Retos tácticos y estratégicos para Sudáfrica y el resto de África en las negociaciones de NAMA de la OMC
![]() Retos tácticos y estratégicos para Sudáfrica y el resto de África en las negociaciones de NAMA de la OMC [Éste es un extracto de un informe más amplio que se puede solicitar al AIDC] [Análisis de las posiciones africanas...] Aunque las posturas que están adoptando los gobiernos africanos con respecto a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las negociaciones de acceso a los mercados no agrícolas (NAMA) han ido evolucionando paulatinamente y han realizado un progreso evidente, sigue habiendo una serie de cuestiones importantes y retos estratégicos que los analistas y activistas africanos deben plantear a los gobiernos africanos: 6.1 En primer lugar, cabe mencionar que, a pesar de subrayar que defender sus entidades/capacidades industriales actuales y su potencial de desarrollo industrial futuro son cuestiones de vital importancia, son pocos -si es que hay alguno- los países africanos con programas nacionales claros de desarrollo y diversificación industriales, por no decir programas enmarcados en estrategias de desarrollo nacional coherentes e integrales, consensuadas democráticamente y generadas internamente. Esto adquiere una especial relevancia en el contexto de las negociaciones del NAMA en lo que respecta a la capacidad de los países africanos para identificar y defender sus necesidades presentes y futuras en estas direcciones. 6.2 También en este sentido, aunque las evaluaciones sobre las repercusiones del NAMA con respecto a lo ya mencionado no son sólo imprescindibles, sino también muy útiles, desde el punto de vista táctico (como medidas defensivas), no está claro si los gobiernos africanos están exigiendo reiteradamente este tipo de evaluaciones con fines informativos y de planificación, o si están empleando dichas exigencias como mecanismo dilatorio. O bien si prevén que los hallazgos de estos análisis sean tan concluyentes como para cuestionar los principios básicos del NAMA y detenerlo de inmediato. 6.3 Si lo que se pretende y se persigue es esto último, entonces es de vital importancia saber quién -o qué instituciones- se encargará de realizar dichas 'evaluaciones de repercusiones', ya que, evidentemente, se puede llegar a conclusiones muy distintas según las premisas teóricas que conformen el análisis y las preguntas que se planteen. Así pues, y siguiendo esta misma línea, es importante que la ayuda técnica y económica que los gobiernos africanos -juntos y por separado- están solicitando constantemente provenga de organizaciones y entidades independientes y solventes, que no actúen de acuerdo con el paradigma neoliberal que impera actualmente en la OMC y en la economía global. En caso contrario, dichas evaluaciones podrían servir únicamente para reforzar y justificar los objetivos y supuestos de liberalización del NAMA. 6.4 Las mismas preguntas surgen con respecto a otra de las demandas de los gobiernos africanos, que exigen que las barreras arancelarias y no arancelarias, tremendamente restrictivas, a las que se enfrentan en el comercio internacional se asuman en las negociaciones del NAMA. La cuestión, de nuevo, está en si los gobiernos africanos consideran que esta demanda supone una verdadera ayuda para mejorar sus posibilidades comerciales y perspectivas de futuro para sus países, o si (también) están utilizándola como otro tema defensivo y como mecanismo táctico en las negociaciones del NAMA. 6.5 En lo que se refiere a la mejora de las perspectivas comerciales de los países africanos, y su constante demanda de 'mejor acceso a los mercados' de los países ricos desarrollados, la cuestión más importante es si los países africanos ven la necesidad de basar sus estrategias nacionales en corregir y contrarrestar los riesgos que entraña la dependencia excesiva del comercio exterior de sus economías. Y la otra cara de esta cuestión es, por lo tanto, si sus estrategias en el NAMA están definidas de acuerdo con el objetivo primordial de defender y mejorar sus capacidades productivas internas en sí, y no sólo aumentar su comercio exterior. Si bien las necesidades de los países africanos se orientan hacia la producción, el NAMA promete aumentar sus flujos de comercio exterior -y, por lo tanto, su dependencia-, lo cual reducirá o pondrá en peligro, al mismo tiempo, la capacidad productiva arraigada en estos países. 6.6 Muchas de las presentaciones realizadas por los países africanos, en general, y por los PMD , en particular, sobre el NAMA abordan todas estas cuestiones de distintas formas y en distintos grados. Sin embargo, el reto que deben afrontar todos estos gobiernos es que, al fin y al cabo, -por correctos que sean sus argumentos, por justificadas que estén sus propuestas desde el punto de vista moral, por estructuradas que estén sus peticiones y demandas- la eficacia en las negociaciones de la OMC no se mide sólo -y ni siquiera principalmente- por la convicción de los argumentos ni por la fuerza de las pruebas. En el fondo, los progresos o el éxito en la OMC dependen de la habilidad de las intervenciones negociadoras, que deben basarse en coaliciones eficaces centradas en temas específicos y en coaliciones multisectoriales más amplias con miras a cambiar el equilibrio de poder entre los países (más) débiles y los países (más) fuertes [véase también 8.7, abajo]. 