Los derechos humanos y las libertades fundamentales emanan de la dignidad y el valor de la persona humana. Son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí, lo que significa que nadie puede ser despojado de ellos por consumir drogas, plantar cultivos de uso ilícito o vivir con VIH. De hecho, la tendencia ha sido endurecer las leyes sobre drogas y las directrices para su penalización, estipulando mínimos obligatorios, penas de prisión desproporcionadas e incluso la pena capital en varios países. Sin embargo, el respeto de los derechos humanos al aplicar la legislación sobre drogas se están convirtiendo en elementos básicos de un creciente número de países.