos de presión. Israel podría concluir que debe atacar las instalaciones nucleares iraníes si Estados Unidos no lo hace.

Washington podría lanzar un ataque contra Irán, pero sería una última opción para Obama. Una última opción es que Irán cuente en el futuro medio con armas nucleares. Si esto ocurriese, otros países de la región –desde Arabia Saudí hasta Turquía-- seguirían su camino, se acabaría el monopolio de Israel sobre este tipo de armas en Oriente Medio, y se establecería un sistema de disuasión nuclear regional.

El sistema internacional está en transformación. La falta de consenso es parte de un proceso y quizá en el futuro medio haya un progresivo retorno al multilateralismo, pero lo más probable es que asistamos durante un largo tiempo a negociaciones caso a caso. En todo caso, 2011 será un año más en la transición a un nuevo orden global.