6.7 Las negociaciones en la OMC, como en cualquier otro lugar, dependen fundamentalmente de cuestiones como la presión y el poder -sobre todo por parte de los países más influyentes-, ya sea de manera abierta o encubierta, directa o indirecta, legítima o ilegítima. El gran interrogante con respecto a los gobiernos africanos es si han aprendido la lección estratégica de su última experiencia positiva en la Conferencia Ministerial de la OMC en Cancún; sobre todo, de la amplia alianza que formaron con los grupos ACP y PMD, en lo que se conoce como el Grupo de los Noventa (G90). Con la unión del G90, consiguieron una presencia, una seguridad y un poder 'mayores que la suma de las partes'. Esta alianza y su firme unidad les permitieron defender las posiciones y los intereses que, aunque moderados, habían acordado, y ello ayudó a bloquear las agendas de las grandes potencias en aquel encuentro memorable. Los países del G90 deben mantener, ampliar y aprender de los logros alcanzados en aquella ocasión. 6.8 No obstante, las grandes potencias no se rinden fácilmente, y en estos momentos están utilizando todos los mecanismos imaginables para dividir y minar cualquier alianza o acuerdo que los países africanos y otros países en desarrollo hayan podido o intenten crear en la OMC, incluidas las negociaciones del NAMA [véase también apartado 8.5]. Por lo tanto, el mayor reto al que se enfrentan los gobiernos africanos en su intento por construir estas amplias alianzas es si es posible -y cómo es posible- utilizar la unidad africana como base continuada para hacer frente a las tácticas divisorias y presiones encubiertas empleadas por los gobiernos (e implacables grandes empresas) de los países más industrializados, que disponen de gran poder, numerosos recursos y habilidad política. 6.9 En este contexto, resulta evidente que hay subgrupos concretos de gobiernos africanos que, encabezados por aquellos con mejores recursos, mayor experiencia política, o mayor determinación, desempeñan un papel destacado en la formulación de posiciones africanas conjuntas (como se ha mencionado). Muchos de los gobiernos africanos más débiles económicamente o más dóciles políticamente se limitan a asumir compromisos formales para unirse a las posiciones y declaraciones africanas pero, con frecuencia, se distancian fácilmente de dichos compromisos. Sin embargo, confrontar el caso contrario también supone un problema. Es decir, si -y cómo- los países africanos pueden garantizar que aquellos con una mejor posición económica entre ellos, y al parecer con enfoques distintos (sobre todo Sudáfrica), apoyen y fomenten activamente las posiciones africanas conjuntas con respecto al NAMA, en la OMC y en otros ámbitos. Todas estas cuestiones plantean grandes desafíos, no sólo a todos los gobiernos africanos, sino también a las ONG que trabajan sobre cuestiones de comercio y desarrollo, los sindicatos y otras organizaciones de trabajadores, las organizaciones de pescadores, las redes medioambientales, y analistas y activistas de otros movimientos sociales en África y, muy especialmente, en Sudáfrica. [Análisis de las posiciones del Gobierno sudafricano...] Estas desafortunadas políticas sobre la liberalización del comercio y los aranceles han provocado daños notables en la economía sudafricana, han llevado al despido de cientos de miles de trabajadores del sector industrial y han influido en los índices de desempleo nacional, que no tienen precedentes en ningún otro lugar del mundo. La extensión radical de estas políticas en Sudáfrica podría tener efectos mucho más profundos y perjudiciales, tanto en este país como en el resto de África. Así pues, es fundamental que los analistas y activistas de sindicatos, ONG y otros movimientos sociales, tanto de Sudáfrica como del resto del continente, planteen al Gobierno sudafricano algunas cuestiones importantes en lo que respecta a las ideas y los objetivos estratégicos por los que se rigen los compromisos de Sudáfrica en las negociaciones del NAMA y en la OMC. 7.1 La primera pregunta, muy básica, pasa por saber si Sudáfrica no tiene 'otra opción' que no sea la de aplicar las políticas arancelarias que heredó en 1994. O bien si, de hecho, hay posibilidades en el marco de las normas y reglamentaciones del GATT y la OMC que, en principio, podrían permitir a Sudáfrica modificar o reducir sus compromisos actuales, que son muy gravosos. Pero, lógicamente, incluso si se encontraran dichas posibilidades, el gran desafío estaría en cómo podría Sudáfrica generar el impulso necesario para emprender tal acción en el seno de la OMC, y eso exigiría amplios acuerdos y alianzas efectivas entre países en desarrollo que fueran en esa misma dirección [véase también el apartado 8.7, abajo]. 