Una superpotencia en constante declive

01 Diciembre 2005
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A la crisis que atraviesa el gobierno de George W. Bush en el plano interno, se le suma la cada vez más errática política internacional de la Casa Blanca. Estos síntomas sólo expresan las consecuencias de la pésima administración de Bush o, a su vez, implican el comienzo del ocaso de la gran potencia mundial.

El ex presidente Jimmy Carter acaba de manifestar su preocupación por los cambios que el gobierno de George Bush Jr. ha dado a los principios que regían su país. En particular, se alarma ante las restricciones a la información de los ciudadanos en Estados Unidos, el recorte de libertades bajo el Acta Legal Anti Patriótica, la falta de respeto por los disidentes, las políticas fiscales que afectan negativamente a los sectores más pobres. A todo eso le suma la disposición del Gobierno a practicar la guerra preventiva, a no fortalecer el régimen de control de armas de destrucción masiva, la política agresiva hacia Naciones Unidas, las violaciones de Derechos Humanos y la negativa a respetar la Convención de Ginebra (Los Angeles Times, 14/11/2005).

La crítica de Carter se une a la del conservador Brent Scowcroft, ex consejero de Seguridad Nacional de George Bush padre, que en The New Yorker (31/10/2005) ataca a la Administración por la fracasada guerra en Irak, y a los neoconservadores por la utopía de querer democratizar Oriente Medio. Algo similar piensa otro ex consejero de seguridad nacional, Zbygniew Brzezinski (en la revista The American Interest, Otoño 2005). Por su lado, James Moore, autor del libro Rove Exposed: How Bush's Brain Fooled America, considera que la democracia en Estados Unidos está distorsionada: "Conducida por mercenarios, la influencia y el poder está en las manos equivocadas. Los votantes eligen a consultores, no al Congreso".

Hasta hace pocos años un amplio sector político en el mundo reconocía a Estados Unidos como país líder de la democracia y la libertad. Ahora hay serias dudas, dentro y fuera del país. "No podemos dejar de contar con Estados Unidos -indicó recientemente al autor de este artículo un diplomático europeo- pero es muy difícil trabajar con Washington." Muchos analistas hacen esfuerzos por rescatar las antiguas virtudes cuando analizan las políticas que están poniendo a ese país en un serio atolladero. Otros se preguntan si esta es una crisis circunstancial de un gobierno, o son signos de un declive de largo plazo del país.

Frentes de guerra internos

La crisis que afronta la presidencia de Bush es muy seria. James Thurber, de la American University, dice al Financial Times: "El programa de gobierno del Presidente está muerto". Esto se debe a escándalos en su Administración relacionados con corrupción, el uso ilegal de información, la represalia a funcionarios, las manipulaciones de la prensa, las mentiras sobre Irak, los 2.100 muertos en la guerra y la notable incapacidad de protección de la propia población cuando sucedió el huracán Katrina.

Bush ve cómo sus asesores son llamados por la Justicia, su candidata al Tribunal Supremo es rechazada por su base conservadora, el Senador republicano John McCaine lidera una ley que explícitamente prohíbe torturar al gobierno. Por su parte, el Congreso le exige que dé una fecha de salida para las tropas de Irak. Del 86 por ciento del electorado que lo apoyaba hace tres años, ahora sólo le queda un 26 por ciento. Igualmente, el 41 por ciento piensa que Dick Cheney -a quien el Washington Post denominó hace pocos días "el vicepresidente de la tortura" por su empeñó en que la CIA pueda aplicar "interrogatorios agresivos"- ha hecho algo mal.

En este contexto, el periodismo aumenta sus críticas, algunos neoconservadores que lo apoyaban se pasan al bando crítico, como Francis Fukuyama, y el Partido Demócrata toma cierta iniciativa. Anteriores presidentes pudieron salvar las crisis que tuvieron en los segundos mandatos gracias a eventos en el extranjero (la caída de la URSS para Ronald Reagan, las negociaciones de paz en Medio Oriente para Bill Clinton), pero el mundo exterior es hostil para el presidente de Estados Unidos.

