Un círculo vicioso

01 Noviembre 1999
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Si no es posible convencer a Washington de lo irracional de su política de fumigación y militarización, el gobierno colombiano debería reunir apoyo entre el resto de la comunidad internacional.

Prólogo en Fumigación y conflicto: políticas antidrogas y deslegitimación del estado en Colombia

El siguiente estudio penetra en el meollo de las controversias y debates actuales sobre la naturaleza de la relación entre las drogas ilícitas y el conflicto armado en Colombia; sobre cómo equilibrar la política de control de drogas, actualmente basada en 'el palo y la zanahoria'; sobre los temas centrales colocados ante la mesa de negociaciones entre el gobierno del presidente Pastrana y la guerrilla de las FARC, y sobre el Plan Colombia, presuntamente diseñado para sellar economicamente una paz verdadera.

Durante la década de los noventa, unas 240.000 hectáreas colombianas de coca y amapola han sido objeto de la fumigación aérea con herbicidas. Según cifras contenidas en este informe, entre 1992 y 1998 fueron asperjadas 140.858 hectáreas de coca con 1.897.357 litros de glifosato, y 41.468 hectáreas de amapola con 540.979 litros del mismo químico. Hasta el primero de septiembre de 1999, la cifra sin precedentes de 55.000 hectáreas fumigadas ya había sido reportada.

Todo ésto tiene lugar dentro del contexto de una estrategia de "reducción de la oferta"dirigida a disminuir la cantidad de cocaina y heroina y elevar sus precios en los mercados internacionales, cuyo objetivo final sería reducir el nivel de consumo de estas drogas ilegales. No obstante, algo no marcha bien. Colombia es el país donde la erradicación forzosa de los cultivos ilícitos se ha emprendido de la manera más agresiva. Sin embargo, durante el mismo período comprendido entre 1992 y 1998, el cultivo de coca aumentó de unas 40.000 hectáreas a unas 100.000 hectáreas, según cifras oficiales, o hasta 160.000 hectáreas según otros calculos.

Las estadísticas con relación al opio en Colombia son tan poco confiables que no es posible extraer conclusiones. Mientras tanto, el precio de la cocaina y heroina en los principales mercados de consumo muestra una tendencia estable a disminuir. Ricardo Vargas Meza revela con un detalle sin precedentes en este informe, y con una lucidez irrefutable, por qué la erradicación forzosa de los cultivos ilícitos no funciona. Vargas identifica las fallas principales de la estrategia de erradicación forzosa, señalando las consecuencias de su implementación en la práctica y llegando a la conclusión de que lo que dicha estrategia ha logrado es poner en marcha un destructivo círculo vicioso.

El estudio revela con claridad lo viciado de este círculo, tanto en términos de lo infructuoso que resulta como en cuanto se refiere a su impacto social y ambiental. La erradicación de cultivos ilícitos tal como se está practicando en Colombia tiene, además, consecuencias nefastas para la legitimidad del Estado y las perspectivas de paz. El argumento a menudo esgrimido para justificar la fumigación - que 'el cultivo y el procesamiento de los cultivos de droga dañan mucho más el ambiente que la fumigación' - queda desvirtuado. Si bien el informe trae evidencia nueva y contundente sobre el perjuicio causado al medio ambiente por los cultivos ilícitos - en gran parte gracias a un riguroso estudio de campo realizado por Rodrigo Velaidez en el área del Caguán - el texto revela al mismo tiempo que dichas consecuencias devastadoras simplemente se multiplican con las fumigaciones.

No hay una manera fácil de sopesar las consecuencias, como intentara hacer Curtis Kamman, el embajador de Estados Unidos en Colombia, al afirmar defendiendo las fumigaciones: ""Para un efecto ambiental neto positivo, eliminar la coca es el mejor camino que le queda a Colombia"". En forma también contradictoria, el coronel Leonardo Gallego, Director de la Polícía anti-narcóticos, expresa que el "objetivo principal" de aumentar las fumigaciones "era destruir la coca y recuperar el medio ambiente destruido por su siembra". (1) Al contrario, el desplazamiento permanente de los cultivos causado por las campañas aéreas multiplica la tasa de deforestación de la región amazónica, los bosques altoandinos y las zonas del páramo, diseminando la polución que ocasionan los cultivos ilícitos a lo largo de estos territorios ecológicamente vulnerables.