7.2 No obstante, el problema de fondo es que, además de las políticas concretas de liberalización arancelaria, las políticas económicas más generales puestas en práctica por el Gobierno sudafricano desde 1994 se han basado en el paradigma neoliberal del 'crecimiento extravertido', es decir, impulsado por las exportaciones. Por un lado, esta orientación exige 'ajustes' nacionales -como presión a la baja en los sueldos de los trabajadores- para que los productores/exportadores del país sean 'más competitivos en el contexto internacional'. Por otro lado, esta orientación también ha llevado a los gobiernos a centrarse en obtener un mejor acceso comercial a otros países y, últimamente, también a los mercados de los países en desarrollo del Sur. Estos objetivos comerciales "ofensivos" se están persiguiendo a través de varios acuerdos de libre comercio bilaterales y regionales, así como a través de las condiciones de liberalización multilaterales del NAMA. Sin duda, todos estos acuerdos de libre comercio presentan problemas. Sin embargo, el principal se halla en que utilizar las amplias condiciones multilaterales del NAMA con este fin facilitará, a su vez, una mayor entrada a los mercados sudafricanos de exportadores y productores del resto de países más desarrollados, tanto del Norte como del Sur. Y esto resultará mucho más costoso a Sudáfrica que los beneficios comerciales previstos para los exportadores de este país. La cuestión radica en si 'merece la pena pagar este precio' y si éste es un 'coste con el que debe cargar' la economía sudafricana y el pueblo de Sudáfrica. 7.3 El problema más inmediato es que, incluso con los índices actuales de liberalización en Sudáfrica, esa entrada de productores y exportadores internacionales 'más competitivos' en la economía sudafricana ya ha tenido graves consecuencias en la producción nacional de varios sectores y en la propia supervivencia de cientos de miles de puestos de trabajo. A pesar de ello, los negociadores sudafricanos del NAMA apoyan el endurecimiento de la denominada "disciplina de las normas multilaterales" en la economía sudafricana. Estas decisiones se basan en los supuestos neoliberales, que defienden la necesidad de 'abrir' la economía sudafricana para, en teoría, 'estimular' a las empresas nacionales y que éstas 'se pongan a la altura' de las grandes empresas mundiales. Es necesario denunciar las auténticas repercusiones de este tipo de postulados neoliberales y oponerse a ellos. Pero la cuestión más urgente que tiene que abordar el Gobierno sudafricano es que, a pesar de las consecuencias negativas manifiestas y de las voces críticas que están surgiendo en el país en torno a estas políticas, todos estos argumentos y políticas neoliberales se siguen fomentando mediante las intervenciones de Sudáfrica en las negociaciones del NAMA y en la OMC en general. 7.4 Hay indicios alentadores dentro del Gobierno sudafricano que apuntan a un creciente interés en las estrategias de desarrollo dirigidas por el Estado, muy eficaces, que han elaborado y aplicado países en desarrollo que están más industrializados y atraviesan un proceso de rápida industrialización (sobre todo en el Este y Sudeste Asiático), y que no se han basado en simples programas de globalización mercantil ni en la amplia liberalización del comercio y las inversiones. No obstante, la dificultad está en que, incluso si el Gobierno sudafricano se comprometiera con desarrollar sus propias estrategias dirigidas por el Estado y programas elaborados internamente para el desarrollo y la diversificación industriales, estas iniciativas se verían gravemente complicadas y contrarrestadas por el tipo de condiciones de liberalización comercial del NAMA que están persiguiendo actualmente los negociadores de Sudáfrica en la OMC, y que podrían cerrarse en la Conferencia Ministerial de Hong Kong, que se celebrará a fines de 2005. Así pues, cualquier estrategia nacional de industrialización alternativa que se deseara adoptar en un futuro entraría en contradicción -e incluso quedaría anulada- por los compromisos internacionales ya contraídos en la OMC, a no ser que el Gobierno sudafricano actúe de inmediato para evitarlo. 7.5 Por lo tanto, partiendo de la hipótesis de posibles estrategias alternativas de industrialización dirigida por el Estado y de diversificación económica en Sudáfrica, el principal desafío al que se enfrentaría el Gobierno sudafricano sería cómo oponerse y detener las últimas ofensivas liberalizadoras lanzadas por los países desarrollados de la OMC en los sectores de la manufactura, la minería, la pesca y forestal (NAMA), así como en los de los servicios (AGCS) y muchos otros. El principal reto político que deben afrontar los analistas y activistas sudafricanos de sindicatos, ONG laborales y de desarrollo, confederaciones de pescadores, organizaciones medioambientales y otros grupos, en alianza con otras fuerzas sociales organizadas más amplias, pasa por convencer al Gobierno sudafricano para:
