Cocaína colombiana: ¿Dónde estamos?

06 သြဂုတ်လ 2020
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Colombia sigue siendo el mayor productor de cocaína en el mundo. Aunque Estados Unidos es el principal destino de esta sustancia, se han abierto nuevos mercados en Europa y algunas partes de Asia y Oceanía. En los últimos cinco años, la producción de cocaína ha ido en aumento, debido al desarrollo agronómico y la optimización del uso de los precursores químicos. Ricardo Vargas analiza el panorama actual de la cocaína colombiana, los carteles de narcotráfico y las violaciones de derechos humanos bajo la política de erradicación de cultivos.

La producción mundial de cocaína en 2018 alcanzó 1.720 toneladas, nivel suficiente para satisfacer un mercado diversificado geográficamente y en franco crecimiento. Colombia suministra el 70% de la oferta en ese nuevo escenario y tiene la particularidad de ser una fuente especializada en el abastecimiento de ese psicoativo, teniendo en cuenta el gran auge del policonsumo. Este contexto ha llevado a la conformación de consorcios criminales que se encargan de atender la diversificación del consumo de drogas en los mercados internacionales. En el siguiente gráfico se observa la evolución de la producción mundial de cocaína en los últimos 20 años.1

Gráfico 1: Hectáreas sembradas de hoja de coca y producción de cocaína 1998 - 2018

Después de Colombia, Perú es el segundo productor con un suministro del 20% y Bolivia es tercero con el 10%. En general, la cocaína experimentó un fuerte crecimiento entre 2013 y 2017, con una estabilización en 2018 hasta el día de hoy. Pero es interesante apreciar cómo se eleva la capacidad de producción de cocaína en relación con las áreas de siembra de hoja de coca, una tendencia que se observa con fuerza en el 2018 y se consolida en el 2019. La siguiente gráfica ilustra este fenómeno:

Gráfico 2: Áreas de coca y producción de cocaína 2005-2018

Fuente UNODC: Monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2018. Edición agosto de 2019.

La producción de cocaína se duplicó entre 2014 y 2018. Esta tendencia imparable se debe a las mejoras en las variedades de coca, los manejos agronómicos y la optimización del uso de los precursores químicos, incluyendo la garantía de suministros de materia prima para la elaboración de psicoactivos. En este sentido las políticas de interdicción buscan detener la elaboración de cocaína apuntando también a controlar los elementos básicos para su producción, como por ejemplo el permanganato de potasio, que se usa en la fase de elaboración de la Pasta Básica de Cocaína (PBC). A pesar de que las incautaciones de este químico tuvieron un pico de 585 toneladas en 2016, aquellas cayeron a tan solo 70 toneladas en 2018. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC), estos indicadores demuestran que Colombia está produciendo el permanganato de potasio a nivel nacional, con un mercado asegurado en el marco del crecimiento de la producción y demanda del psicoactivo.

Esta situación de auge de la cocaína colombiana quedó reflejada en el último informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos, SIMCI, sobre el monitoreo de la producción colombiana, en el que se señala que mientras se presentó una leve disminución del número de hectáreas de coca (de 169.000 detectadas en 2018 a 154.000 en 2019) el potencial de producción de clorhidrato de cocaína pura se estimó en 1.137 tm, verificándose un aumento de 1,5% en relación con el 2018.2

Otros indicadores en las tendencias del mercado internacional

Brasil es el segundo país, después de Colombia, en cuanto a incautaciones en América Latina, con un incremento del 65% en 2018 frente a 2017, alcanzando 79 toneladas, mientras que el país andino mantuvo niveles de 413,4 toneladas (2018) y 433 toneladas (2019).

Otro dato importante es la exportación de PBC principalmente desde Colombia, para ser procesada en otros países, fundamentalmente, los de tránsito. En el radar de la UNODC aparecen bajo esa función países como Venezuela, Argentina, Brasil, Paraguay y Ecuador en Sudamérica, donde se han encontrado varios laboratorios de refinamiento de cocaína. Es claro que Sudamérica se ha convertido también en un mercado importante de uso (tercera región a nivel mundial con el liderazgo de Uruguay, Chile, Brasil y Argentina) además de ser lugar de tránsito principalmente hacia Europa Occidental.

