Redford prueba el diálogo para buscar reflexión

29 နိုဝင်ဘာလ 2007
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စာေရးသူ
Algunos de los mejores y más inteligentes de Hollywood han comenzado a comunicar sus preocupaciones sociales en la pantalla --el mejor medio que tienen. Al igual que el grueso del público que está en contra de la guerra, Robert Redford se siente desalentado y hasta completamente desilusionado con el proceso político. Las manifestaciones masivas junto con otras formas tradicionales de protesta no impidieron que Bush invadiera a Irak, ni tampoco la masiva oposición, tal como se reflejó en las encuestas de opinión y en las elecciones de 2006, lo han hecho retirarse. Es más, en las campañas del pasado noviembre, los demócratas prometieron retirar las tropas de Irak, sin embargo, no han logrado obtener los votos necesarios para cumplir su promesa. En el campo de la izquierda anti-guerra, algunos disgustados dirigen alternativamente su ira justificada contra Bush y Cheney por una parte y por otra contra la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi. Ella no ha podido conformar un consenso ganador en la Cámara y se niega a permitir que el proceso de recusación de Bush y Cheney importune su programa --“los votos no están ahí”--, cuya pieza central es la no resuelta guerra de Irak. Los demócratas anexan calendarios de retirada al financiamiento de la guerra de Irak, Bush veta las restricciones. Los republicanos y unos pocos demócratas conservadores bloquean la anulación del veto, a pesar de las cifras de las encuestas: más de 70 por ciento del público quiere que la guerra termine, En este clima, Hollywood toma la palabra junto a una veintena de documentales contra la guerra (Palacio de artilleros, No se ve el fin y Bagdad ER) y largometrajes como Siriana, En el valle de Etah, Interpretación y Leones por corderos. En Leones por corderos Robert Redford, un profesor de principios, intenta una forma más reflexiva de cine. A diferencia de En el valle de Etah y de Interpretación, que usan trama y argumentos para comunicar su mensaje, Redford prefiere una apelación mínima a la gramática hollywoodiana, que está diseñada para golpear al público en su estómago emocional. Así que Redford (el Profesor Stephen Malley) pregunta a su estudiante estrella, e implícitamente a toda la audiencia, cuándo va a actuar como un ciudadano, en vez de cómo un consumidor, y ayudar a sacar al país del revoltijo de terrorismo de Bush. Como director, Redford trata de provocar al público para que piense, de manera que se conviertan en actores en el intenso drama de su vida. Para lograr esto, utiliza diálogo y escenas del teatro los cuales, al pasar al lenguaje del cine, emergen como una didáctica, como si Redford aplicara los frenos innecesariamente para hacer más lento el ritmo de la forma fílmica. Por tanto, a pesar de las escenas de acción que se mezclan con la parte hablada, el filme se vuelve excesivamente moralizante. Las buenas intenciones saltan del guión, pero incluso el ingenioso George Bernard Shaw hubiera tenido problemas para mantener la atención del público sin cambiar sus patrones de diálogos. En el cine de 2007, los personajes tienen que crepitar con ingenio y tensiones para sostener la energía de un “filme de ideas”. Es más, si Shaw hubiera escrito los diálogos, la periodista interpretada por Meryl Streep (Janine Roth) y el Senador interpretado por Tom Cruise (Jasper Irving) pudieran haber disfrutado de un duelo de ideas más agudo. Ella sabe que el senador ha convencido al presidente de emplear peligrosos juegos militares con la vida de otras personas. Desafortunadamente Redford usa los sofocos de Streep para amenguar su pasión mientras se bate verbalmente con el senador y su propio jefe en la emisora de TV. Leones por corderos consiste en dos diálogos: uno entre el Senador y la Periodista (Cruise y Streep), el otro entre el Profesor y su estudiante (Redford y Andrew Garfield). Redford intercala estas conversaciones con la acción: la escena cambia a Ernest Rodríguez (Michael Pena) y Arian Finch (Derek Luke), miembros de las Fueras Especiales de EEUU, en un helicóptero en Afganistán. La unidad a la que pertenecen ellos dos, antiguos alumnos de Malley, ha comenzado a realizar la “nueva estrategia” del Senador Irving. (Otro crítico ha dicho que Leones por corderos es “Ibsen con helicópteros”, New Yorker, 12 de noviembre de 2007, pág. 99.) Las escenas de combate despiertan al público. Ernest es herido por fuego terrestre del Talibán y cae del helicóptero. Su compañero salta tras él a un terreno nevado mientras los malos se acercan. Los dos estudiaron hace un tiempo con el Profesor Malley y, según lo cuenta él, se alistaron --en contra del consejo de Malley-- para devolverle algo a su país después del 11/9. Malley trata de convencer al brillante Todd Hayes (Andrew Garfield) de que debe desarrollar su talento y contribuir al mundo, y no ceder su inteligencia a la trivialidad del comercialismo lleno de placeres de Estados Unidos. Comprométete con algo, le ruega a su cínico estudiante. Pero las escenas de sus dos antiguos y muy comprometidos alumnos, heridos y en peligro de morir para que un senador pueda escalar las alturas presidenciales, le hacen a uno pensar si el Profesor explicó el asunto del compromiso de manera poco rigurosa. Las secuencias de guerra ofrecen unos pocos momentos indirectamente