7.6 Pero el problema no atañe únicamente a posibles programas económicos nacionales alternativos. El tipo de liberalización propugnada por el NAMA en otros países de África Meridional también influirá directamente sobre las perspectivas de creación de programas de cooperación regionales dirigidos por el Estado para el desarrollo industrial y la diversificación económica dentro de la SADC y el resto de subregiones de África. Así pues, el Gobierno sudafricano debe ir más allá del mero refrendo político de las decisiones africanas con respecto al NAMA y otros asuntos en la OMC. Sudáfrica debería asumir las importantes implicaciones económicas y posibilidades tácticas de las posiciones adoptadas por el resto de gobiernos africanos ante la OMC y el NAMA ... y llevarlas adelante con firmeza. No se trata únicamente de una cuestión de cooperación económica y solidaridad política entre los africanos -por importante que éstas sean-, sino que las posiciones de África -y del grupo ACP- se corresponden también con los propios intereses de Sudáfrica. Al igual que el resto del continente, este país tiene industrias nacionales vulnerables que, en caso de que el NAMA siga adelante, se verán presionadas por exportadores internacionales más competitivos, o debilitadas y desbancadas por la entrada incontrolada y el aumento del dominio en la economía de productores globales más fuertes. Éste es, sin duda, un ámbito que requiere de una cooperación más concertada entre sindicatos y otras organizaciones de la sociedad civil de la SADC y de todo África con el objetivo de conseguir que todos los gobiernos africanos coordinen sus respuestas y cooperen activamente contra los peligros que esconde el NAMA [véase el apartado 8.4, abajo]. 7.7 Las organizaciones populares de Sudáfrica tienen aún una mayor responsabilidad internacional, que consiste en persuadir a su gobierno de que abandone su papel actual en la OMC, precavido y complaciente, y pase a ser un socio mucho más dinámico y cooperativo con otros países en desarrollo en lo que se refiere al NAMA y otras cuestiones. Esta capacidad se pone de manifiesto con la participación de Sudáfrica en el tan eficaz Grupo de los Veinte (G20), que se enfrenta a la Unión Europea, a Estados Unidos y a otros países desarrollados por sus políticas agrícolas injustas y nocivas. Por lo tanto, es tan o más importante que Sudáfrica asuma un papel más resolutivo en cuestiones que afectan al resto de sus sectores (manufacturero, minero, pesquero y de servicios, entre otros). Sudáfrica, en su propio interés y en el de otros países en desarrollo, debe participar mucho más de lo que lo está haciendo en estos momentos en la resistencia conjunta que oponen los países en desarrollo en la OMC y en otros foros. Esto es lo que esperan en gran medida de Sudáfrica organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que, a menudo, expresan su decepción y sorpresa ante las posturas adoptadas hasta el momento por este país en la OMC. 8. Retos y opciones estratégicas para los países en desarrollo Hay aún otro conjunto de cuestiones y desafíos estratégicos que debe afrontar la gran mayoría de gobiernos de los países en desarrollo con respecto al NAMA, en particular, y a la OMC, en general. Y estos desafíos, por supuesto, también incumben a los gobiernos y a los pueblos de Sudáfrica y del resto de África, por encima de las cuestiones y los desafíos planteados anteriormente. 8.1 La primera cuestión es si los países en desarrollo que pertenecen a la OMC consideran que están participando en unas simples negociaciones comerciales, con sus habituales tira y afloja, concesiones mutuas y acuerdos de compromiso; y, en este contexto, si se deben centrar en los detalles técnicos, las condiciones legales y las opciones de negociación. La visión alternativa considera que la participación en las diversas sesiones negociadoras y muchas otras reuniones de la OMC también se deben emplear, principalmente, como batallas políticas, teóricas e ideológicas mediante las que cuestionar el modelo neoliberal y cambiar por completo los propios términos del debate y el contenido de cualquier posible acuerdo futuro en la OMC. 8.2 Esto nos lleva a la cuestión de si los países en desarrollo miembro de la OMC ven sus intervenciones y propuestas en las negociaciones como una manera de ganar más tiempo, y ciertos márgenes de flexibilidad y 'espacios políticos' para ellos mismos, en el sentido de las necesidades y los objetivos de sus países. Desde 1995, los acuerdos y las normas multilaterales de la OMC no sólo se han utilizado para regular el comercio internacional, sino también para entrometerse en el ámbito político soberano de los gobiernos y los pueblos, en materia de producción, servicios, medio ambiente, cuestiones sociales y culturales, y muchas otras. En contraposición, está la idea de que es necesario defender y (re)afirmar los derechos políticos de los gobiernos (y los derechos democráticos de los pueblos) con respecto a sus propias opciones políticas internas, y que el mero hecho de tener que negociar 'espacios' para adoptar políticas nacionales se debe poner en tela de juicio y convertirse (de nuevo) en el derecho inalienable que debería ser. 8.3 Otra de las cuestiones es si esos gobiernos de países en desarrollo que están presentando o apoyando diversas 'fórmulas' o 'coeficientes' -para modificar o mitigar los efectos de la liberalización arancelaria que persigue el