Cuba vivirá

15 မေလ 2008
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စာေရးသူ
En una cena el 2 de mayo en Miami, cientos de exiliados cubanos, la gran mayoría perteneciente a la generación Viagra, homenajearon a Luis Posada Carriles. Este homenaje al sospechoso de haber sido el autor intelectual del sabotaje a un avión comercial cubano sobre Barbados en octubre de 1976, atrajo a una conocida y avejentada personalidad de la radio. Tomás García Fuste describió a Posada como "un verdadero héroe que ha dedicado su vida luchando por la libertad de Cuba". Fuste, quien asistió a la cena, dijo que "Posada comprendió desde el principio que Fidel era comunista y comenzó su heroica lucha contra él". Uno de los organizadores de la cena llamó a Posada "un gran cubano… un gran patriota que sufrido mucho". Algunos de los que fueron entrevistados negaron que Posada haya sido el autor de la voladura del avión que mató a los 73 pasajeros y tripulantes, a pesar de que los autores materiales del hecho lo identificaron a la policía. Otra evidencia señala directamente a Posada. Sus adoradores descontaron hechos que demuestran que él orquestó el sabotaje a centros turísticos cubanos a fines de la década de 1990. Un turista murió y decenas de otros sufrieron heridas. Los que aman a Posada en Miami culparon al gobierno cubano de destruir a su propio avión "para crear mártires" y que "orquestaron" los sabotajes turísticos para "despertar simpatía". Si Posada no planeó esos hechos, ¿merece la honra de "combatiente legendario" solo por sus fracasados planes de asesinato contra Fidel? Posada y el montón de retirados de Miami --abogados, hombres de negocios y profesionales--hablaron de luchar para restaurar la libertad en Cuba. ¿Nadie recuerda que Posada trabajó como agente de la policía de Batista? ¿Olvidó el grupo que homenajeó a Posada que Batista organizó un golpe de estado en 1952 para apoderarse de la presidencia? ¿Qué sus fuerzas represivas mataron a 20 000 personas antes de que los revolucionarios las derrocaran? La visión de Posada acerca de una buena sociedad significa el regreso a los buenos viejos tiempos de Batista --sin agitación interna. ¡Qué distancia entre esa perspectiva y la Cuba que existe a 90 millas de la costa de la Florida! Después de cincuenta años, las aspiraciones de aquellos que aún desean recuperar sus propiedades, ventajas y privilegios se alejan más cada día. Posada, quien pronuncia mal las palabras debido al daño producido por un disparo que recibió en la cara en un atentado hace quince años, dijo: "Estamos llegando al final de una terrible etapa. El fin de nuestra lucha se acerca". Aplausos. Desde el colapso soviético en 1991 los cubanos han vivido en un "período especial", el eufemismo que significó un dramático descenso del nivel de vida. Cuba perdió la ayuda soviética anual de miles de millones de rublos y su ventajoso comercio con las naciones del bloque soviético. El estado tuvo que incumplir su parte del contrato social: ya no podía suministrar a los cubanos suficiente ropa y alimentos. Hasta sus famosos sistemas de salud y educación se deterioraron. Las raciones fueron reducidas y la mayoría de los cubanos experimentó un cambio social del comunismo (compartir) al individualismo (el hombre como lobo del hombre) --a fin de sobrevivir. La revolución pagó el precio de diecisiete años de "periodo especial". Sin embargo, a pesar de señales de recuperación, promovida por la inversión extranjera, altos precios del níquel y el descubrimiento de depósitos de petróleo, miles de cubanos --en especial jóvenes-- continúan marchándose de la isla en balsas o en lanchas de contrabandistas en busca de mayores oportunidades en la Florida. Ingenieros, científicos y doctores en literatura decidieron no dedicar su vida a trabajar haciendo pizza o cajas de cartón o dando clases en una escuela primaria. En 2007 los líderes cubanos comenzaron a enfrentarse a algunos problemas surgidos en el período post-soviético. Sin embargo, los líderes no tenían la intención de seguir el modelo chino o el vietnamita. El 26 de julio de 2007, Raúl Castro habló de solucionar importantes asuntos, como la adversidad diaria, escasez de alimentos y baja productividad agrícola, dentro del modelo socialista. El gobierno ha respondido al descontento popular, la alienación y el franco cinismo, y durante los dos últimos años importó 35% más de alimentos. Raúl también admitió que los "salarios claramente son insuficientes para solucionar las necesidades de la gente". Esta declaración no se refiere a lo que los periodistas norteamericanos mencionan burlonamente cuando reportan que el salario promedio cubano es de $20 dólares al mes. Ellos no tienen en cuenta la atención médica sin costo alguno y la educación gratuita, desde el pre-escolar hasta los estudios de postgrado; cero alquileres o impuestos; transporte y entretenimientos casi gratis, y alimentos subsidiados. Pero aún falta mucho para la seguridad desde la cuna hasta la tumba que los cubanos experimentaron antes del desplome soviético. Permitir la compra de más artículos no significará ventas masivas, porque la mayoría de los cubanos no posee moneda extranjera en demasía. Los cubanos tendrán que escoger entre los nuevos productos disponibles --incluyendo la estancia en elegantes hoteles. Los cubanos que reciben dinero del exterior de manos de familiares o que reciben moneda dura como pago continúan disfrutando de privilegios de compra --desigualdad institucionalizada-- que disgusta a gran parte de la población. Pero la libertad de compra no puede sostener a un país socialista--especialmente a una