Un peligroso plan para Colombia

18 Julio 2005
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Mariano Aguirre

Un peligroso plan para Colombia
Mariano Aguirre
Recol, 5 July 2000

En la primera semana de julio el futuro de Colombia se debatió en España. Tanto entusiastas como críticos del denominado Plan Colombia organizaron sesiones de trabajo para presentar sus puntos de vista y discutir la viabilidad de este ambicioso y contradictorio proyecto ideado por el gobierno del presidente Pastrana.

El Plan Colombia tiene una parte militar y una civil. Será organizado por el gobierno de Bogotá, y estará financiado por donantes externos, especialmente EEUU, la Unión Europea y Japón. Este proyecto está orientado a consolidar el Estado colombiano frente a los dos grupos de guerrillas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y a combatir el narcotráfico.

La racionalidad que le anima es que destruyendo los cultivos ilícitos que constituyen la base de las drogas se privará a las guerrillas de uno de sus más fuertes ingresos. A la vez, las transferencias de armas y asesoría militar permitirá al gobierno ser más fuerte en la negociación.

El gobierno de Pastrana abrió negociaciones con las FARC en 1999 y les entregó una inmensa parte del territorio para que lo gestionen mientras se negocia. Esta región, conocida como zona de despeje o FARCALANDIA, es, de hecho, un Estado precario dentro de un Estado frágil. La política de Pastrana de negociar y a la vez usar la ayuda de EEUU para combatir a la guerrilla servirá para que las FARC incrementen su actividad, dado que se negociará desde la fuerza. Por otra parte, si las negociaciones fallan, ¿se lanzará el gobierno a recuperar la zona de despeje con los helicópteros de EEUU y las nuevas fuerzas de intervención que está preparando?

El gobierno de Bill Clinton -con el apoyo de la mayoría de los representantes en el Senado y el Congreso- es el actor más entusiasta de este proyecto que acaba de ser aprobado en el Congreso de EEUU. En los próximos meses empezarán a fluir hacia ese país de América Latina la primera parte de los 1.300 millones de dólares. El gobierno de Pastrana afirma que ahora es necesario consolidar la ayuda civil, para ofrecer al campesinado que sustituya sus cultivo ilícitos por otros legales. Y espera que la Unión Europea le brinde esa ayuda.

Las críticas al Plan Colombia son numerosas. En EEUU grupos de derechos humanos, ONG, analista y algunos congresistas se han opuesto vehementemente. Introducir en ese país armas sofisticadas y asesores será como echar gasolina al fuego ya que vive en un proceso de violencia creciente, desigualdad aguda, pobreza, corrupción del Estado, desintegración territorial, y una cada vez más terrible crisis humanitarias con alrededor de 1.5 millones de desplazados.

El Plan, por otra parte, no cuenta con medidas para disolver a los paramilitares, una fuerza de alrededor de 30.000 personas armadas y auspiciadas por las mismas fuerzas armadas colombiana y los grandes hacendados (algunos de ellos líderes del narcotráfico que se benefician del desplazamiento de pequeños campesinos de sus tierras). Respecto del narcotráfico, el Plan penaliza a los campesinos que se dedican a cultivar la base de la droga porque no encuentran beneficios ni estímulos en producir otros bienes, pero no presta atención a los grandes intereses del narcotráfico. El resultado es que a través de políticas de fumigaciones aéreas se arrasará con tierras cultivables, se generarán más desplazados interiores y no se tocará a los dueños del gran negocio. Como ocurrió antes en Bolivia y Perú, la producción se desplazará a otras zonas u otros países.

Amnistía Internacional (AI), por ejemplo, considera que el Plan Colombia se basa en un análisis equivocado, ya que toma la cuestión de las drogas como explicación. A la vez, ignora el papel del Estado y evita ocuparse de las raíces del conflicto y de la crisis de derechos humanos, y no recupera las recomendaciones hechas por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos. AI teme que la ayuda militar pueda ser usada por los grupos paramilitares y que, inclusive, los paras sean integrados en la estrategia militar contra la guerrilla.

EEUU ya ha aprobado el Plan y ahora le corresponde a la Unión Europea adoptar una posición común y coherente. Algunos países, como Holanda, Bélgica, Francia, Suecia y Alemania, tienen posturas críticas. España podría ser el líder, en cambio, en apoyarlo. En este caso es preciso que el presidente José María Aznar revise la historia de Vietnam entre 1960 y 1975 (ayuda militar e implicación masiva de fuerzas de EEUU) y la de El Salvador en la década de 1980 (ayuda militar masiva y asesores de EEUU). En ambos casos el resultado fue una destrucción masiva de esos países, y unos resultados negativos para la política de Washington. Si se le suman, en este caso, la economía política ilegal del narcotráfico y el alto número de actores armados -desde las fuerzas armadas y los paramilitares hasta la delincuencia criminal- puede agravarse la tragedia.

La tendencia del gobierno español a alinearse con EEUU sería, en este caso, una grave frivolidad. Europa debe colaborar en un plan de paz, desarrollo, reforma del Estado, reinstitucionalización y democratización del Estado colombiano en el que participe el gobierno y la sociedad civil. Y nada de esto se conseguirá siendo la parte asistencial en la guerra de los 1.300 millones de dólares que está a punto de comenzar.

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