¿Lo mejor que puede hacer EEUU? -- Una crítica de No Se Ve el Fin

30 သြဂုတ်လ 2007
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စာေရးသူ
Un nuevo documental sobre la Guerra en Iraq no reconoce sus aspectos principales: las mentiras utilizadas para justificar la Guerra.
El público recibe diariamente una descarga tal de basura impresa, visual y de audio que su memoria histórica probablemente tiemble. Entre una noticia y otra acerca del calentamiento global y la carnicería en Irak, los medios confrontan a los lectores, televidentes y radioescuchas con sus inadecuaciones sexuales y consumistas. ¿Extraña a alguien que a los ciudadanos les cueste trabajo atender a las crisis globales? ¿Qué es más importante, el calentamiento global o el ardiente deseo por un iPhone y un remedio “aún mejor” que Viagra? La amnesia inducida por la publicidad crea una atmósfera ideal para que los charlatanes imperiales traten de imponer sus planes mediáticos. La guerra y la ocupación de Irak han atraído a conspiradores de toda laya. Kenneth Pollock nos aseguró que Saddam Hussein poseía ADM. Luego admitió su error. Ahora Pollock y su erudito colega de Brookings, Michael O’Hanlon, declaran que podemos ganar. (NY Times, 30 de Julio.) Ellos mismos lo vieron, porque pasaron un día en una excursión guiada por la zona verde de Bagdad. El senador Joe Biden, aspirante presidencial, ideó un plan original -- bueno, si uno no tiene en cuenta a los funcionarios coloniales británicos de hace un siglo-- para rediseñar las fronteras de Irak. Hillary se une a los frustrados funcionarios de la Administración para culpar al gobierno títere de Irak de la enredada situación. Bush culpa a los demócratas que querer tener un calendario de retirada en Irak. En un discurso el 24 de agosto ante los notorios halcones de los Veteranos de Kansas en Guerras Extranjeras, el Presidente se refirió a los horrores de la retirada prematura norteamericana de Viet Nam. ¿Quería decir Bush que más soldados norteamericanos debieron haber muerto allí antes de la retirada, o solo se refería a más muertos civiles vietnamitas? Incluso en la Universidad, Bush no entendió la historia ni se distinguió en la administración de negocios. Robert Dallek (Nixon y Kissinger: Socios en el poder, 2007) dijo que las distorsiones de Bush“, me enredan la mente”. Declaró a The Washington Post: “Estuvimos en Viet Nam 10 años. Dejamos caer en Viet Nam más bombas que en toda la 2da. Guerra Mundial en todos los frentes. Perdimos 58 700 vidas norteamericanas, la segunda pérdida de vidas en un conflicto en el extranjero. Y no pudimos imponer nuestra voluntad.” (23 de agosto de 2007) Dallek agregó: “Hemos estado en Irak más tiempo de lo que combatimos en la 2da. Guerra Mundial. Es un desastre… Pero el desastre es la consecuencia de haber entrado, no de haber salido”. Algunos críticos de Bush evitan la parte de “haber salido” y enfocan solo la parte de que Bush ha metido la pata en la ocupación. Un nuevo documental refleja esa eficiente escuela de administración del imperio. En su documental No se ve el fin, Charles Ferguson discute el argumento de “si solo se hubiera manejado correctamente”. Con un formato que ha llegado a ser la forma típica de los modernos documentales --presentaciones de Power Point en video--, Ferguson agrupa a una convincente selección de participantes en la guerra y ocupación de Irak para argumentar que Bush y compañía han manejado extremadamente mal la guerra y el esfuerzo posterior de reconstrucción. “Había unas 500 maneras de hacerlo mal (la reconstrucción) y dos o tres formas de hacerlo bien”, dijo la ex embajadora en Yemen (1997-2001) Barbara Bodine, quien trabajó en Bagdad al inicio de la ocupación norteamericana. “Lo que no comprendimos es que estábamos pasando por las 500”. Después de la caída de Bagdad en abril de 2003, las fuerzas de EEUU se encontraron con una escasez de personal que hablara árabe, servicios telefónicos inadecuados y ningún plan para ganarse los corazones y las mentes de los árabes --fuera de la fortificada Zona Verde de Bagdad. Los importantes críticos filmados por Ferguson van desde el Sub Secretario de Estado Richard Armitage (2001-2005), el jefe de personal de Colin Powell, Cnel. Lawrence Wilkerson (2002-2005) y el ex presidente del Consejo Nacional de Inteligencia Robert Hutchings (2003-2005) hasta el vice embajador de Irak en la ONU Faisal al-Istrabadi y el Teniente Seth Moulton (Infantería de Marina de EEUU). La mayoría se queja de los errores de Bush: los militares no hicieron nada para evitar el pillaje después de la conquista inicial de Irak; Bush desmanteló el Partido Ba’ath de Irak y la burocracia gubernamental dirigida por el Partido; Bush ordenó la disolución del ejército de 400 000 hombres y no estableció inmediatamente un gobierno interino viable en Irak. Si no se hubieran cometido estos errores, implican los comentaristas en el filme, Washington pudiera haber destronado al sucio dictador y llevado la democracia a Irak. Ellos