nación del Tercer Mundo construido sobre la base de los dos pilares de justicia e igualdad. El nuevo estado de ánimo se ha extendido a los artistas e intelectuales, quienes declararon que no tolerarían la censura. Los líderes estuvieron de acuerdo. Pero el fin de la censura no tiene que ver con los varios miles de cubanos que huyen todos los meses desde Cuba hacia la Florida. No se marchan debido a la censura, sino en busca de libertad para ejercer su profesión y mayor nivel de vida. Fidel Castro advirtió a los cubanos que podían perder su revolución. En su carta del 3 de agosto de 2008 al Presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, Miguel Barnet, Castro escribió: "Todo lo que fortalezca éticamente a la Revolución es bueno; todo lo que la debilite es malo." En 1961 él dijo a los intelectuales cubanos: "Con la revolución, todo; contra la revolución, nada." Si uno estaba de acuerdo y simpatizaba, uno también hacía una mueca cuando los líderes cubanos actuaban de manera que parecía contradecir esta declaración. "La revolución cubana nació para ser diferente", escribió una vez el escritor uruguayo Eduardo Galeano. "Atacada por el acoso incesante del imperio del norte, sobrevivió como pudo y no como deseaba. El pueblo, valiente y generoso, sacrificó mucho para permanecer de pie en un mundo de servilismo rampante. Pero mientras año tras año de pruebas sacudían a la isla, la revolución comenzó a perder la espontaneidad y frescura que marcó su comienzo". (New Internationalist, julio de 2003.) No es broma. En 1960 presencié cómo el caos creativo dominaba la vida diaria. Al igual que Galeano he visto, durante 48 años, como la "virtud revolucionaria" se convirtió en "obediencia a las órdenes de arriba". La pérdida de iniciativa es un resultado irónico a casi cincuenta años de castigo de EEUU a Cuba por su desobediencia. Washington bloqueó "el desarrollo de la democracia en Cuba, alimentó la militarización del poder y suministró excusas para la rigidez burocrática", continuaba Galeano. "La revolución, que fue capaz de soportar la furia de 10 presidentes norteamericanos y 20 directores de la CIA, necesita la energía que proviene de la participación y la diversidad para enfrentar los tiempos oscuros que seguramente se avecinan. Lo digo con tristeza: Cuba duele." Cuba resistió 638 intentos de asesinato contra Fidel. La CIA dice que es una ligera exageración, pero admite haber lanzado miles de ataques contra Cuba. Durante medio siglo Estados Unidos ha mantenido un bloqueo, conjuntamente con una guerra psicológica y posiblemente biológica y química, sobrevivió y fue herido en el intento. Sin embargo, en marzo de 2008 comenzó un cambio. Además de ofrecer la libertad para comprar aparatos electrónicos y teléfonos celulares y poseer totalmente sus casas, los líderes cubanos firmaron el Acuerdo de la ONU sobre Derechos Civiles y Políticos, lo cual significa que los sindicatos no pueden ser parte del gobierno y se deben respetar la libertad de palabra, de prensa y política. En una conferencia un ciudadano dijo al Vice Presidente Carlos Lage que el gobierno no era sensible a las necesidades sociales del pueblo y a sus problemas psicológicos, cosas que el dinero no puede arreglar. Lage pidió perdón. Los cubanos lo vieron en TV. Hace unos meses en Juventud Rebelde, un periódico oficial, el gobierno fue duramente criticado por manipular la estadística acerca del desempleo. Los cambios han comenzado, pero los contrabandistas permanecen. Las lanchas también siguen llenas. La revolución cubana triunfó. Alcanzó la independencia y la soberanía, educó y dio salud a su población, le satisfizo sus necesidades básicas y educó a su pueblo para que bailaran en el escenario de la historia mundial. Los cubanos alteraron el destino de África del Sur cuando sus tropas ayudaron a derrotar a los ejércitos del apartheid sudafricano en Cuito Cuanavale en 1987-1988. Mandela abrazó a Fidel Castro en su toma de posesión: "Usted ha hecho esto posible", dijo para que lo oyera el mundo. Los cubanos desempeñaron un papel vital en ayudar a Angola a mantener su independencia y a que Namibia consiguiera la suya. Desempeñaron papeles en la guerra de Viet Nam, la guerra de Yom Kippur y lideraron el ataque para acabar con la Doctrina Monroe. Hace cincuenta años, Washington controlaba a Latinoamérica; ni un solo líder se atrevía a retar su hegemonía os su políticas económicas. Actualmente cuatro de los hijos ideológicos de Fidel gobiernan países (Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua) y varios de sus primos gobiernan otros (Brasil, Chile, Argentina y Panamá). Médicos, científicos, artistas, bailarines, escritores y cineastas cubanos han inscrito sus nombres en el cuadro de honor de incontables países por medio de su invalorable desempeño. La revolución cubana los creó. Aunque los médicos cubanos continúan salvando la vista por todo el Tercer Mundo y realizando otras tareas humanitarias, la pregunta ahora es: ¿Podrá Cuba superar el legado del período especial, durante el cual el individualismo erosionó el espíritu colectivo, y podrá ella trascender las tres décadas de modelo soviético que tuvo que adoptar para sobrevivir? Sus líderes han vivido para la revolución e impartido sus valores a la población. ¿Pueden los cubanos responder y tomar la iniciativa para mantener las enormes ganancias o sucumbirán al brillante atractivo del consumismo masivo? Independientemente de lo que suceda, Luis Posada, "el combatiente legendario", no regresará a Cuba como uno de los nuevos gobernantes, ¡gracias a Dios!
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.