La integración regional, una oportunidad frente a la crisis

01 မတ်လ 2009
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စာေရးသူ
Esta crisis es una oportunidad única La crisis económica actual tiene fundamentos sistémicos y marca el agotamiento del modelo de desarrollo y globalización de tipo neoliberal. Es necesario construir alternativas concretas frente a tal modelo, que venía funcionando sobre una burbuja de múltiples operaciones especulativas. Debe reflexionarse sobre el fin del patrón de funcionamiento de la economía mundial, en general y del sistema financiero, en particular. Al respecto, los países de A.L. están frente a una oportunidad histórica de avanzar hacia un modelo de desarrollo justo y sustentable en la región. La salida a la crisis no se hará contra un modelo en pleno funcionamiento, puesto que es evidente que éste está agotado y es aquí donde yace tal oportunidad, pues aparece un espacio de proposición y construcción amplio que no era tan visible y esperado algún tiempo atrás, en el mundo del laissez faire - laissez passer, en el mundo del “pensamiento único neoliberal” y del “fin de la historia”. La crisis en curso expresa la quiebra de un sistema lleno de promesas, que ha mostrado su incapacidad de cumplirlas. El mito del “libre comercio” y el actual modelo hegemónico de producción y gestión de los recursos naturales y energéticos ya no convencen a las mujeres y hombres, quienes han sido excluidos por estas políticas impulsadas por el gran capital. Por qué la integración regional es una salida La integración regional aparece hoy como una alternativa para que los países de la región superen la crisis económica global a través de la creación de lazos económicos, dinámicos y solidarios entre ellos. - Crisis de mercado global y límites de los mercados domésticos En primer lugar, los mercados globales sufrieron un colapso y perdieron su capacidad de generar dinamismo en las economías de la región, que en los últimos dos añosnavegaron animadamente por las olas de la subida vertiginosa de los precios de las commodities agropecuarias, minerales y energéticas. Inclusive, los impactos de esta crisis que ya se han manifestado en nuestros países, evidencian que las mejoras en algunos indicadores macroeconómicos, logradas mediante este tipo de inserción, no han sido suficientes para producir un cambio estructural del modelo de desarrollo. Es decir, un modelo con mayor homogeneidad sectorial, un mercado interno basado en el consumo de la "base de la pirámide", exportación diversificada en productos y destinos, calidad de los empleos y los productos generados y mayor justicia social y ambiental. Por otro lado, no hay garantías de que el panorama económico posterior a la crisis sea el de un mundo con gran liquidez de capitales y de crédito, como el que tuvimos en los últimos años. Por eso, los gobiernos nacionales se ven obligados a construir una propuesta para enfrentar el dilema de esperar a que pase la crisis mundial y, con esto, intentar retomar lentamente el dinamismo de las ventas de los productos de exportación tradicional en el mercado internacional, conscientes de que las probabilidades de que esto ocurra son pocas; o buscar construir limitadas salidas nacionales dentro de los límites de recursos y mercados de la mayor parte de los países de la región. - Energía, alimentos y agua para todos América Latina – como región –dispone de abundantes recursos hídricos, bienes ambientales, sociales, culturales, energéticos, minerales y una importante capacidad de desarrollo tecnológico; tiene más posibilidades de autonomía alimentaria, hídrica y energética en comparación con otras regiones del planeta; posee infraestructura en empresas públicas y privadas, que podrían involucrarse en el proceso de construcción de la integración regional; dispone, finalmente, de gobiernos y movimientos sociales con un razonable grado de solidaridad política frente a la perspectiva de integración. Frente al dilema de la crisis actual, la integración regional aparece como una alternativa viable e importante, como posibilidad de caminar hacia un nuevo modelo de desarrollo, más sustentable y justo que el que hasta hoy fue delineado en nuestros países. La Integración regional pensada desde los pueblos de la región ofrece mayores oportunidades para nuestros países, pues puede sobreponer el principio de la solidaridad al de la competencia salvaje y el libre mercado, que como sabemos, y bien lo ha demostrado esta crisis, ni lleva al equilibrio ni apunta a la justicia, como pretenden algunos teóricos. Esta integración tendrá que estar fundada en los principios de la complementariedad y solidaridad, y