Históricamente, la legislación brasileña en materia de drogas se ha visto muy influenciada por las convenciones de drogas de la ONU. En el marco de estas convenciones, Brasil se comprometió a “combatir” el tráfico de drogas y a reducir el consumo y la demanda a través de todas las medidas a su alcance, incluida la más drástica de ellas: el derecho penal. Por otra parte, el compromiso oficial del país con el sistema internacional de vigilancia de estupefacientes y sus estrechas relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos llevaron a la adopción de un enfoque prohibicionista que estaba muy en sintonía con la guerra contra las drogas de Washington.