Otra patética contradicción expuesta en el informe es el obstáculo representado por las fumigaciones con relación a cualquier avance en el área del desarrollo alternativo, cuya efectividad es ya de por sí sumamente pobre. Las resoluciones de la sesión especial sobre drogas de la Asamblea General de la ONU celebrada en junio de 1998 enfatizan sin ambages esta contradicción: ""El desarrollo alternativo es un componente importante de una estrategia de control de la droga amplia y equilibrada y deberá facilitar un entorno que apoye la implementación de dicha estrategia. La intención es promover alternativas socio-económicas legales sostenibles para las comunidades y grupos de la población que recurrieron a los cultivos ilícitos como la única forma viable de ganarse el sustento, contribuyendo de una manera integral a la erradicación de la pobreza "... "En áreas donde los programas de desarrollo alternativo todavía no hayan creado oportunidades viables de generación de ingresos, aplicar la erradicación forzosa puede poner en peligro el éxito de los programas de desarrollo alternativo"." Dicha resolución afirma además que: ""Los ensayos de erradicación deberán aprovechar la investigación disponible y asegurarse de utilizar métodos ambientalmente confiables"." (2)""

No sólo abundan los ejemplos patentes de la destrucción física de proyectos de desarrollo alternativo a través de la aspersión aérea - y el informe incluye detalles sobre este tema - dicha política también elimina de plano la posibilidad de crear la confianza y la colaboración requeridas para lograr el éxito de los programas de desarrollo. Ya han sido destinados cientos de millones de dólares a la erradicación forzosa y a las Fuerzas Armadas. Este año por primera vez, EEUU adjudicó cinco millones de dólares para un proyecto de desarrollo alternativo en Colombia. Sin embargo, desconociendo todas las lecciones aprendidas durante la larga y trajinada historia de los programas de desarrollo orientados a la sustitución de cultivos, "'El programa de desarrollo alternativo está siendo integrado con un agresivo programa de erradicación de amapola de opio y, en forma conjunta, los dos programas apuntan a eliminar la mayoría de los cultivos de amapola de Colombia durante los tres años siguientes". (3)"

El desarrollo alternativo y las fumigaciones son estrategias incompatibles. El Programa de las Naciones Unidas para el control internacional de drogas (PNUFID) y el Ministerio Alemán de cooperación al desarrollo, dos de las entidades internacionales más involucrados en este tipo de programas en Colombia, luchan hace años con esta contradicción, y ella ha llevado a una ausencia casi total de éxito hasta el momento. Mientras no se suspenda el programa de aspersión aérea, invertir en desarrollo alternativo en Colombia es en gran parte un esfuerzo desperdiciado.

Una premisa básica para la erradicación agresiva de la coca y la amapola es que es posible intervenir por la fuerza en el funcionamiento interno del mercado ilícito, alterando en forma sustancial la ecuación oferta/demanda reduciendo la oferta. En el plano puramente hipotético, la premisa puede encerrar cierta verdad: de haber menos droga disponible, menos droga podrá ser consumida. En la práctica, sin embargo, la oferta se auto-abastece mientras siga existiendo dónde sembrar y gente dispuesta a hacerlo. En el caso colombiano, la amazonia es un área de siembra de potencial inagotable, (4) y hay una cantidad impresionante de personas necesitadas y desplazadas internas, tan desesperadas que harán casi cualquier cosa para poder sobrevivir. (5)

Aunque a primera vista parezca contradictorio, las fumigaciones pueden hasta llegar a aumentar el número de hectáreas sembradas, como pareciera ser el caso de la coca en la actualidad. Los campesinos tienden a sembrar más de lo perdido con la fumigación, anticipando futuras pérdidas. Los precios locales de la coca suben en ciertas áreas por la escasez temporal, lo cual estimula a otras personas a entrar en la economía de la coca.

Si el desplazamiento de cultivos dentro del país no logra restablecer la oferta con rapidez suficiente, no resulta difícil compensar el déficit a escala internacional. La rigurosa revisión de cifras llevada a cabo por Vargas sugiere que las tendencias ascendentes y descendentes de la cultivación en los países involucrados están fuertemente influenciadas por la dinámica internacional del mercado ilícito. Pareciera existir una relación de 'vasos comunicantes' entre las cifras por país, restableciéndose en forma automática un cierto equilibrio global entre la oferta y la demanda. La erradicación u otros esfuerzos antidroga dirigidos a la oferta no han logrado romper esta lógica. (6) La dura realidad de la incapacidad demostrada para reducir forzosamente el suministro de droga a nivel internacional 'acudiendo a la fuente' hace de la estrategia de fumigación un vano ejercicio.