Así mismo, en Guatemala y Honduras existen laboratorios de procesamiento de cocaína. En total se han hallado laboratorios en 15 países, lo que mostraría nuevas dinámicas de arreglos, disminución de costos por pérdidas en puntos de salida desde Colombia y aseguramiento del valor agregado que adquiere la sustancia en la medida en que avanza hacia los mercados internacionales.

Los sitios de mayor movimiento de cocaína también muestran una tendencia interesante. Se destacan, por ejemplo, Europa Occidental y Central como los mercados que han tenido un comportamiento significativo si se tienen en cuenta los niveles de incautaciones actuales. Los decomisos en Europa Occidental y Central se triplicaron entre 2014 (62 toneladas) y 2018 (177 toneladas). Esta última cifra representa un 14% de todas las incautaciones en el mundo, con presencia destacada de Bélgica, España, Holanda y Francia como los principales puertos de ingreso. El incremento de incautaciones dice mucho sobre los volúmenes de cocaína que están transitando por ese continente y explica por qué Brasil es el principal país de reexportación hacia Europa.

Por su parte, África Occidental se consolida como puente estratégico de tránsito en esta ruta hacia Europa, que se refleja en incrementos de incautaciones en países como Marruecos, con cifras de 2018. Además de Marruecos, esta ruta incluye también a Argelia, Namibia, Mozambique, Sudáfrica y Nigeria. Los decomisos muestran un incremento de 1,2 toneladas en 2015, 3,3 toneladas en 2017 y 5,6 toneladas en 2018. En esa ruta se utilizan principalmente contenedores que se movilizan luego por mar hacia los grandes puertos europeos liderados por Amberes, Rotterdam y Hamburgo.

En el caso de Estados Unidos, la tendencia del mercado sigue estable, con un leve incremento en los últimos cinco años sin que se evidencie un boom en la demanda, como sucedió en la década de 1980. Si bien Estados Unidos ha duplicado los niveles de incautación entre 2014 y 2018, de 91 a 172 toneladas, estos se han producido allende sus fronteras y abarcarían mercados que podrían incluir como objetivo a Canadá. En contraste, los niveles de incautación en el interior reportados por Aduanas y el Servicio de Protección de Fronteras de Estados Unidos cayeron de 34 toneladas en 2017 a sólo 27 toneladas en 2018, así como en los informes de la DEA (Cocaine Removals) desarrollados en el interior disminuyeron de 114 toneladas en 2017 a 93 toneladas en 2018.

La disponibilidad de cocaína entre la población está siendo percibida hoy como levemente menor con respecto a años anteriores. Esto puede ser un indicador de que la cocaína ya no es la primera sustancia que circula en los principales mercados de drogas y es probable que se mantenga una leve tendencia a la disminución. No obstante, Colombia sigue siendo el abastecedor más importante, con un 90% de las muestras testeadas en las incautaciones, seguido de Perú (6%) y el restante 4% de origen desconocido.

La caída de las incautaciones de cocaína dentro de las fronteras de Estados Unidos es un excelente indicador de las nuevas tendencias de la demanda, que se caracteriza por el policonsumo. Esto explica las preocupaciones recientes sobre el impacto severo de los opioides, que ha llevado a que la labor de inteligencia se centre en ese tipo de suministros. El auge del policonsumo es una característica del mercado de drogas hoy a nivel mundial. En otras palabras, el mercado mundial de sustancias psicoactivas ha sufrido una significativa transformación en donde se ofrece una multiplicidad de drogas, desde las de origen natural hasta las sintéticas para usos ilegales o a través de la desviación de medicamentos para usos distintos al medicinal, principalmente opioides. Todas representan un mercado con grandes ganancias.

