Se necesita una distinción más sutil para definir las medidas de fiscalización de drogas adecuadas, dependiendo de las características concretas de las sustancias, sus riesgos sanitarios, las dinámicas de sus mercados y sus grupos de consumidores. Las listas de clasificación anexas a las convenciones de la ONU de 1961 y 1971 no ofrecen una diferenciación suficiente para facilitar intervenciones más focalizadas. Catalogar en una misma lista sustancias tan distintas como la coca, la cocaína, el cannabis, el opio y la heroína, ha obstaculizado el desarrollo de respuestas más concretas y eficaces que tengan en cuenta sus diferentes características y los motivos por los que se consumen.