Vida y muerte comerciales cerca del Mississippi

19 Junio 2008
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En junio de 2008, Tom y Huck ** (Saul y su amigo Marin) regresaron como dos hombres mayores, no en una balsa, sino en un auto alquilado, conduciendo desde Nueva Jersey hacia el Sur y luego al Oeste, a través de Pennsylvania, Maryland, Virginia Occidental, Kentucky, Indiana e Illinois, donde se ve el río Mississippi cerca de Murphysboro. Habíamos viajado por el territorio en el que Daniel Boone había cazado osos, por el que Lewis y Clark habían pasado dos siglos atrás, antes de que lo atravesaran las autopistas de cuatro vías con caras áreas de descanso de gasolineras y comida rápida. Nos dirigimos hacia el territorio por el que hicieron su viaje por río Louis Joliet y Pere Jacques Marquette en 1673 con un guía indio. Una década más tarde, en 1682, los franceses Ferdinand La Salle y Tonty viajaron río abajo en canoa y conocieron y entretuvieron a algunos indios. Descifrando el galimatías que casi todos aprendimos en la escuela elemental, he aquí lo que sucedió. Después de tocar un poco el violín, el sacerdote que acompañaba a los "exploradores" hizo algunas ceremonias misteriosas con una cruz. Los indios aplaudieron la actuación y los chanchulleros interpretaron esto como una aprobación formal de entrega del valle del río Mississippi al rey Luis XIV. En el Tratado de París de 1763 --final de las guerras Francesa e India-- Francia cedió su mal habido territorio a Inglaterra. Gran parte de esta vasta región que el sacerdote y los acaparadores de tierra franceses le arrebataron a las naciones indias por medio del engaño "pertenecían" a Inglaterra. La revolución norteamericana rectificó eso. Según el Tratado de París de 1783, el Mississippi "permanecerá siempre libre y abierto a los sujetos de Gran Bretaña y a los ciudadanos de Estados Unidos". En 1803 Thomas Jefferson compró la tierra que los franceses robaron a las naciones indias. Le pagó a Napoleón casi nada por la inmensa cantidad de bienes raíces, pero pudo habérselas arrebatado. Por esa época el Napo estaba enfrascado en guerras imperiales en Europa. Demos un salto de dos siglos hasta la moderna Cairo, Illinois, donde el Ohio se encuentra con el Mississippi. Casi todos los negocios del centro han cerrado. Abundan las casas vacías entre las viviendas destartaladas. El censo del 2000 estimó que aproximadamente 61% de los niños de Cairo en edad escolar vivían en la pobreza, el lugar 15 en Estados Unidos. Las calles de Cairo parecen la escenografía de un filme de un pueblo moribundo, repleto de casas con ventanas rotas, tiendas con tablones clavados en la fachada y gente pobre merodeando. Hasta su Parque Estatal Fort Defiance, que domina la confluencia de los ríos Ohio y Mississippi, está en decadencia. Desde el cemento rajado de la torre de observación vimos las barcazas que navegan lentamente río abajo. Desde la confluencia miramos hacia Kentucky a un lado y Missouri del otro. La Compañía de Canal y Ciudad Cairo fundó Cairo en 1837. El Ferrocarril Central de Illinois pasaba por allí a fines de la década de 1850 y la ciudad se convirtió en un importante puerto fluvial con su propia Aduana, actualmente un museo con pocos visitantes. En la orilla, los restos de botellas de plástico y vidrio provenientes de fiestas informales permanecen en espera de que los futuros arqueólogos descifren el significado de la vida cultural moderna en el Mississippi de 2008. ¿Tragedia o solo evolución? No es una pregunta que uno haría a los descendientes de los cherokees en el cercano Parque Estatal Sendero de Lágrimas. La mujer de mediana edad que nos preguntó si necesitábamos ayuda en el centro de visita fue despedida de su trabajo anterior en un asilo de ancianos y ahora trabaja como guía de los visitantes. Nos dice que es descendiente en parte de cherokee. Cuando ella era niña su abuelo le contó lo que su padre le había dicho de cómo en 1830 el Presidente Andrew Jackson había hecho que el Congreso aprobara La Ley de Traslado de los Indios para poder negociar tratados con las naciones indias. Si se marchaban de sus tierras, Jackson prometió que podrían asentarse en nuevas y buenas tierras al oeste. Durante los siete años subsiguientes Jackson trasladó a unos 50 000 indios. No pudieron evitar abandonar mil millones de hectáreas de bosques y granjas a cambio de reservaciones de polvo árido al oeste del Mississippi. Los creeks y seminolas se negaron. Jackson ordenó al ejército que los sacaran a punta de pistola o cargados de cadenas ¿El motivo de Jackson? "Colonizadores" blancos --¿especuladores?