Tucson: una matanza acorde con un clima violento

14 Enero 2011

La matanza en Tucson que acabó con la vida de seis ciudadanos y dejó en estado grave a una congresista demócrata es un hecho acorde con el clima de odio político y la cultura de violencia que rigen en EE.UU.

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Algunos políticos y periodistas han tratado de buscar una explicación no política al grave suceso, indicando que el asesino seria una persona psicológicamente inestable. No hay duda que debe ser “inestable”, pero la cuestión es que el clima político y social ha favorecido su conducta. La violencia de “desequilibrados individuales” se repite de forma sistemática en Estados Unidos, pero parte de los legisladores, sociedad, medios y diversos grupos de presión se resisten a controlar la venta libre de armas.

Menos todavía hay un intento de reflexionar sobre la cultura de la violencia que impregna a la sociedad estadounidense en un amplio espectro que va desde películas y programas en la televisión hasta video juegos y prácticas de tiro con armas de guerra, pasando por el extendido uso de fuerzas privadas de seguridad en conflictos internacionales. La violencia, como escribió la fallecida Susan Sontag, es pura “diversión” en la cultura estadounidense.

Por su parte, Susan Jacoby, autora del libro The Age of American Unreason (La era de la sinrazón en Estados Unidos), escribió proféticamente en 2008: “Estados Unidos está enfermo con una poderosa cepa mutante que vincula ignorancia, anti-racionalismo y anti-intelectualismo. La virulencia de esta epidemia es inseparable de una negligencia que es a la vez, paradójicamente, agresiva y pasiva”. Esta violencia se ha insertado masivamente en el lenguaje político.

Parte de los republicanos, medios periodísticos como Fox News, y el Tea Party, entre los más destacados, han usado crecientemente un lenguaje bélico para referirse a los adversarios políticos. La ex senadora Sarah Palin publicó en su www.sarahpac.com un mapa marcando con una diana a los congresistas demócratas que había que eliminar del Congreso. Una de ellas era Gabrielle Giffords. A la vez, alentó a sus seguidores a “recargar” para ganar. Horas después de la matanza en Tucson, el mapa desapareció de la página web de Palin.

En marzo pasado, Giffords dijo en una entrevista que cuando la gente marca con una diana un nombre “tiene que darse cuenta de las consecuencias de sus acciones”. La Congresista había recibido amenazas, difamaciones e insultos y sufrido manifestaciones frente a su oficina en Tucson, que fue, a la vez, tiroteada por su apoyo a la reforma de la sanidad.

No ha sido un académico sino el sheriff del distrito de Pima, Clarence Dupnike, quien dio una clave al declarar que la atmósfera de violencia política “ha sido un factor que ha contribuido al ataque” contra la Congresista. “Cuando usted mira hacia gente inestable, ¿cómo van a responder a la virulencia que ha ido saliendo de ciertas bocas acerca de derrocar al gobierno? La rabia, el odio, el fanatismo que tiene lugar en este país se están volviendo escandalosos. Y, desafortunadamente, Arizona se ha vuelto la capital de estas actitudes. Nos hemos vuelto la Meca de los prejuicios y el fanatismo”.

En Arizona, en efecto, hay un fuerte debate sobre la inmigración y la polémica ley que aprobó en 2010 la gobernadora Jan Brewer que permite detener, juzgar y deportar a los inmigrantes en situación ilegal. Giffords se había opuesto a esa medida. Por otro lado, había votado a favor de la reforma sanitaria del Presidente Barack Obama, era partidaria del aborto, y propuso una serie de medidas contra el crimen organizado en la frontera entre México y Arizona.

Tanto la gobernadora como el candidato republicano a la presidencia, John McCain, entre otros, han movilizado a la opinión pública indicando que en Arizona hay cada vez más crímenes, más inmigrantes y hasta más “decapitados” (como en México). Sin embargo, las cifras no se corresponden con ninguna de las tres afirmaciones.

El clima de violencia ha llevado también a un aumento en el número de milicias radicales desde que el presidente Obama llegó al poder. En octubre pasado la revista Time publicó un reportaje sobre ellas. Con un presidente mestizo y de nombre musulmán, la paranoia de estos grupos ha crecido. “Estos radicales armados están vinculados”, dice el artículo, “por un auto definido patriotismo que enfatiza la resistencia a la tiranía a través de la fuerza de las armas y rechaza la idea de que las elecciones puedan solucionar los problemas que afectan al país”. http://www.time.com/time/nation/article/0,8599,2022516,00.html

Los miembros de las milicias comparten la convicción de que la Segunda Enmienda de la Constitución, que otorga el derecho a tener y portar armas, es la clave para que los ciudadanos se organicen en milicias y se defiendan de lo que consideran abusos del poder. En 2010 la candidata republicana al Congreso, Sharron Angle, indicó que ante un gobierno “tiránico” como el de Obama los ciudadanos podrían “tener que poner remedio usando la Segunda Enmienda”.

El Southern Poverty Law Center, organización defensora de los derechos civiles, ha identificado en 2009 a 512 grupos “Patriotas” en Estados Unidos de los que 127 son milicias formadas por decenas de miles de personas. http://www.splcenter.org/get-informed/intelligence-report/browse-all-iss...

Los miembros de las milicias consideran que el gobierno está tomado por “anti-americanos” que pretenden acabar con las libertades fundamentales. Las campañas para limitar la posesión de armas a los ciudadanos son vistas como la confirmación de que hay un plan maestro para tomar el país y crear un “nuevo orden mundial”.

El líder de las milicias de Alabama, Mike Vanderboegh, escribió que un patriota “solo precisa una pistola barata y el coraje” para “disparar a la cabeza” de un soldado enemigo. Eso es lo que hizo, estimulado por un clima propicio, un joven desequilibrado de 22 años en Tucson.