excitantes en Leones por corderos. Ernest y Arian parecen ser buenas personas, aunque ingenuas. Hayes, por otro lado, resulta ser demasiado burlón y sabelotodo como para que uno se preocupe por él. Nada le importa. ¿Por qué nos vamos a preocupar por él? Él representa el aparente desdén que la mayoría de los norteamericanos parecen sentir por la guerra de Bush contra el terror o cualquier otra cosa relacionada con la política. Malley trata de convencerlo, pero uno se pregunta si sus bien intencionados argumentos de estudios sociales --rígidos en la pantalla y en el aula-- serán eficaces. El Senador Irving, por otra parte, sabe cómo “ganar”. La agresión fluye de él mientras explica a Janine su nuevo “plan”. La astuta periodista veterana comprende que no es más que una repetición de la ausencia de pensamiento que lanzó al país contra Irak. La acción militar radical basada en falsa inteligencia. El Senador, embriagado de su propia ambición, elude sus preguntas con petulante autosuficiencia cuando debe responder acerca de la certeza que él tiene de que “esta vez usted va a tener razón”. Al igual que los verdaderos senadores y el presidente --si es que “verdadero” no es una palabra demasiado fuerte para Bush--, el personaje que interpreta Tom Cruise no piensa en las consecuencias si algo sale mal. Le recuerda a uno a un John McCain joven con la ferocidad de un Rudy Giulani y de hombres con mucho menos intelecto en el Partido Ridículo. Este bien definido remedo de patriota muestra por medio de sus gestos corporales, las expresiones faciales y las sutilezas de movimientos que él cree solo en los dioses del poder y la ambición. Yo podría imaginarme al senador en un prostíbulo --de hombres o de mujeres-- después de terminar de vomitar perogrulladas optimistas. ¿Cree él en ellas? ¿Puede alguien que pensó en “ganar” una guerra de ocupación en el siglo 21 creer en tal tontería? ¿Pueden usarse las palabras “creer” o “pensar” con Bush? Janine sabe que la atrevida táctica de escupe balas del senador significa una movida para ganar el apoyo a sus aspiraciones presidenciales por parte de la NRA (Asociación Norteamericana del Rifle) y de otros norteamericanos en pro de la violencia. Mientras ella se pregunta si debe reportar la peligrosa argucia del senador, prosigue la acción militar y en la guerra, si algo puede salir mal, sucede. Pensé en cómo Bertoldt Brecht hubiera enfocado el asunto. El marxista alemán no quería jugar con las emociones, por medio de las cuales el público se identifica con el héroe o la heroína. En su lugar, él pensaba que el buen teatro, y por extensión el buen cine, debieran tocar los resortes de la razón y la reflexión, ayudar al público a convertir la pasividad en una visión activamente crítica. El actor debe distanciarse del papel y recordar al público que está en un teatro, no en una situación real; usar luces y efectos de sonidos estrafalarios; usar música para romper el trance del drama y presentar un coro que explique puntos importantes o haga adivinanzas. Brecht usó la forma épica para enseñar por medio del teatro. Jean Luc Godard usó algo de esto en sus filmes en la década de 1960, los cuales fracasaron estruendosamente desde el punto de vista comercial y no provocaron significativamente al público. Los inventores de la gramática de Hollywood han tenido éxito en condicionar al público norteamericano a esperar ciertos niveles de satisfacción con los filmes, y cuando los que tienen preocupaciones políticas como Redford tratan de trascender esta gramática inyectando tramas e ideas inteligentes, se convierte en un reto creativo que pocos pueden enfrentar. ¿Cómo hubiera escrito Brecht el diálogo entre el profesor y el estudiante, la periodista y el senador? Profesor Malley: Yo soy Sócrates, un hombre con preguntas, pero sin respuestas. ¿Quién eres tú? Estudiante: No sé. Creo que busco el placer, porque lo que he visto de la política parece ser impenetrable. La búsqueda de mujeres jóvenes y la compañía de mis colegas de compras le vienen bien a mi inclinación. Profesor: ¿No deseas actuar en el drama de tu tiempo? Estudiante: No veo que haya papel para mí. Profesor: ¿Careces de imaginación, excepto para las cosas que deseas comprar? Estudiante: Veo a tontos gobernando el país, tontos que dirigen el mundo, tontos que usan palabras como globalización cuando quieren decir compras mundiales. ¿Cómo puedo forjar un papel de importancia en un escenario diseñado por aquellos que piensan solo en incrementar su fortuna? Profesor.: ¿Quieres decir que no posees el corazón ni la mente para enfrentarte a situaciones difíciles? ¿Esa es la excusa que usan tú y tus compañeros de estudios para no participar? Un dialogo así pudiera ser hasta cantado. La fórmula tradicional de Hollywood empleada En el valle de Elah conformó su mensaje contra la guerra por medio de una trama y argumento tradicionales --hijo desaparecido, padre preocupado, investigación de asesinato. Logró sus propósitos al permitir que los horrores de la guerra de Irak estén presentes en el marco de la investigación del asesinato por parte del padre de la víctima. Redford trató de usar diálogos para retar las condiciones fílmicas que el público ha recibido desde su infancia, con un poco de acción como ilustración. Una fórmula tal tiene poca probabilidad de provocar una reflexión seria --al menos en alguien como yo. Buen intento por parte de un gran tipo.