La misma lógica de los 'vasos comunicantes' es aplicable a nivel doméstico, tal como lo han llegado a reconocer funcionarios de EEUU, como por ejemplo el Sub-secretario de Estado, Rand Beers, en testimonio reciente ante el Congreso: ""En 1998, la campaña conjunta emprendida por la Policía nacional de Colombia y el Departmento para asuntos internacionales de drogas y aplicación de la ley antidelictiva asperjó cantidades sin precedentes de coca en más de 65.000 hectáreas. En la región del Guaviare, la que ha sido el centro de la industria cocalera y donde se ha concentrado la mayoría del esfuerzo de fumigación, el cultivo disminuyó más del 30% en los últimos dos años y muy pocos cultivos nuevos han sido reportados. Incursiones parecidas se realizan actualmente en la región del Caquetá. Por desgracia, este éxito es contrarrestado por la incapacidad de los aviones de aspersión aérea para penetrar en la región del Putumayo, donde los cultivos de coca aumentaron un asombroso 330% en los útimos dos años. Es obvio que el centro de gravedad de la industria cocalera colombiana se ha desplazado. (7)"

Este reconocimiento hace que las diversas agencias de EEUU aumenten su presión para intensificar las operaciones de riego en Colombia, ampliar el programa en el Putumayo, financiar y entrenar un Batallón del ejército antidrogas para apoyar los esfuerzos de erradicación en la región, y promover el uso de herbicidas granulares más fuertes y más dañinos con el programa de erradicación aérea. Han sido llevados a cabo experimentos ilegales con Imazapyr, por ejemplo, a pesar de la oposición expresada por el Ministerio colombiano del medio ambiente.

Recientemente, la presión por utilizar herbicidas granulares parece haber cedido, a fin de que Colombia acepte poner en marcha un programa de experimentación con un agente de control biológico, un hongo herbicida que podría destruir la coca y la amapola. A comienzos de la década de los noventa, una epidemia de hongos "Fusarium oxysporum" afectó sustancialmente los campos cocaleros del Perú. A partir de entonces, la idea de poder inducir en forma artificial una epidemia de esta naturaleza es considerada la 'bala de plata' potencial de la guerra contra las drogas. Se sabe muy poco sobre los posibles peligros de la introducción masiva en el ecosistema de micoherbicidas geneticamente manipulados, o de su potencial para atacar otras especies de plantas ('la seguridad de las especies no combatidas'). Serían impredicibles los efectos de una eventual erradicación de toda una especie de plantas como consecuencia de un genocidio herbal de este tipo. Hasta ahora, el "F. oxysporum" no parece ser específico (especializado en un sólo hospedante), como pudieron constatarlo los campesinos peruanos durante la epidemia del Valle del alto Huallaga. Aparte de la cepa 'EN-4' empleada en el programa de erradicación de coca, se han realizando experimentos con otras cepas de "F. oxysporum"también a ser utilizadas contra la marihuana y la amapola. (8)

Este programa de microherbicidas amenaza con comprometer directamente a la ONU en la erradicación forzosa y la fumigación, algo de lo cual el Programa internacional de control de la droga de la ONU se había mantenido distanciado todo este tiempo. Durante dos décadas el 'Grupo de expertos sobre medios ambientalmente seguros para la erradicación de plantas narcóticas' ha funcionado a la sombra de la Comisión de estupefacientes de la ONU. Ahora, sin embargo, ha llegado a una etapa operativa dentro del PNUFID, bajo la dirección de Pino Arlacchi. En 1998 comenzó un proyecto patrocinado por el PNUFID en Uzbekistan, para llevar a cabo experimentos de campo con otro hongo -descubierto en un antiguo laboratorio Sowjet - y medir su efectividad contra la amapola. (9) Los planes para el proyecto colombiano han sido preparados por el Servicio especializado de investigación agrícola del Departamento de agricultura de los EEUU. En 1998, el Congreso de EEUU aprobó la suma de 23 millones de dólares para reforzar la investigación y llevarla hasta su etapa operativa. En carta dirigida al Presidente Clinton en agosto de 1999, dos líderes republicanos del Congreso, el líder de la mayoría en el senado, Trent Lott, y el interlocutor ante la Cámara de representantes, Dennis Hastert, solicitan ""el pronto despliegue de micoherbicidas en zonas controladas por las FARC y el ELN"." Aunque todavía no ha sido anunciado publicamente, parece que el PNUFID considera en la actualidad brindar su apoyo a la realización de pruebas de campo relacionadas en Colombia. En mayo de 1999, una solicitud de acción del Departamento de Estado dirigida a las embajadas involucradas confirmaba que están dispuestos a suministrar USD 400,000 para la etapa piloto del proyecto: ""Sin embargo urgimos al PNUFID solicitar fondos de otros gobiernos, para evitar dar la impresión de que ésta sea únicamente una iniciativa del gobierno de EEUU."" Al dar este paso, PNUFID amenaza con abandonar el rumbo más cauteloso que había tomado hasta el momento en Colombia, plasmado en un proyecto piloto de desarrollo alternativo dentro de la zona desmilitarizada, que es un intento por contribuir a crear un clima de confianza entre las partes negociantes en torno al tema de los cultivos ilícitos. Asumir un papel activo en la promoción de un programa de micoherbicidas tan controvertido como éste puede comprometer seriamente estos esfuerzos significativos. Podría además dificultar el camino para una mayor participación de la ONU en el proceso de paz.