enfocada como resultante hacia el alcance de sociedad más justas y equitativas económica y socialmente, donde el beneficio de los hombres y mujeres de manera integral, sean el objetivo supremo. Experiencias no tradicionales de integración como el ALBA apuntan a la complementariedad y la solidaridad entre nuestros países para la satisfacción de las necesidades de nuestra población de forma mucho más racional e eficiente que la competencia intra-regional, el libre comercio o el mercado como único mecanismo de regulación. Los procesos de integración en la región y la disputa por un modelo de integración popular y sustentable. En el mejor de los casos, el escenario de los procesos de integración en las Américas muestra una evolución lenta que lindera con la parálisis. Algunos avances progresistas en el Mercosur son innegables, como por ejemplo la incorporación formal de la preocupación por las asimetrías existentes en el bloque y la embrionaria creación de fondos para tratar el problema. Se puede hacer un balance similar del establecimiento político y los avances de la UNASUR. Sin embargo, en términos sustantivos, la potencialidad para mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos y de los trabajadores en nuestras regiones aún está distante de una realidad. En el peor de los casos, se observa la funcionalización de los procesos a la lógica neoliberal a través de la adopción del modelo de “regionalismo abierto” cuya aplicación ha dejado huellas enormes en la CAN, América Central y el Caribe. Incentivado mediante la promoción de la competencia indiscriminada hacia dentro y hacia fuera de los bloques y la firma de tratados bilaterales de libre comercio con Europa y Estados Unidos, esta reducción de la integración regional a una mera integración comercial sólo ha erosionado la posibilidad de profundizar otras dimensiones de la integración y nada indica que haya sido beneficiosa para la sociedades de estos países en su conjunto. Es decir, al observar la extensa experiencia de los procesos de integración regional en las Américas – más de 40 años en algunos casos – no es evidente que la misma, por el camino que hasta ahora ha transitado, tenga un potencial benéfico para nuestros pueblos. Es evidente, en cambio, que la retórica del compromiso político con la integración se ha confrontado frecuentemente en la práctica con soluciones que han dado prioridad a intereses políticos o económicos nacionales, relegando las acciones y soluciones comunes, ante los llamados “costos” de corto plazo de la integración. Para superar la dimensión política de este problema, la búsqueda de la consolidación de las soberanías nacionales debe ser entendida en el marco del compromiso conjunto de profundización de la democracia y de la autonomía de la región; como ocurrió en el caso de la intervención de UNASUR en la elucidación de los conflictos en Bolivia. En este sentido, el compromiso consistente y sostenido de los gobiernos para tales procesos integradores se tornan piezas fundamentales. Dicho compromiso debe expresarse en la construcción de una institucionalidad sólida, que funcione con políticas y acciones comunes en un verdadero ejercicio de soberanía compartida y real. No se puede negar que lo que ha hecho posible y viable una integración alternativa es que en muchos países los Estados han recuperado la capacidad de promover el desarrollo productivo y social o han avanzado mucho en ese sentido. Por esta razón, debemos insistir en que esa integración alternativa que buscamos no es incompatible sino complementaria con la defensa y avances en la soberanía nacional. No es la defensa de un nacionalismo estrecho, sino de la posibilidad de un camino hacia la integración entre naciones, que no son simplemente víctimas de los designios de los imperios, sino naciones soberanas que tienen proyectos nacionales de desarrollo, que deben ser articulados regionalmente. Latinoamérica, la nueva geopolítica y la construcción de un nuevo modelo de desarrollo con base regional. La integración regional es clave para dos perspectivas estratégicas fundamentales que se abrieron con esta nueva coyuntura histórica:
  • Los países de la región quieren jugar un papel propio en un mundo multipolar que se desarrolla a pesar de las crecientes dificultades del unilateralismo del gobierno de los EUA; ese papel no lo conseguirían separadamente,
  • Cada país aisladamente, incluso los más grandes, no tendría condiciones de implementar dinámicas diferentes a las impulsadas por el mercado mundial globalizado, es decir, los procesos de desarrollo nacional si se quieren pos-neoliberales, necesariamente pasan por la integración regional.