-- habían fijado sus ambiciosos ojos en la tierra cherokee. Los cherokees llevaron su caso hasta el Tribunal Supremo en 1831 reclamando su soberanía. En 1832 el Supremo decidió que los cherokees tenían derecho a la tierra, pero Jackson se burló de la decisión. "El juez Jackson ha dictado su fallo, ahora que lo haga cumplir." Buen ejemplo de la separación de poderes y de su control y equilibrio. La legislatura de Georgia ofreció a los blancos las tierras ancestrales de los cherokees, a pesar de que los indios aún las habitaban. El jefe cherokee John Ross se negó a firmar el tratado por el que Jackson les cambiaba buenas tierras por "tierras de reservación" desconocidas. Jackson encontró a un falso jefe indio que firmara en 1833. Presento el documento fraudulento al Congreso, el cual ratificó el Tratado de Nueva Echota en 1835. "El coronel Jackson era un maldito traidor", declaro la mujer del centro de visitantes. "Los cherokees lucharon por él en la guerra de 1812, y así fue cómo él los recompensó. Les quito la tierra porque era valiosa y sus socios políticos la querían". Los agricultores y promotores blancos de bienes raíces adoraban a Jackson. Los cherokees dejaron un Sendero de Lágrimas cuando los obligaron a abandonar sus granjas en el este y marchar por terrenos inhóspitos en el invierno hasta Oklahoma. Miles murieron; una nacionalidad coherente se perdió con la tierra. A los niños en la escuela primaria aún se les enseña la gloriosa colonización del Oeste, el cual los indios ya habían colonizado. Mientras viajábamos por carreteras que bordean las riberas del Mississippi, vimos la rica agricultura. Pero los pequeños agricultores que se beneficiaron de la perfidia de Jackson hace mucho que dieron paso a los consorcios agrícolas. Mano de obra barata trabaja las grandes extensiones de soja, algodón, maíz, trigo, sorgo y arroz. Los fumigadores cubren los cultivos de sustancias químicas. En su galardonado libro acerca de Jackson, el recientemente fallecido y elogiado historiador Arthur Schlesinger Jr. escribió: "El resentimiento de los cherokees hacia los blancos había estado creciendo y llegó a su cúspide cuando se descubrió oro en Georgia, e inmediatamente después de la aprobación de la Constitución de la nación cherokee y la creación del Tribunal Supremo cherokee. Poseídas de la 'fiebre del oro' y con una sed por la expansión, las comunidades blancas se volvieron contra sus vecinos cherokees". Schlesinger reconoció que "el mando y la vida (de Jackson) fueron salvados debido a 500 aliados cherokees en la Batalla de Curva de Herradura, en 1814". Él describió como "increíble" la expulsión por parte de Jackson de sus antiguos salvadores. "Sin embargo", continuó, "el gobierno de EEUU decidió que era hora de que los cherokees abandonaran sus granjas, su tierra y sus hogares". "Les llegó la hora a los indios. Mala suerte. Andando". Así aprenden historia millones de niños. Me pregunto si los maestros de las escuelas primarias israelíes usan un lenguaje similar al de Schlesinger. "El gobierno israelí decidió que ya era hora de que los palestinos abandonaran sus hogares." La población blanca, e incluso negra, de los pequeños pueblos de la pos guerra civil no han sufrido ese nivel de atrocidad, pero si han visto cómo su modo de vida ha sido absorbido por Wal-Mart. En Jonesboro, Illinois, donde Lincoln debatió con Douglas, Fred, un veterano de la guerra de Corea, observo que "Wal-Mart prometió todo a precios menores y ahora que han arruinado a los pequeños negocios, bueno, miren lo que se puede comprar, un montón de malos juguetes chinos y esas cosas". En el "distrito comercial" del cercano Bardwell, Kentucky, las otras ubicuas tiendas de un típico pueblo norteamericano estaban cerradas. Fred, quien trabaja como voluntario en el centro de visitantes en Jonesboro, sacude la cabeza. "La gente se va. No hay empleo. ¿Por qué alguien va a querer invertir aquí mucho dinero?" Sonrió. "Son otros tiempos", dijo, "y no se puede culpar de todo a Bush. Las fábricas comenzaron a cerrar bastante antes de que él descansara sus nalgas en la Oficina Oval". Rió con sorna. "El sí ha gastado bastante dinero nuestro en esa guerra de Irak. Pero aquí no vendrían negocios de todas maneras. Ya casi no quedan compañías de las que había cuando yo era niño". Él no mencionó a la Corporación New Page, la que emite un agrio hedor desde su planta de azufre en el cercano Wickliffe, Kentucky, (749 habitantes). La fragancia que arrasa el olfato casi nos hizo regresar a la autopista interestatal. En una era de fábricas en ruinas y almacenes vacíos, lo cual significa que casi todo el mundo pierde su empleo, "uno se acostumbra al olor", dijo un hombre de la localidad. Hickman y Dyersburg, los pueblos de Kentucky que encontramos camino a Memphis, paralelos al Mississippi, tienen una calle principal igualmente deprimente. Algunas tiendas de antigüedades han sustituido a las de confecciones, mueblerías, zapaterías y joyerías. Su muerte comercial es una comparación dramática con las repletas áreas de estacionamiento del Wal-Mart en las afueras del pueblo --la metáfora del pueblo pequeño en Estados Unidos a inicios del siglo 21. Una deprimente revelación para Tom y Huck.
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.