En lugar de escalonar la situación, es decir, de aplicar más y con mayor vigor la misma estrategia que ya ha demostrado ser un fracaso, reconocer este fracaso debería conducir a una re-evaluación. Rubén Olarte Reyes, director de la Dirección nacional de estupefacientes, parece haber llegado a la misma conclusión: ""¨Por desgracia debemos reconocer que la erradicación de cultivos de la manera como se ha llevado a cabo hasta hoy ha fracasado.""[...]""Sin lugar a dudas tendrá que hacerse una revisión muy a fondo del programa de erradicación de cultivos.""(10)

Al posesionarse el presidente Pastrana en agosto de 1998, se recrudecieron el debate en torno a cómo manejar la cuestión de los cultivos ilícitos durante las negociaciones de paz y la controversia frente al posible empleo de herbicidas granulares. Un coro creciente de voces en Colombia reclamó a Estados Unidos frenar su agresiva política de fumigación. La Defensoría del Pueblo emitió un fuerte informe denunciando las consecuencias ambientales y sociales de la fumigación e instando a suspenderla. Jorge Devia, gobernador del departamento del Putumayo, escenario donde en este momento se intensifican los esfuerzos de fumigación, declaró que la erradicación aérea financiada por EEUU ha obligado a los campesinos de la coca a adentrarse mucho más en la selva, además envenenando cultivos legítimos y creando un resentimiento entre los campesinos susceptible de favorecer a las guerrillas de izquierda: ""Los campesinos simplemente cortarán más árboles y sembrarán más coca.""Augusto Ramírez Ocampo, ex-Ministro de relaciones exteriores e integrante de la Comisión Nacional de Paz, estuvo de acuerdo: ""El tráfico de drogas es el combustible que mantiene ardiendo el conflicto. [...] Las negociaciones de paz tendrán que estar basadas en un plan de desarrollo, y ese plan tendrá que incluir alternativas reales al cultivo de los narcóticos"."No se puede basar en la fumigación de cultivos, ""eso no ha funcionado.""Juan Mayr, el nuevo Ministro del ambiente de la administración Pastrana, ha dicho textualmente: ""No podemos fumigar el país permanentemente.""El coro de la oposición cuenta con el apoyo de Klaus Nyholm, director del PNUFID en Colombia:" "La fumigación no es efectiva,""ha sostenido en numerosas ocasiones, ""no creo que se pueda salir de este embrollo a punta de fumigaciones." (11)"

El presidente Pastrana presentó la visión detrás del'Plan Colombia' como una transformación de las áreas de cultivación ilícita en" "desarrollos agrícolas económicamente rentables para nuestros campesinos, en santuarios ecológicos donde florezca el turismo que respeta la naturaleza y sean protegidos ecosistemas vulnerados por la narcoproducción"." Destacó su preferencia por una política frente al cultivo de drogas ""no contaminante ni destructiva""[...] ""no podemos hablar sólo de represión, fumigación y erradicación"."[...]" "Cuando en los últimos cuatro años vemos que las hectáreas cultivadas de coca han pasado de ser 40.000 a ser 80.000, algo malo está pasando. Y si a eso le agregamos que el medio ambiente está siendo destruido, tenemos que buscar una estrategia diferente."" Pastrana increpó a los congresistas republicanos de EEUU su mentalidad cerrada, al seguir porfiando en ""la tesis simplista de una guerra frontal contra el tráfico de la droga"" con un énfasis continuado en la fumigación aérea. (12)