  • Sin embargo, para que una integración camine en ese sentido, es necesario asociar el proceso de integración a uno de transición hacia otro modelo de producción y consumo que supere los límites del actual modelo de desarrollo
La crisis y los límites que ella impone con el fin de mantener el status quo deben ser el motor para la superación de las debilidades hoy existentes y el nuevo dinamismo que las construcciones institucionales deben promover, ligado a la necesidad de responder a la crisis desde un proyecto autónomo y alternativo de desarrollo para la región, es decir, emancipado de los intereses de las potencias centrales. Cuál es entonces la salida para la integración regional de la que hablamos.
  • Una estrategia productiva organizada y regulada regionalmente Antes que nada, debe ser radicalmente diferente al apoyo a las actividades de las grandes empresas, que buscan ganar en el espacio regional la musculatura necesaria para competir e insertarse en el mercado global. El resultado de este tipo de integración es el favorecimiento del aumento de la movilidad y las ganancias del gran capital; estrategia que conocimos durante la década pasada, a través de propuestas como el ALCA y el IIRSA y el empeño por la liberalización progresiva que orienta las negociaciones en la OMC. Aunque estas empresas van a intentar en breve reavivar este movimiento, que podrá caminar libremente si no enfrenta un proyecto de integración solidario que sirva de contrapunto político y económico, esta no es la integración que queremos. Esto debe llamar la atención sobre dos elementos importantes para la construcción de la integración regional como alternativa a la crisis. El primero es que una tarea importante de una institucionalidad regional alternativa en proceso de creación, debe ser la regulación de la operación de esas empresas en la escala regional, teniendo en cuenta los intereses sociales, culturales, ambientales y otros. Además, es fundamental estructurar las cadenas de producción en el conjunto de la región a partir de la nueva escala de operación de esas empresas en un ambiente regional, de modo que su expansión no sea vista como un proceso de afirmación de hegemonías y de poderes de algunos países sobre otros, sino como la posibilidad de generación de dinamismo económico, empleo y riqueza en toda la región.
  • La superación de las asimetrías como objetivo de corto, medio y largo plazo Una de las prioridades del proceso de integración debe ser la superación de las asimetrías entre los países y dentro de los países de la región: crear sistemas de producción integrados, circuitos de producción, servicios y comercio a los cuales todos puedan integrarse, con el objetivo fundamental de utilizar este proceso para generar oportunidades dinámicas de desarrollo para las regiones y países que hoy presentan más dificultades o se encuentran estancados. Dada la acumulación histórica de fragilidades de regiones y países enteros en América Latina, este proceso debe ser completado, en un primer momento, con políticas específicas que busquen compensar en el corto plazo las asimetrías hoy existentes, principalmente en lo que se refiere al desarrollo social, de forma tal que se reduzcan las diferencias al mismo tiempo que se desarrolla en estas regiones la capacidad de aprovechar las oportunidades dinámicas del proceso.
  • Producción regional de tecnología y cultura Hay importantes aspectos que pueden ser incentivados, y que deberían serlo, por su capacidad de impulsar el proceso de desarrollo regional, por la popularización y por el dinamismo que pueden generar, más allá de contribuir con la búsqueda de soluciones a problemas específicos en la región. Uno de ellos es la integración de los centros de producción de tecnología y producción/difusión cultural de la región. En diversos países de la región existen espacios de generación de tecnología, especializada o genérica, en diversas áreas (de agricultura y ganadería, pasando por medicamentos hasta industria aeronáutica entre otras). No hay una razón para no integrar esos centros, aprovechando sus sinergias, a través de recursos estimulados en la región, haciendo que las ganancias devenidas de este proceso puedan ser utilizadas en toda América Latina. Lo mismo cuenta para la enorme producción audiovisual, el potencial deportivo, y la capacidad aún mayor, que sólo la creación de una escala de consumo derivada de un mercado ampliado regional puede proporcionar. Esta propuesta, además, debe ser defendida en las negociaciones de la OMC y otras negociaciones con otros bloques -como es el caso de la UE- sobre “Normas de Origen”, que son específicamente utilizadas por las grandes potencias para impedir la articulación productiva de los pequeños países y economías emergentes con destino a terceros mercados.