NAMA- consideran que sus propuestas sirven para reducir los daños, y pretenden limitar o frenar los inevitables recortes arancelarios y la ineludible 'armonización' de políticas, etc. La interpretación más cauta considera que este tipo de fórmulas (como la del grupo del Caribe) no sólo debería procurar mitigar las consecuencias negativas sino, más bien, ser tan amplias como para invalidar las intenciones de liberalización de la OMC, y bloquear por completo el impacto negativo del NAMA en muchos países en desarrollo más pequeños y débiles. Sin embargo, no bastaría con que este objetivo se aplicara únicamente a algunos miembros de la OMC. 8.4 La iniciativa más enérgica pasaría por que una coalición más amplia de países en desarrollo asumiera, extendiera y defendiera éstas y otras propuestas parecidas hasta tal punto que, juntos, pudieran transformar totalmente las condiciones, el contenido y la dirección de las negociaciones sobre el NAMA. En este sentido, los países en desarrollo mayores y/o relativamente más fuertes necesitan el peso numérico de todos los países en desarrollo de la OMC, además de las reivindicaciones morales de aquellos países más perjudicados por la globalización neoliberal. Con una alianza de tal magnitud y la presentación en las negociaciones de condicionalidades integrales a favor del desarrollo, el NAMA se convertiría en algo inútil para los objetivos de sus impulsores. Así pues, la cuestión más importante es si las múltiples fórmulas que están presentando países concretos o grupos de países en desarrollo están concebidas para 'mejorar' el NAMA, 'reducir' sus efectos negativos, o hacerlo inoperable y detenerlo cuanto antes. 8.5 El reto más inmediato, sin duda, se halla en cómo alcanzar el consenso necesario y que los países en desarrollo de la OMC creen un frente unido con este objetivo estratégico básico. El problema radica en que los países más fuertes y sus aliados tienen una enorme capacidad para minar las alianzas de los países en desarrollo, ya sea ejerciendo su presión o ganándose a los gobiernos más susceptibles. Pero esto también puede significar atraer a los gobiernos de los países en desarrollo más fuertes y grandes hacia su propio terreno (como sucedió con el Brasil y la India en el caso de las Cinco Partes Interesadas, FIP). Los gobiernos que son objetivo de estas tácticas (el de Sudáfrica incluido) deberían evitar el ser utilizados por las grandes potencias para proporcionar una máscara de legitimidad a procesos y acuerdos problemáticos. Pero si los gobiernos de esos grandes países en desarrollo deciden, como táctica, participar en reuniones selectivas y actuar al margen del resto de países en desarrollo aliados, deberían hacerlo sólo tras las consultas pertinentes y, en caso de ser posible, con la autorización correspondiente. Sudáfrica, con sus fuertes tradiciones democráticas, podría desempeñar un papel destacado en este contexto. Desde un punto de vista más general, este problema también requiere de acciones concertadas por parte de todos los países en desarrollo que pertenecen a la OMC capaces de cuestionar y cambiar los métodos de funcionamiento de esta organización, poco transparentes, antidemocráticos, selectivos y excluyentes. 8.6 El riesgo contrario se plantea cuando los países desarrollados utilizan el chantaje político con los gobiernos de los países en desarrollo más grandes y/o más avanzados económicamente, afirmando que tienen la 'obligación moral' de aplicar la liberalización contemplada por el NAMA para ofrecer posibilidades de apertura a sus mercados a los países en desarrollo más pequeños o débiles económicamente. Este argumento oportunista, procedente de las filas de los países desarrollados, también se expresa aludiendo a la liberalización del NAMA como manera de 'fomentar el comercio entre países del Sur'. A esto hay que responder que el NAMA, y el paradigma de liberalización de la OMC en general, no es el marco adecuado para promover un comercio más equitativo entre los países del Sur. Ese objetivo se podría alcanzar mejor ampliando el Sistema Global de Preferencias Comerciales (SGPC) para los países en desarrollo (fomentado a través de la UNCTAD), o impulsando acuerdos bilaterales de comercio preferencial opcionales y otras iniciativas de cooperación económica entre los propios países en desarrollo, totalmente fuera del ámbito de la OMC. 8.7 Esto no será algo sencillo y dependerá de la adopción de estrategias con visión de futuro y de la determinación política entre los gobiernos de los países en desarrollo. Mientras tanto, resulta extremadamente complicado crear una mayor cooperación en la OMC entre el gran número de países en desarrollo, debido a sus grandes diferencias económicas -y políticas-, y al hecho de que muchos de ellos se dedican únicamente a perseguir sus propios intereses comerciales a corto plazo. Sin embargo, a pesar de que algunos de los países en desarrollo más grandes y/o más avanzados consideran que deben perseguir sus propios 'intereses nacionales', es esencial -y posible- generar la máxima cooperación posible entre países en desarrollo sobre la base de los asuntos o los intereses