A partir de entonces, no obstante, los funcionarios de EEUU han enfatizado una y otra vez que sólo apoyarán las iniciativas de paz de Pastrana bajo la condición de continuar adelantando el programa de fumigación aérea. Philip Chicola, por ejemplo, director de la Oficina de asuntos andinos del Departamento de Estado declaró ""los esfuerzos antinarcóticos entre E.U. y Colombia, incluyendo la erradicación aérea, no son negociables y continuarán." (13)" Rand Beers, en el testimonio suyo ante el Congreso ya citado, adujo: ""Le hemos puesto en claro a todas las partes implicadas que el proceso de paz no debe interferir en la cooperación contranarcóticos, y que cualquier acuerdo alcanzado deberá permitir la expansión continuada de todos los aspectos de esta cooperación, incluyendo la erradicación aérea.""

Por consiguiente el coro de oposición comenzó a cantar más bajito en Colombia, y el borrador del Plan Colombia se convirtió en sujeto de negociaciones con Washington. Como resultado, el presidente Pastrana deberá intentar ahora reunir USD 3.5 billones en fondos internacionales para adelantar un plan plagado de contradicciones, que intenta llegar a un compromiso entre enfoques mutuamente excluyentes con respecto al nexo 'drogas y paz'. Por un lado, apela a los sectores de Washington enfrascados en intensificar y militarizar los esfuerzos de erradicación forzosa. El 'Plan Colombia: plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado' en su edición publicada en octubre de l999 afirma: ""Fortalecer y aumentar el empleo de operaciones de seguridad combinadas durante las operaciones de fumigación y erradicación. Apoyar las nuevas estrategias bajo el Programa internacional de control de drogas de la ONU para experimentar con y desarrollar agentes de control biológico seguros y confiables, proporcionando de esta manera nuevas tecnologías de erradicación."" Por parte de EEUU, el 'Acto Alianza' introducido en el Senado en octubre de 1999 implica un total de USD 1.6 billones, principalmente destinados a apoyar estas secciones del Plan Colombia.

Por otra parte, el Plan busca obtener financiación para programas de desarrollo alternativo a gran escala, sobre todo por parte de Europa y la ONU. Una mesa internacional de donantes será convocada para ello en el 2000. En un intento por darle algún sentido a este matrimonio destinado al fracaso entre dos estrategias enfrentadas, PLANTE y la Policía anti-narcóticos están atareados hoy en dia dividiendo el país en áreas destinadas a la fumigación y las operaciones militares antidroga, por una parte, y áreas destinadas al desarrollo alternativo por otra parte. Para decirlo cínicamente, unos 26 municipios colombianos se convertirían en enclaves para que Europa y las Naciones Unidas puedan invertir sus presupuestos de desarrollo rural, en tanto la guerra contra las drogas comete estragos en el resto del país. Es una táctica arriesgada, por decir lo menos, considerando la tasa actual de desplazamiento de los cultivos, el rumbo impredicible del conflicto armado, combinado con la vinculación innegable entre el objetivo antidroga y el contrainsurgencia, y considerando además el tiempo requerido para que el desarrollo orientado por la sustitución gradual de cultivos prenda raíz. La situación es más grave, todavía, si se trata de propagar por medios artificiales una epidemia de hongo herbicida, la que no puede confiarse de ninguna manera respetará fronteras municipales.

Es nuestra esperanza y nuestra convicción que el estudio de Ricardo Vargas sirva para sustentar de una manera científica las graves preocupaciones ya presentes al interior de la sociedad colombiana sobre los impactos diversos de la política actual de erradicación de cultivos ilícitos, y que éste contribuya a cambiar el rumbo ya tomado. Traigamos a colación las palabras de Eduardo Verano de la Rosa, ex-Ministro del medio ambiente, al oponerse a la presión ejercida por EEUU tendiente a introducir el empleo de herbicidas granulares más potentes: ""Cualquier país amigo puede proponer lo que considere conveniente para la lucha contra el narcotráfico, pero es nuestro deber como autoridades colombianas tomar decisiones autónomamente." (14)" Si no es posible convencer a Washington de lo irracional y contraproducente que resulta su política de fumigación y militarización, el gobierno colombiano podría, y debería, reunir apoyo entre el resto de la comunidad internacional para restablecer la coherencia en su política relacionada con los cultivos ilícitos y el proceso de paz, y para apoyar una decisión que lleve a su fin la política de arruinar el futuro del país. Esta decisión crucial debe ser tomada a favor de la cordura, en defensa del campesinado cuyo sustento está siendo destruido, y con el fin de preservar el ambiente y mejorar las perspectivas de paz.

