Comenzar el repliegue: el Informe Baker sobre Irak

07 ဒီဇင်ဘာလ အသုံးပြု စကားစု - လအမည် အပြည့်အစုံ 2006
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စာေရးသူ
The Baker-Hamilton report on Iraq is a step towards negotiating the exit of US from Iraq, says Aguirre, which diplomatically indicates it should have been done a year or two ago.

Tres años después que los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, con la entusiasta ayuda de otros países, se lanzaran a conquistar Iraq, el Grupo de Estudios sobre Iraq liderado por el diplomático James Baker y el ex congresista Lee Hamilton acaba de presentar en Washington su conclusión: esta guerra debe llegar cuidadosamente a su fin.

Hasta ahora la guerra de Iraq ha costado 400.000 millones de dólares, la vida de casi 3.000 soldados propios y 21.000 heridos y un número desconocido de víctimas iraquíes (entre 60.000 y 100.000 según algunas fuentes). De los objetivos que se había planteado la Casa Blanca no se ha logrado ninguno: no hay democracia en Iraq ni se ha expandido en la región, el Estado ha desaparecido, las comunidades suni y shiíta están enfrentadas a muerte y los kurdos aguardan para independizarse, hay más terrorismo y Estados Unidos es cada vez más rechazado mientras que Irán se perfila como el país que sacará más beneficios de la situación.

Baker, Hamilton y el resto de los miembros del Grupo plantean, primero, que se debe cambiar la misión: del triunfalismo de imponer la democracia se debe pasar a tratar de estabilizar el Gobierno iraquí, gestionar el petróleo, dar más seguridad a la población. A la vez, indican que se debe abandonar la idea de dividir el país en tres porque eso incentiva la violencia para ganar posiciones.

En segundo lugar, el Gobierno iraquí debe cumplir un plan de toma de control de la situación en unos plazos. Si no lo hace, Washington debe ir retirando apoyo económico y militar. Esta es una de las medidas más duras e irrealizable.

El Gobierno iraquí no controla el país y vive aislado y protegido por las fuerzas de Estados Unidos. Pedirle que cumpla es una imposición irreal que llevará a una desconfianza mayor entre ese gobierno débil y Washington.

Tercero, generar una nueva diplomacia regional e internacional que incluya a la ONU, el Consejo de Seguridad, la Unión Europea, los países del Golfo Pérsico, Egipto y, algo significativo que se veía anunciando, Irán y Siria. Hamilton y Baker consideran que Irán puede ser un factor de estabilidad porque le interesa frenar la guerra civil en Iraq. Respecto de Siria, esperan que colabore en controlar el flujo de armas y la insurgencia para conseguir, a cambio, más legitimidad y estabilidad regional.

Un factor importante es que desvinculan la cuestión nuclear iraní de la posible colaboración de Teherán. Por otro lado, en ese contexto regional, Hamilton y Baker han incluido una referencia al conflicto israelo-palestino y consideran que debe volverse a las Resoluciones básicas de la ONU que proponen paz por territorio.

"La posición global de los Estados Unidos podría deteriorarse si Iraq desciende en un caos todavía mayor". Esta afirmación define la perspectiva desde la cual ha sido realizada consideran que "Iraq es una prueba importante de las capacidades militares, diplomáticas y financieras de Estados Unidos. La percepción de fracaso podría disminuir la credibilidad e influencia de Estados Unidos".

La victoria del Partido Demócrata en las elecciones legislativas del mes pasado sirvieron para promover la idea de la retirada de Iraq. La Casa Blanca y los sectores más favorables a la guerra consideran que hay que "mantener el curso". El dilema imposible es que si las fuerzas de Estados Unidos se retiran el Gobierno iraquí duraría menos de una semana. Pero si se quedan proseguirán los ataques y una parte de la violencia a la vez que la misión se ha perdido: los soldados no saben porqué están ahí. Todo ésto implica más desmoralización de la tropas, más bajas y más rechazo en y hacia la sociedad estadounidense.

El Grupo de Estudios sobre Iraq ha tratado de sintetizar lo imposible. Indican que no se deben aumentar las tropas (algunas voces pedían subir el número hasta 100.000) pero sugieren que se aumente cautelosamente y durante un período de transición la cantidad de efectivos en unidades de combate con el Ejército iraquí para fortalecerlo, apoyarlo y entrenarlo. Al mismo tiempo, se plantea no irse precipitadamente de Iraq, pero ir disminuyendo la presencia militar entre ahora y el 2008. Idealmente, en ese año podrían salir la mayoría de los soldados porque el Gobierno iraquí tendría un ejército fuerte y una situación estabilizada.

Dada la debilidad del Gobierno iraquí, la fuerza y diversidad de la resistencia y la incapacidad de Estados Unidos de combatir a un enemigo que usa brutales tácticas de guerrilla como los ataques suicidas y la represalia sobre las familias de los que ingresan en las fuerzas de seguridad, es difícil que ese objetivo se cumpla.

Quedarse o salir es un dilema no sólo para el Gobierno de Bush sino para los Demócratas. Si el Partido Demócrata corta los fondos en el Congreso y fuerza una retirada podría ser acusado de haber perdido la guerra que, según Bush, se está ganando. Si los Demócratas apoyan al Gobierno se convierten en cómplices de una guerra perdida y cada vez con más bajas. A la vez, pueden perder apoyo electoral para las elecciones presidenciales del 2008.

Para Bush es importante hacer que los demócratas sean con responsables porque le quita peso a sus errores. A la vez, en círculos de expertos en Washington no descartan que el presidente no ceda por obstinación y quiera seguir con la guerra.

El Informe sobre Iraq Baker-Hamilton es un paso en el proceso de negociación externa e interna para la salida de Estados Unidos de ese país. Su cautela y cuidado lenguaje indica lo que se debería haber hecho hace uno o dos años. Una parte de sus medidas ya no son útiles, pero era necesario que alguien dijese lo que dice. En este sentido, es un punto de partida para comenzar el debate sobre la retirada.

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