De Lagos a Cartagena
![]() De Lagos a Cartagena El viaje del presidente Bill Clinton a Nigeria y Colombia muestra qué papel asigna EEUU a algunos países claves en áreas periféricas. Washington quiere implicar a Lagos y Bogotá en proyectos de estabilización regional. En el primer caso, delegando en sus fuerzas las misiones de imposición o mantenimiento de la paz. En el segundo, fortaleciendo militarmente al gobierno a través del Plan Colombia. Pero se trata de proyectos geopolíticos que no abordan los problemas económicos y sociales de fondo. Nigeria se encuentra en una débil transición democrática, luego de cuatro décadas de independencia y tres de dictaduras. En julio de 1999 ganó las elecciones el actual presidente Olusegun Obasanjo. Este país de 120 millones de habitantes sufre graves problemas de pobreza, falta de infraestructura, corrupción y enfrentamientos entre algunos de los más de 400 grupos étnicos (con divisiones que suman hasta 1000 identidades). Existe una fuerte tensión entre el gobierno y parte del Norte islamista, donde se ha implantado la Shariah o ley islámica. Nigeria es, junto con la República Democrática de Congo (RDC) un Estado clave que podría ayudar a la estabilidad regional. Gran productor de petróleo, comunidades locales y organizaciones de derechos humanos y ecologistas denuncian a Nigeria y a las empresas multinacionales por la sobreexplotación del medioambiente en la zona del Delta. La pobreza y la desesperación lleva a los pobladores a robar crudo, rompiendo los oleoductos, una práctica que causa terribles y masivos accidentes. Petróleo y deuda externa El interés de Bill Clinton por Africa responde a objetivos internos y externos. Entre las primeros, están satisfacer a la comunidad negra de EEUU en tiempos de elecciones y, en particular, mostrar la preocupación del Presidente por los devastadores efectos del SIDA en Africa. Pero más concretamente, Clinton le ha indicado al presidente Obasanjo que aumente la producción de petróleo para que descienda el precio del crudo, y de esta forma combatir la demanda de Venezuela y algunos países árabes que quieren mayores aumentos del precio por barril. Nigeria abastece el 8% el consumo de petróleo de EEUU. Washington le ofrece como recompensa a Nigeria 120 millones de dólares para escolarización primaria y lucha contra el SIDA. A la vez, desbloqueó hace pocos días un préstamo del Fondo Monterario Internacional (FMI) que estaba pendiente de aprobación . Clinton abogará para que los miembros europeos del Club de París (acreedores de la deuda externa de los países periféricos) condonen parcialmente o renegocien la deuda de aproximadamente 32.000 millones de dólares que tiene Nigeria EEUU quiere, asimismo, contar con Nigeria como un aliado regional estable ante situaciones como las guerras de la RDC y la zona de los Grandes Lagos, Sierra Leona y Liberia. Este interés es compartido por Suráfrica, líder regional crecientemente aliado con Washington. Nigeria es, además, un centro de distribución de droga entre Africa, América Latina y del Norte y Europa y Washington. La mezcla de corrupción y narcotráfico lleva a que Washington tema que el país se convierta en nudo de comunicación incontrolable de las economías ilegales. Para fortalecer al Estado nigeriano y su proyección regional EEUU ha empezado a adiestrar sus fuerzas armadas. El objetivo es que Nigeria continúe realizando intervenciones militares de paz en la región pero con más profesionalización. En el curso de la última década sus fuerzas intervinieron, por ejemplo en Liberia y Sierra Leona liderando a la Comunidad Económica de los Estados de Africa Occidental (ECOWAS), pero fueron acusadas de corrupción y violación de los Derechos Humanos. En julio pasado llegaron alrededor de 300 efectivos de las Fuerzas Especiales de EEUU a Nigeria, al tiempo que otro contingente fue a Ghana. Esto forma parte de la política de EEUU y del actual secretario general de la ONU, Kofi Annan, para crear un cuerpo militar africano que intervenga en situaciones de crisis. EEUU y Europa no quieren arriesgar fuerzas en operaciones de paz en Africa y otros escenarios complejos. Pero desde Sierra Leona hasta Líbano, pasando por Congo, Burundi y Kosovo, la presencia de fuerzas de paz es cada vez más necesaria. El mismo día que Clinton llegó a Lagos, el secretario general de la ONU indicó que hacen falta 20.500 efectivos para Sierra Leona y solo cuenta con la mitad. Para muchos Estados estas tareas resultan atractivas: otorgan prestigio internacional y permiten obtener buenas pagas para los efectivos. Pero los soldados indios, jordanos y de otros orígenes no están preparados para misiones como controlar a los criminales guerrilleros de Sierra Leona, y menos aún con mandatos muy limitados del Consejo de Seguridad. EEUU y Gran Bretaña (en Sierra Leona)están adiestrando y formando ejércitos africanos, pero con procesos de democratización débiles o inexistentes se corre el peligro de dar más medios a los militares en desmedro del poder civil. Por otro lado, sería preciso reactivar las capacidades propias y regionales de la ONU para que esta ejerza, y luego delegue, un poder neutral. En caso contrario, Estados con capacidad militar podrían actuar como potencias regionales respondiendo a sus intereses particulares o por delegación de potencias externas. Intervención delegada En América Latina, EEUU abrió en 1999 el debate con varios gobiernos sobre la creación de una fuerza interamericana para intervenir en Colombia en caso de que el gobierno de Bogotá pudiese caer frente a las guerrillas. Aunque la respuesta fue negativa, Washington ha tomado a Colombia como territorio de vanguardia para el modelo que incluye enviar asesores oficiales y privados (empresas de seguridad), facilitar ayuda militar y tecnología para la guerra y la destrucción de cultivos de droga, y evitar los riesgos de la implicación militar directa y masiva de tropas estadounidenses. El objetivo es robustecer al Estado colombiano, pero manteniendo abierta la posibilidad de una intervención regional con apoyo de EEUU. En América Latina existe una fuerte resistencia al intervencionismo. Pero la puesta en práctica del Plan Colombia, con su poderoso contenido militar, tendrá consecuencias imprevisibles. Hay polémicas en Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú acerca del impacto regional que tendrá al generar refugiados o en la posible utilización que los actores en guerra podrían hacer de los territorios limítrofes. EEUU empieza ahora a transferir los 1.300 millones de dólares para apoyar a las fuerzas armadas en la lucha contra las guerrillas y los narcotraficantes sin pedir a cambio al gobierno colombiano un compromiso con los Derechos Humanos. Esto permitirá que continúe y se agrave el uso ilegal y arbitrario de la violencia por parte de los poderosos paramilitares y de las fuerzas de seguridad. La política de EEUU hacia estos países en crisis se basa en exigirles petróleo barato o la destrucción de cultivos, apertura de sus mercados y medidas anticorrupción. A cambio les ofrece discursos sobre estabilidad política, liberalización de las economías, y más medios para sus fuerzas armadas. Pero esta política carece de medidas para aliviar la pobreza, fortalecer el Estado democrático y dar opciones en el competitivo mercado internacional que Washington promociona activamente. De este modo, las respuestas se quedan en el nivel de la fuerza y esta termina generando más violencia. Desde Nigeria a Bogotá, Clinton presenta su proyecto liberal aparentemente coherente, pero este puede volar por los aires cuando se confronte con las 400 etnias marginadas en Nigeria y la guerra a varias bandas que se libra en Colombia. Copyright 2000 La Republica |