  • Prioridad a las pequeñas y medianas empresas Otro punto es el incentivo general o sectorial al desarrollo de pequeñas y medianas empresas, que puede ser estimulado por el desarrollo integrado de los mercados regionales. Desde el desarrollo de software hasta la industria de turismo basada en un esquema de pequeñas posadas, aprovechando la diversidad de ambientes y culturas existentes en la región. Las empresas pequeñas o medianas presentan un potencial efectivo de generación de empleos, pero además de eso, acoplarlas al proceso de integración regional – y de un proceso de integración que alimente el desarrollo – podría dar una enorme legitimidad social al proceso.
  • Soberanía alimentaria regional y estímulo a la agricultura familiar en pequeñas y medias unidades de producción La viabilidad de algunos productos locales y regionales de la agricultura familiar y campesina choca con los límites del consumo en esas regiones y en algunos países. Por eso, la creación de un mercado regional podría servir para viabilizar una producción agrícola más diversificada, que escapase a la homogeneidad de los productos y procesos de producción tan característica del agronegocio, con sus paquetes tecnológicos y su estructura de comercialización, ambos concentrados e internacionalizados. La difusión de productos puede al mismo tiempo ganar impulso y empujar la gastronomía regional, el turismo gastronómico, y otros aspectos generadores de dinamismo económico e integración cultural.
  • Facilitar el transporte colectivo intra regional con prioridad en las personas La integración de la infraestructura de transportes de la región, aprovechando la diversidad de opciones, las posibilidades locales de superar los dilemas ambientales y climáticos y las perspectivas de la producción y desarrollo tecnológico, además de la posible construcción de empresas públicas regionales es otro eje fundamental que puede dar soporte a un proceso integrado regional. Aquí es necesario pensar en grande, pues el problema del transporte en largas distancias no se resuelve con la difusión del transporte rodoviario. Por qué no pensar la reactivación e integración de los sistemas ferroviarios locales y de un sistema ferroviario regional? Por qué no pensar en la integración del transporte marítimo y fluvial aprovechando lo que ya existe? Por qué no pensar en la creación de una compañía aérea regional que permita y viabilice la integración de una red de ciudades medianas de la región, con aeronaves de pequeño y medio porte que el potencial de producción aeronáutica existente en la región permite? No estamos hablando de ningún problema abstracto, sino de un problema que probablemente todo latinoamericano que intentó moverse, o mover una carga por el interior de la región ya enfrentó. Es importante considerar el impacto de estos procesos en cada país, lo que significa reafirmar, también, una opción clara por el fortalecimiento del transporte colectivo en los centros urbanos, como forma de desestimular el uso de medios individuales que impactan en la demanda energética.
  • Integración financiera regional El proceso de discusión en torno al Banco del Sur mostró las dificultades políticas y las diferentes perspectivas entre los diversos países de la región. Pero mostró también el enorme potencial y las necesidades de desarrollo de un sistema financiero regional que pueda, simultáneamente, regular las finanzas en el ámbito regional y proteger las economías de la región y la economía regional de los shocks externos, crear uno o más mecanismos de fomento al desarrollo regional y permitir un proceso de intercambio dinámico entre las economías de Latinoamérica que no pase por sancionar, a través de la utilización de sus monedas, al poder de las economías centrales del capitalismo – o sea, permitir la creación de una moneda regional, o un sistema en el que una unidad común de referencia, sin necesariamente viabilizar una moneda común, pueda ser utilizada en la región. Las dificultades y la turbulencia financiera, más que una restricción, deberían servir para incrementar las discusiones y acciones orientadas a transitar este proceso de regulación y de desarrollo financiero regional.
