En las últimas dos décadas, el controvertido concepto de ‘soberanía alimentaria’ —como proyecto y campaña política, como alternativa, como movimiento social y como marco de análisis— ha irrumpido en el discurso agrario global. Desde entonces, ha inspirado y movilizado a diversos públicos: trabajadores, académicos e intelectuales, agricultores y movimientos campesinos, ONG y activistas de derechos humanos en el Norte y el Sur Global. El término se ha convertido en todo un reto para la investigación en ciencias sociales, y ha sido interpretado y reinterpretado de muy diversas maneras por diferentes grupos y personas. De hecho, se trata de un concepto que, en términos generales, se define como el derecho de los pueblos a controlar o determinar democráticamente su propio sistema alimentario, y a producir alimentos suficientes y sanos de formas culturalmente apropiadas y ecológicamente sostenibles en sus territorios. En este sentido, abarca temas tan diversos como la política alimentaria, la agroecología, la reforma agraria, los biocombustibles, los organismos modificados genéticamente (OMG), la jardinería urbana, las patentes de formas de vida, la migración laboral, la alimentación de ciudades volátiles, la sostenibilidad ecológica y los derechos a la subsistencia.