concretos que tienen en común, en el contexto de la dominación que todos experimentan por parte de los países más poderosos [véase Apéndice A]. La posibilidad de crear estas alianzas tácticas sobre cuestiones concretas y en coyunturas importantes ha quedado más que demostrada con el papel del G20 en la OMC, y con el reconocimiento y el apoyo mutuos entre los países del G20 y el G33 en lo que se refiere a sus inquietudes y exigencias agrícolas sobre las política agrícolas de los países altamente industrializados, y los acuerdos de la OMC en materia de agricultura, subsidios, etc. El NAMA exige también ahora esas mismas coaliciones o alianzas tácticas sobre cuestiones concretas, formadas por (sub)grupos de países en desarrollo que se respalden entre sí. No será algo sencillo, pero supone algo esencial si los países menos poderosos y menos desarrollados del mundo desean abordar alguna vez el problema del dominio que ejercen sobre ellos -y sobre todo el mundo- las alianzas o la cooperación táctica entre los países/gobiernos/grandes empresas más poderosos y ricos. 8.8 Además de ampliar la cooperación negociadora táctica sobre intereses y exigencias comunes, los países en desarrollo también podrían establecer vínculos entre las diversas negociaciones que están teniendo lugar en la presente ronda. Se trata de algo que ya han expresado determinados países, como el Brasil, al establecer condicionalidades cruzadas entre sus exigencias y sus respuestas en las negociaciones que se están celebrando actualmente sobre el sector agrícola, el de servicios (AGCS) y el industrial (NAMA). Lógicamente, adoptar posiciones en una negociación en función de las posibles concesiones o avances en otra es muy arriesgado, ya que todas las negociaciones y posiciones son importantes por sí mismas. Así pues, cada país debe sopesar cuidadosamente las posibilidades en los diversos contextos y las numerosas variantes posibles en y entre las negociaciones simultáneas con el fin de garantizar que sus posiciones negociadoras en cada ámbito fortalezcan al resto, y no al contrario. Esto es igual de importante entre países. Pero si estas interconexiones o vínculos se sitúan en el marco de una estrategia consciente, coherente e integral, basadas en acuerdos tácticos entre los gobiernos incumbidos, cada negociación se puede utilizar para reforzar los objetivos de las otras y la estrategia en general. 8.9 En lo que respecta a los objetivos estratégicos generales de los países en desarrollo en la presente Ronda de Doha de la OMC, y la próxima Conferencia Ministerial en Hong Kong, el principal interrogante es si estos gobiernos consideran que alcanzar algún tipo de 'acuerdo' de compromiso en la reunión de Hong Kong es inevitable, o incluso esencial. O bien si están preparados a no ceder terreno en todos y cada uno de los acuerdos de la negociación. Y en caso de que, a causa de su actitud firme sobre intereses clave, fracase otra Conferencia Ministerial de la OMC, los países en desarrollo no deben sentir ningún tipo de arrepentimiento ni dejarse intimidar por las grandes potencias y sus agentes mediáticos. Los países en desarrollo, más bien, deberían aprovechar el punto muerto y seguir utilizando los logros obtenidos. Cada conferencia ministerial 'fracasada' forma parte del actual proceso para ir cambiando gradualmente el equilibrio de poder en la OMC, entre los gobiernos de los países en desarrollo y los desarrollados, entre el Norte y el Sur en general, y entre los países y los pueblos ricos y pobres en todo el mundo. 9. Perspectivas tácticas y estratégicas para las organizaciones populares Hace ya años que diversas organizaciones para el desarrollo y contra el neoliberalismo de muchos países africanos centran su trabajo en la OMC y en el papel que desempeñan los gobiernos africanos en ella. La mayoría de éstas son organizaciones de ámbito nacional. Pero hay también algunas redes regionales, como Southern and East African Trade Negotiations Institute (SEATINI), dedicado específicamente a cuestiones relacionadas con el comercio, y Southern African Trade Union Coordination (SATUCC), que cada vez se centra más en el ámbito del comercio. Hay organizaciones con vínculos internacionales, como Third World Network-Africa, muy dedicada al comercio y, en concreto, a la OMC. Y además, está la amplia red continental sobre comercio y desarrollo Africa Trade Network (ATN), que aglutina a organizaciones sociales, medioambientales, de justicia económica, de derechos humanos, a otras redes, a institutos de investigación contra el neoliberalismo y sobre políticas económicas, a ONG, sindicatos y otras organizaciones laborales, organizaciones de mujeres, de campesinos y pequeños agricultores, asociaciones de pescadores, y muchos otros grupos. A medida que estas organizaciones y redes nacionales, regionales y continentales se amplían, e intensifican su compromiso con cuestiones económicas en general, y con la OMC en particular, deben hacer frente a una serie de importantes desafíos tácticos y estratégicos, y de exigencias políticas y organizativas. 