  • Solidaridad y complementariedad energética regional Las dificultades en la regulación de la generación potencial de energía a través de acuerdos regionales deberían haber conllevado a la consolidación de un ente público regional que regule e impulse un sistema energético integrado. Más allá de los intereses nacionales limitados, la viabilización de la generación de energía en el ámbito regional debe promover el aprovechamiento de todas las alternativas, de modo que la producción sea lo menos nociva posible del medio ambiente y, al mismo tiempo, permita atender a un nuevo patrón de consumo y producción articulado con el proceso de desarrollo regional. La reducción de las distancias entre la producción y el consumo, reduciendo el gasto de energía con el transporte de los productos podría ser una de las muchas iniciativas para cimentar un nuevo patrón energético que, fundamentalmente, debería estar basado en la premisa de la soberanía y solidaridad energética, buscando la eficiencia, la diversificación de las fuentes y el foco en energías renovables.
  • Un nuevo patrón de participación y transparencia Es necesario pensar de manera conjunta entre sectores políticos y sociales afines a la profundización de los procesos de integración latinoamericana, cuáles son los mecanismos idóneos para no reproducir lógicas heredadas de la década del 90, en términos de participación de la ciudadanía. En este sentido, los mecanismos de participación social tienen que ser canales de diálogo y proposición que convoquen y expresen las necesidades y sensibilidades de los movimientos sociales y de los diversos actores y actrices políticos, como partidos y parlamentos, que conforman la sociedad civil organizada, impulsando así la consolidación de la democracia. Por ejemplo, en el caso de los proyectos productivos o de infraestructura que tienen diferentes tipos de impactos territoriales y ambientales, es necesario construir una metodología de participación real en la toma de decisiones que supere la lógica de la “presentación de estudios de impacto ambiental” hoy instrumentalizada por el capital, para garantizar que habrá toma de decisiones en función de los intereses colectivos de los directamente afectados, licencia social (prevista en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, DESC en su art. 1, inc. 2), repartición de los beneficios e impactos concretos en términos de abatimiento de la pobreza.
La construcción de la integración de y para los pueblos Ésta, en definitiva, debe ser la esencia y el motor de un nuevo modelo de desarrollo regional, la integración de decenas de millones de latinoamericanas y latinoamericanos a un nuevo patrón de consumo y producción, generador de riqueza y empleo, que permita impulsar el mercado de la región y construir un proceso diferenciado de desarrollo, buscando reducir drásticamente las desigualdades de toda naturaleza, existentes entre las poblaciones de la región. Pero así como decimos que debemos superar las asimetrías entre los países y dentro de los países de la región, también debemos asumir el compromiso con la reducción de las desigualdades sociales entre los pueblos y dentro de los pueblos. De aquí, que los movimientos sociales nos planteamos la transformación alternativa - del modelo socioeconómico de desarrollo – transformándonos; es decir, que la integración de los pueblos la concebimos partiendo desde la integración de los sujetos sociales diversos dentro de los pueblos. Por ello, la integración de los pueblos - de nuestras naciones – debería ser hecha, no sólo “desde la transformación política para los pueblos”, sino necesariamente con la transformación social desde los pueblos. Entendiendo este proceso como la oportunidad de avanzar en uno de transición hacia otro modelo de producción y consumo, que implica nuevas formas de organización de relaciones sociales, comunitarias y del trabajo. Transformar debilidad en fuerza, carencias en potencial de desarrollo, desigualdades a ser superadas en posibilidades de transformación y desarrollo tecnológico, el respeto a las diferencias culturales en potencial de impulso, inclusive económico, del proceso de integración regional. Éste es el motor de una alternativa que puede ser construida para que, más allá de la bruma y de las turbulencias de la crisis económica actual, se pueda vislumbrar el potencial real de creación de un mundo diferente y mejor en Latinoamérica y el Caribe y, a partir de allí, integrarlo necesariamente a otras regiones que también deberán aprovechar y desarrollar sus posibilidades. Hoy los movimientos sociales, frente a la actual crisis global o a la combinación de crisis especificas, tenemos la oportunidad histórica de contribuir a lo que pudiera ser el inicio de la etapa final de un sistema agotado y acorralado, superando la mera respuesta a una crisis desarrollada por las propias contradicciones del sistema que la ha engendrado, con el enfrentamiento real entre incluidos y excluidos.. Este camino sólo será posible en la medida en que podamos construir otra matriz productiva para el desarrollo del vivir bien o el buen vivir. www.alternative-regionalisms.org Alianza Social Continental