La antiglobalización revive contra la crisis

Oscar Reyes sobre 10 años del movimiento antiglobalista
30 Noviembre 2009
In the media

El movimiento que atrajo a decenas de miles de jóvenes al grito de ¡Otro mundo es posible! cumple 10 años. La caída de Wall Street dio otro impulso a las redes

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Era el momento cumbre del "fin de la historia", la coronación del Consenso de Washington, el tiempo en que la crítica al capitalismo se asimilaba casi a la subversión.

Y de pronto, el 29 de noviembre de 1999, irrumpió en Seattle el torbellino de una nueva palabra: antiglobalización.

Hoy se cumplen 10 años de las manifestaciones que hicieron fracasar la cumbre de la Organización Mundial del Comercio y que desencadenarían en todo el planeta una cascada de movilizaciones al grito de ¡Otro mundo es posible!.

Diez años después, el movimiento que en su apogeo inundó el planeta de marchas multitudinarias contra la guerra de Irak nunca fue "antiglobalizador", sino contrario a la globalización capitalista ha perdido mucho del brillo que cautivó a centenares de miles de jóvenes.

Pero la crisis del capitalismo financiero le ha dado nueva vida.

Y algunos de sus planteamientos "subversivos" han sido asumidos por casi todos.

¿Hay alternativa?

"El neoliberalismo nos decía que no hay alternativa. La antiglobalización colocó un gran interrogante a este planteamiento y hoy la crisis económica ha mostrado el fracaso del modelo", subraya Oscar Reyes, del Transnational Institute, con sede en Amsterdam, al que está vinculado Susan George, cuyo Informe Lugano fue la biblia del movimiento.

El hundimiento de Wall Street ha sido una victoria póstuma de los manifestantes de Seattle. Pero ha habido más: el foro de Davos, el exclusivo club de las élites del capitalismo, ya es inconcebible sin la presencia oficial de ONG y de líderes izquierdistas; y el G-8, el foro de los países ricos, ha sucumbido a los feroces ataques de falta de legitimidad y ante la severidad de la crisis ha delegado en la práctica su acciónal G-20, que incluye también a países del Sur.

Agenda planetaria

Esos foros, además, han tenido que asumir compromisos en asuntos que eran bandera del movimiento antiglobalización. "El éxito principal ha consistido en colocar en la agenda planetaria un puñado de materias deuda externa y ecológica, feminización de la pobreza, decrecimiento, etc que estaban fuera de ella", sostiene Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

"En términos de confrontación argumental añade Taibo el progreso de los movimientos se ha solapado con una dramática crisis de credibilidad de instancias como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial ola Organización Mundial del Comercio".

Las propuestas más concretas también se han colado en el debate político oficial. El primer ministro británico, Gordon Brown, promueve hoy un impuesto a las transacciones financieras similar a la tasa Tobin que enarbolaron los antiglobalización y que ahora discute hasta el Financial Times.

En el Congreso de los Diputados opera una comisión para estudiar la posibilidad de aprobar una renta básica de ciudadanía, otra de las reinvindicaciones tradicionales del movimiento.

Y no hay organismo oficial que no sirva "café justo", con sello que garantiza que se pagó un salario decente al productor y que el cultivo respetó el medio ambiente.

"Hay muchas victorias, sí, pero son sólo simbólicas", opina Gemma Galdon Clavell, que militó en el Movimiento de Resistencia Global (MRG), uno de los grupos más originales que surgió en la efervescencia antiglobalización de principios de la década. Y añade: "La realidad es que Wall Street colapsó y nosotros no hemos tenido capacidad de movilización para incidir en el replanteamiento del sistema. Estamos bastante perdidos".

Fin de ciclo

A juicio de Galdon Clavell, investigadora del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Barcelona, el ciclo que arrancó en Seattle ya se agotó porque sólo podía llevar a victorias simbólicas. Lo define así: "Creíamos que era posible crear reivindicaciones genéricas que permitieran movilizaciones globales, que a su vez cambiarían las cosas sin la necesidad de tomar el poder. No era cierto".

Las grandes manifestaciones globales contra la guerra de Irak, en 2003, fueron el momento cumbre del movimiento hasta el punto de que se llegó a anunciar el nacimiento de una segunda potencia: la opinión pública mundial presionando desde la calle. Pero fue también su mayor fracaso: no logró detener la guerra, y muchos quedaron tan decepcionados que tiraron la toalla.

"En EEUU, el movimiento antiglobalización está en su mayor parte muerto", admite Bennett Baumer, activista de Indymedia, una de las herramientas de contrainformación que nacieron al calor de la antiglobalización. "¿Dónde está esa gente hoy? Imagino que algunos ayudaron a que Obama fuera elegido, otros encontraron trabajo en organizaciones sin ánimo de lucro o en universidades", apunta.

Sin embargo, el último Foro Social Mundial, celebrado el pasado enero en Brasil, fue el más multitudinario de la historia. La crisis ha despertado al movimiento. "Las redes existen y funcionan. El reto es ahora político: crear un polo político visible, que pueda ejercer de contrapoder", opina Carlos Prieto, fundador de la Universidad Nómada. El último capítulo aún está por escribir.

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