9.1 Algunas de estas organizaciones, sobre todos los institutos de investigación contra el neoliberalismo y sobre políticas, proporcionan minuciosos análisis políticos y ayuda técnica a los funcionarios que trabajan en el ámbito del comercio en los gobiernos africanos. Este apoyo y 'creación de capacidades' ha desempeñado un papel destacado a la hora de contrarrestar la influencia ejercida por la OMC, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y otros organismos neoliberales sobre los políticos africanos. Este contrapeso procedente de organizaciones de investigación independientes y no neoliberales se pone de manifiesto en el cambio gradual -y en la mejora- de las posiciones de los gobiernos africanos en la OMC. No obstante, éste no es un papel que puedan, o elijan, desempeñar muchas organizaciones africanas, sobre todo en los países con gobiernos autoritarios que están totalmente comprometidos con el statu quo neoliberal y se muestran indiferentes ante las consecuencias de éste para con sus países y ciudadanos. 9.2 Otras organizaciones africanas que deben lidiar con gobiernos menos hostiles o menos 'vendidos' opinan que presionar a determinados funcionarios/departamentos del gobierno en su país, y a las delegaciones africanas ante la OMC en Ginebra, representa una forma viable y eficaz de influir en las negociaciones. Esta tarea de presión tan específica y hábil ha tenido un impacto positivo en las posiciones y las intervenciones de varios gobiernos africanos en Ginebra y en las negociaciones del NAMA [como se pone de relieve en el apartado 6]. Esto se ha explicado por la influencia de estas dinámicas organizaciones en reuniones regionales e intergubernamentales del continente. Sin embargo, éste es un papel inviable -desde el punto de vista práctico o económico- para muchas organizaciones africanas. Otro problema añadido está en que, para poder ganarse el 'respeto' y la 'confianza' de los funcionarios gubernamentales, estas organizaciones de cabildeo deben entrar en la dinámica de las agendas gubernamentales, y en la propia 'lógica' de los procesos negociadores, y es posible que se fijen tanto en las 'ramas' que no vean 'el bosque', es decir, que pierdan la visión del conjunto estratégico más global. 9.3 Otras organizaciones que trabajan contra el neoliberalismo consideran que conseguir cambios sutiles en las posiciones de los gobiernos africanos, aunque puede que resulte útil a la larga, no está acorde con el tiempo, el esfuerzo y los recursos que ello conlleva. Esos pequeños cambios, arguyen, no modifican necesariamente los resultados finales. Así, a pesar de ser necesario, para que los gobiernos africanos puedan refutar los argumentos y las exigencias de los impulsores de los acuerdos de la OMC y del modelo comercial neoliberal no basta con centrarse en los detalles técnicos o legales. Desde ese punto de vista, el argumento más eficaz en manos de los gobiernos africanos y, por lo tanto, la mayor aportación que pueden brindar las organizaciones populares, consiste en situar sus críticas, de forma muy clara, en el marco de unas perspectivas de economía política totalmente distintas. Así pues, el reto para todas las fuerzas que se oponen al neoliberalismo en África consiste en comprender la naturaleza de sus propias economías, sociedades y entornos, denunciar los efectos del neoliberalismo, y proponer y fomentar ante sus gobiernos alternativas claras e integrales, contrarias al paradigma global imperante hoy día. 9.4 Todas estas múltiples alternativas elaboradas por las organizaciones contra el neoliberalismo también deben nutrirse de la experiencia de grupos locales y de sus comunidades. Su situación y la dura realidad de los efectos de las políticas neoliberales brindan el testimonio más contundente contra organismos como la OMC, el FMI/BM, etc. Así pues, los vínculos directos e indirectos deben extraerse de la sustancia, el impacto y las implicaciones de los acuerdos de la OMC con respecto a las inquietudes y las necesidades más inmediatas de las personas 'sobre el terreno'. Pero el motivo más importante para colaborar con los grupos locales es que, al fin y al cabo, la participación y la movilización de las fuerzas populares (u 'opinión pública') es la manera más eficaz de convencer a los gobiernos para que presten atención a voces y propuestas alternativas. Esto, a su vez, requiere canales formales a través de los que poder transmitir dichas voces y panoramas a los gobiernos. Esta capacitación democrática representa un objetivo fundamental y es un fin en sí misma, pero las expresiones claras y activas de la oposición popular a los programas neoliberales también pueden ofrecer un poderoso argumento que los gobiernos pueden utilizar, si tienen la voluntad y la pericia para hacerlo, para oponerse a las fuerzas y los organismos neoliberales. 