culpan a Bush, Rumsfeld, Cheney y a su pandilla de intelectuales y hacedores neoconservadores de política liderados por Paul Wolfowitz y Doug Feith. Estos ignorantes machacones de la política enviaron a J. Paul Bremer con la misión de realizar una privatización por encima de todo. Bremen aparentó consultar a personas conocedoras en el terreno, pero según el General Jay Garner, el Colonel Paul Hughes y otros que de inicio apoyaron la invasión de Bush (Ferguson asegura que la embajadora Bodine se opuso a la guerra de Bush) no escuchó a nadie. Su plan era una burla a la realidad de Irak. El filme no trata el por qué Bush fue a la guerra, cómo engañó y mintió al público; ni tampoco los críticos en el filme se enfrentan a la evolución de las razones mencionadas por Bush para ir a la guerra. Tampoco mencionan sus objetivos perpetuamente móviles: desde desmantelar las amenazantes ADM y destruir los vínculos de Irak con Al Qaeda, a derrocar --y luego ejecutar-- a Hussein, llevar la democracia, garantizar la seguridad de EEUU, y no ser capaz de tolerar las consecuencias de la retirada. Los entrevistados comparten tiempo en pantalla con fragmentos de Bush y Rumsfeld en los que ambos aseguran la victoria decisiva y el éxito en Bagdad. Pero el cineasta no pregunta en cámara a los expertos por qué ellos creían que un niño rico malcriado --recuerden cómo Jay y Daisy Buchanan en El gran Gatsby “despedazaban cosas y criaturas… y dejaban que otras personas limpiaran sus destrozos”-- iba a cambiar milagrosamente su carácter como “Presidente en tiempos de guerra” y convertirse en un modelo de eficiencia norteamericana. ¡Como si alguien pudiera manejar de manera eficiente una guerra! El fracaso de Ferguson en confrontar este tema convierte en problemática la premisa subyacente del filme. Debido a que Bush invadió a Irak sin un plan de reconstrucción, el mundo ahora ve a un país en el caos diario, implica Ferguson. El filme hace énfasis en cómo Bush, Cheney y Rumsfeld ignoraron el enorme proyecto “Futuro de Irak” del Departamento de Estado, que comenzó a planear un Irak post Saddam en octubre de 2001. La cámara se acerca al estudio de 13 volúmenes, como si al usar como orientación a este tomo salpicado de excesiva arrogancia Bush hubiera podido “arreglar” a Irak. Entre otros importantes defectos, los autores del estudio no insistieron en que los iraquíes pudieran dividirse en “sunníes”, “chiíes”, “kurdos” y “turcomanos”. Los “estudiosos” del Departamento de Estado no previeron la guerra sectaria. Al igual que Bush y Rumsfeld, supusieron que la identidad iraquí permanecería intacta después de la invasión. Pero sí advirtieron que “Al pueblo de Irak se le ha prometido un nuevo futuro y esperan resultados inmediatos. La credibilidad del nuevo régimen y de Estados Unidos dependerá de cuán rápidamente esas promesas sean convertidas en realidad”. (http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB198/index.htm) El proyecto “Futuro de Irak” --al igual que la administración Bush-- no tuvo en cuenta los grandes temas de seguridad, incluyendo la crisis de refugiados, la influencia de Irán en Irak, la violencia sectaria y la emergencia de Al Qaeda en Irak. Hasta los planes ideales de reconstrucción no pueden deshacer el pecado original: la guerra ilegal contra Irak Las mejores partes del filme hacen hincapié en las voces de los civiles iraquíes y los soldados norteamericanos, pero regresa al Power Point cuando documenta los primeros días de la ocupación (utilizando excesivamente la narración del actor Campbell Scott). No obstante los miembros del Congreso que estén interesados debieran agregar No se ve el fin a su arsenal de herramientas para la retirada de Irak. Mientras Bush busca apoyo para extender su guerra, este filme muestra la ineptitud tragicómica de su Administración y la banalidad de sus operaciones diarias. La colección de testimonios en el filme de “lo que debiera haber sido” no trata el asunto de cómo EEUU debiera proceder en Irak: retirarse inmediatamente, de manera gradual o permanecer indefinidamente y culpar al gobierno títere y a Irán de la ausencia de “progreso”. Después de dos horas de testimonios acerca de las torpezas, pensamos en la observación del historiador Gabriel Kolko: las guerras no resultan de la manera que se supone que hagan. “¿Me está diciendo que eso es lo mejor que puede hacer Estados Unidos?”, pregunta el abatido Teniente Seth Moulton. La respuesta es: “Sí”. En Viet Nam, los militares de EEUU mataron a 4 millones de vietnamitas y perdieron la guerra. En vez de continuar debatiendo quién “manejará” mejor a Irak, los aspirantes presidenciales demócratas debieran considerar la guerra de Irak a la luz de las guerras en Corea y Viet Nam y repensar su valoración del hecho de hacer la guerra en sí.
El nuevo libro de Saul Landau es Un mundo de Bush y de Botox. Landau es miembro de TNI y de Instituto de Estudios para Política. Farrah Hassen es miembro “Seymour Melman” del Instituto de Estudios para Política.