Rechazos globales

El aislamiento de Bush en la reciente reunión en la Argentina con jefes de estados latinoamericanos fue evidente. Washington encontró serias reticencias a expandir la zona de libre comercio y un clima general que le indicó que en América latina ya no es tan sencillo imponer criterios. Igual rechazo recibió de gobiernos moderados, como el chileno, semanas atrás en la cumbre de Salamanca (España), cuando no logró frenar que se condenara el bloqueo a Cuba. Mientras tanto, en Naciones Unidas 182 Estados votaron contra Estados Unidos y sólo tres aliados para que se levante ese bloqueo.

En China, hace pocos días el Presidente fue recibido por una potencia en ascenso, creciente competidor comercial con un mercado necesario para la economía estadounidense y un gran poder militar. Las críticas de Bush a la falta de libertad religiosa y sus apelaciones a los Derechos Humanos fueron mensajes para la poderosa base religiosa evangelista en Estados Unidos. Pero el gobierno chino sabe que Washington no impulsaría ningún tipo de sanciones o restricciones comerciales: Estados Unidos tiene un fuerte déficit comercial con China y su economía depende en gran medida de ese mercado.

El viaje de Bush a la región asiática no logró proyectar autoridad. Por el contrario, Corea del Sur aprovechó para anunciar la retirada de sus 3.200 soldados de Irak, y los Estados miembros de la Asia Pacific Economic Cooperation indicaron al presidente que la lucha contra el terrorismo debe desarrollarse respetando el derecho internacional y los Derechos Humanos. Tanto en América latina como en Asia, Bush comprobó que no es fácil promocionar los Derechos Humanos, mientras que lucha por tener mano libre para torturar en Guantánamo. Como indicó The Financial Times: "El viaje del Presidente sirvió para comprobar el declive de la influencia de Estados Unidos en la región asiática".

Rusia tampoco es un frente tranquilo. Washington precisa el apoyo de Vladimir Putin para presionar a Irán y Corea del Norte, y garantizar futuras explotaciones de petróleo en el Cáucaso. Pero desde Moscú se considera a Estados Unidos como un riesgo para la seguridad de Rusia. Los cambios políticos en Ucrania y la ampliación de la OTAN, entre otros factores, son interpretados como amenazas ante las cuales Putin refuerza su alianza militar con China.

En las relaciones con Europa las cosas no van mejor. Mark Leonard, del Centre for European Reform, indica que alrededor de 70 países están vinculados a Europa por comercio, ayuda e inversiones, y menos relacionados con Estados Unidos. De forma más inmediata, Bush querría que sus aliados enviaran fuerzas a Irak para reducir las tropas estadounidenses, pero no hay ningún signo en esa dirección.

En Afganistán, entre tanto, España, Francia y Alemania se han negado a expandir el mandato de su fuerza de mantenimiento de la paz para librar la "guerra contra el terrorismo" como pide Washington. Para complicar las cosas, la Unión Europea prepara un pedido formal de información a Washington sobre el uso de aeropuertos europeos para transportar ilegalmente prisioneros que fueron llevados a países donde se practica la tortura.

Cambios y realineamientos

El historiador Immanuel Wallerstein considera que ni Europa ni China ni Rusia quieren enfrentarse a Estados Unidos, pero el país ha perdido poder de negociación debido a su declive económico y a la guerra en Irak. Otros países del Sur, como Brasil, India o Sudáfrica, aprovechan el vacío parcial de poder hegemónico para ganar espacios.

No parece probable que durante esta Administración se revierta la tendencia a la pérdida de legitimidad. Ese declive de largo plazo, no necesariamente el colapso, de una potencia de su envergadura traerá inestabilidades, reposicionamientos y oportunidades a las que gobiernos y sociedades deberán estar atentos.

Autores en un espectro ideológico variados, como Wallerstein, Eric Hobsbawm, Immanuel Todd o Zbigniew Brzezinski, consideran, también, que el mundo es demasiado complejo para ser dominado por una sola potencia. Si, además, esa potencia pretende dirigir el mundo usando la fuerza militar y la bravuconería como políticas, puede producir serias desestabilizaciones en el sistema internacional y tensiones sociales entre liberales y conservadores dentro de Estados Unidos. Paradójicamente, cuanto más se empeñe en esta política de ataque a la ONU, desprecio hacia los aliados europeos y uso de la fuerza militar, Washington tendrá menos influencia y poder. ¿Será la era Bush recordada como un sobre esfuerzo neoimperial, caro, inútil y destructivo, en el marco de una larga caída de la hegemonía global estadounidense?