9.5 Para poder organizar campañas amplias y eficaces contra la OMC, contra el régimen global neoliberal y por estrategias de desarrollo alternativo hay que contar con un componente destacado: las organizaciones sindicales en los contextos nacional, regional y continental. Los grupos de trabajadores organizados representan una gran fuerza social, situada estratégicamente, en muchos países africanos. Cualquier movimiento social amplio y eficaz debe incluir a los trabajadores organizados. En lo que respecta a la organización de campañas contra el NAMA, es especialmente importante colaborar con los sindicatos de los sectores industriales (manufacturero y minero), cuyos miembros se ven directamente afectados, y aún más amenazados, por la aplicación de las políticas de liberalización comercial y otros programas para la desregulación de los mercados. En este sentido, es enorme el potencial del llamamiento realizado por el mayor y más poderoso sindicato de Sudáfrica y África, Congress of South African Trade Unions (COSATU), para que el NAMA no salga adelante: "hay que detenerlo, y hay que detenerlo ahora". El gran reto está en crear alianzas activas en torno a los grupos laborales organizados y otras fuerzas sociales en Sudáfrica y el resto de África... donde, en general, los grupos obreros organizados son muy débiles. Así pues, resulta evidente que los sindicatos más fuertes tienen la responsabilidad directa de apoyar y fomentar el desarrollo de sus contrapartes en todo el continente. 9.6 Las otras fuerzas sociales que también deben movilizarse son los millones de pequeños agricultores y campesinos organizados, los trabajadores y las comunidades forestales, las asociaciones de pescadores y sus comunidades, y los pequeños comerciantes y productores. Todos estos grupos se verán afectados negativamente por la intrusión, en sus sectores y en sus países, de competidores de grandes dimensiones procedentes de países más avanzados económicamente. De modo que también es necesario vincular sus luchas con la lucha contra la OMC. Pero todas estas interrelaciones también deben establecerse con otras grandes campañas afines, como las que luchan por acabar con los programas de privatización del FMI y el BM en África y sus programas neoliberales de ajuste estructural; las que abogan por la anulación total de la 'deuda' externa de África; las que defienden que se compense a África por la deuda social y ecológica que deben los países desarrollados y sus grandes empresas por los daños que han provocado sus actividades en el continente; y las que luchan por que las economías altamente industrializadas asuman plena responsabilidad por las graves crisis climáticas y medioambientales del planeta. 9.7 La interconexión de estas campañas reforzará también los vínculos, nuevos y existentes, con organizaciones asociadas en otros países del Sur que trabajan en estas campañas y contra la OMC. Estas alianzas y el apoyo mutuo entre sindicatos, movimientos sociales y ONG en África, América Latina y el Caribe, Asia y el Pacífico son importantes de por sí y, además, pueden ayudar a mejorar la cooperación y el respaldo mutuo entre sus gobiernos en la OMC, especialmente entre los gobiernos más activos del G20, el G33 y el G90. El mayor punto de unión puede construirse en torno a los intereses que son comunes a todos los países en desarrollo, y en el contexto de la dominación que todos experimentan por parte de los países más poderosos y sus grandes empresas. En este sentido, cabe asignar una responsabilidad especial a las fuerzas sociales de países en desarrollo clave, más grandes y/o más avanzados económicamente, como Argentina, el Brasil, la India y Sudáfrica, con el fin de garantizar que sus gobiernos desempeñen un papel fuerte y positivo que sirva de apoyo al resto de países del Sur. 9.8 Todas estas fuerzas del Sur también deben forjar otras interconexiones de apoyo mutuo y solidaridad con fuerzas afines de los países industrializados que se oponen a la globalización de las grandes empresas. Juntas, pueden generar un poderoso movimiento internacional contra la OMC, el neoliberalismo y el capitalismo globalizado, aunque puede que utilicen términos distintos para describir el sistema y el régimen económicos que aplastan a todos los pueblos del mundo. Our World is Not for Sale es un buen ejemplo de este tipo de redes internacionales entre Norte y Sur. Además de las numerosas cuestiones tácticas y prácticas que puedan surgir, crear y mantener estas amplias alianzas, que integran a un gran abanico de organizaciones, exige una gran capacidad política y organizativa, y modalidades democráticas. Todo esto es necesario para organizar campañas consensuadas y, si procede, acordar una cierta 'división del trabajo'. Esto también requiere de una comunicación y cooperación eficaces entre aquellos que trabajan 'desde dentro', durante las conferencias ministeriales -ya sea como organizaciones 'acreditadas' por la OMC o incluso incorporadas como miembros en las delegaciones de sus gobiernos-, y aquellos que trabajan 'desde fuera'. Las diversas posiciones tácticas y prácticas entre los reformistas y los radicales también suelen trascender las líneas Norte-Sur. Sin embargo, todos ellos deben afrontar el reto de identificar y perseguir demandas defensivas inmediatas sobre objetivos tácticos a corto plazo, de modo que no desvíen la atención de otros objetivos básicos a largo plazo, ni los minen. Estos objetivos deberían pasar indudablemente por:
Traducción: Beatriz Martinez Ruiz |