Referencias

1. "Colombia to Test Herbicide against Coca Crops", The New York Times, 20 de junio de 1998.
2. "Action Plan on International Cooperation on the Eradication of Illicit Drug Crops and on Alternative Development" endosado por la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU, 8-10 de junio de 1998, números 17, 31 and 32.
3. Declaración de Rand Beers, Sub-secretario de Estado para el Departamento de asuntos internacionales de drogas y la aplicación de la ley antidelictiva ante el Grupo de trabajo del Senado sobre control internacional de la droga, 21 de septiembre de 1999.
4. El área total de la amazonia colombiana es de 40 millones de hectáreas, de las cuales 29 son bosque natural; La Orinoquia comprende unas 25 millones de hectáreas, con unas 3.5 millones de bosque natural. En toda América del Sur, el Departamento de agricultura de los EEUU (USDA) calcula que existen unas 650 millones de hectáreas aptas para sembrar coca.
5. Según información recopilada por la Consultoría para los derechos humanos y desplazamiento (CODHES), fueron desplazadas por lo menos 726.000 personas como consecuencia de la guerra entre agosto de 1994 y junio 1998, sumadas a los 700.000 colombianos desplazados entre 1985 y 1994.
6. Dentro del marco del Programa de drogas y democracia, se emprendió un estudio para revisar el impacto de una importante estrategia de interdicción de la oferta dirigida a bloquear el transporte aéreo de la pasta de coca y cocaina en la región andina amazónica. El informe titulado "The Drug War in the Skies. The US 'Air Bridge Denial' Strategy: The Success of a Failure" (TNI y Acción Andina, mayo de 1999) llega a las mismas conclusiones.
7. Declaración de Rand Beers, Sub-secretario de Estado para el Departamento de asuntos internacionales de drogas y la aplicación de la ley antidelictiva ante el Grupo de trabajo del Senado sobre control internacional de la droga, 21 de septiembre de 1999.
8. Véase: Fungus Eyed As Drug Crop Killer, Associated Press, 22 de octubre de 1998; Biological Roulette: The Drug War's Fungal Solution? Covert Action Quarterly, Washington, primavera de 1998; y Entrevista Benjamin Gilman, Revista Semana, 12 de octubre de 1998, donde Gilman, Presidente de la Comisión de relaciones exteriores de la Casa de representantes de los EEUU, declara con relación al hongo: "Se espera que en dos años pueda comenzar a ser usado. Lo que le puedo decir es que parece que es extremamente efectivo, no es costoso, no afecta el medio ambiente y es una buena manera de erradicar la coca."
9. Documento del proyecto AD/RER/98/C37de UNDCP. Se experimenta con varios hongos pero el centro de la atención es el "Dendryphion papaveraceae". El proyecto de Uzbekistan está financiado conjuntamente por los gobiernos del Reino Unido y los Estados Unidos.
10. "Colombia Calls Drug Crop Eradication A Failure", Reuters, 9 de septiembre de 1998.
11. Véase: ""Las Farc quieren romper con narcos"", El Espectador, julio 26 1998; "Drug Eradication Programme Fails", Associated Press, agosto 16 de 1998; "Colombian Farmers Cultivating More Coca Crops Than Ever", The Houston Chronicle, agosto 23 de 1998; "Colombia Fights its Dependence on Coca Economy," The Miami Herald, agosto 31 de 1998;""y" Colombia's Way to Halt Drugs and Aar at Once", Christian Science Monitor, septiembre 16 de 1998.
12. Véase: Colombia's Pastrana: US Is Politicizing Drug War, Reuters 20 Sep 1998; Fumigación, piedra del escándalo, El Espectador 17 de octubre de 1998; "Paz no puede ser narcotizada por el mundo", El Espectador 23 de octubre de 1998.
13. "Cuatro ases de Pastrana en busca de la paz", El Espectador 5 de enero de 1999.
14. Un herbicida en aprietos, El Espectador 15 julio de 1997.