Colombia es también la principal fuente de suministro de cocaína para el mercado de Asia y Europa Occidental y Central. En el caso de Asia, se mantiene en los dos últimos años promedios de 3,5 toneladas en incautaciones y en Australia los decomisos han crecido significativamente pasando en los últimos años de 756 kg a 2,1 toneladas (véase el gráfico).

Gráfico 3: Distribución por origen geográfico de la cocaína incautada en las fronteras de Australia 2019 – 2018 (junio)3

Los precios en Australia son significativos, oscilando entre 165.000 y 230.000 dólares australianos por kilo, lo que equivale a cerca de US$110.000 – US$154.000 dólares para los años 2017 y 2018. Las pruebas para medición del consumo, obtenidas a partir del análisis de aguas residuales, indican incrementos importantes de la demanda en Australia, pasando de 3,1 toneladas (2016) a 4,1 toneladas en 2017 y 4,6 toneladas en 2018.4

¿Qué conclusiones se pueden obtener de la anterior evidencia estadística?


  1. Colombia se consolida como el primer país suministrador de cocaína en el mundo, manteniendo un aprovisionamiento constante en Estados Unidos y un incremento de la exportación a Europa Occidental y Central. Además, Colombia también abastece a Brasil tanto para consumo interno como para reexportación hacia Europa vía África, así como parte de Asia y Oceanía. Estos nuevos mercados representan un ingreso importante para los exportadores colombianos, habida cuenta del auge de precios y supone también nuevos arreglos empresariales con estructuras locales que se encargan de reexportar o distribuir local y regionalmente.

  2. De este modo se observa con claridad que la fortaleza de las organizaciones criminales colombianas radica en su invisibilidad y la especialidad en el manejo transnacional de este psicoactivo. Este perfil contrasta con el crimen organizado mexicano, el cual se distingue hoy en día por un manejo de múltiples sustancias que atienden un mercado principalmente en Estados Unidos, determinado cada vez más por el policonsumo. Los mexicanos deben estar creando un emporio financiero y consolidando un poder empresarial ilegal significativo por la capacidad de reexportación de las sustancias más demandadas hoy en Estados Unidos, como son los opioides de origen natural, los opioides sintéticos, las metanfetaminas y, sobre todo, el fentanilo, sustancia letal en diferentes sectores sociales, principalmente blancos empobrecidos que demandan un sustituto al consumo de heroína.

    El México criminal que gira alrededor de los mercados de drogas ilegales afianza sus relaciones con China, principal fuente de suministro tanto de sustancias como de materia prima para producir drogas sintéticas. Lo mismo está sucediendo con la India. Este contexto es interesante porque refuta con evidencia las especulaciones de algunos observadores –sobre todo colombianos– que repiten la necia idea de una supuesta fortaleza del crimen organizado mexicano al “sustituir” a las organizaciones colombianas en torno a la cocaína. La realidad es otra.

  3. También se puede observar la fuerte evidencia de que el problema de drogas hoy en Estados Unidos es justamente el policonsumo letal, escenario que es manipulado por distintos informes de la DEA y diferentes instancias sobre drogas de ese país, que buscan mantener la narrativa que adjudica a Colombia una falsa responsabilidad por lo que ocurre hoy en la demanda de psicoactivos en ese país. Lo anterior se evidencia en las cifras del National Vital Statistics System, que muestran un dramático incremento de las muertes por sobredosis de opioides (ver gráfico 4)5, además del grave problema de salud pública ahondado por un modelo que evidencia el quiebre de las políticas preventivas y de tratamiento en Estados Unidos.

Fuente: National Vital Statistics Report, Vol 68 No.3, 21 de marzo de 2019

Los opioides sintéticos distintos a la metadona han creado un serio problema de salud que, de acuerdo con el gráfico, repunta como una tendencia al alza en los últimos dos años. El fentanilo es el principal causante de esa tendencia. Según el grupo étnico, se observa una mayor mortalidad por consumo en blancos, seguido por la población negra y, finalmente, personas de origen hispano.6


  1. Retomando el punto anterior, la manipulación simbólica frente a Colombia crea una narrativa de “corresponsabilidad” que justifica –entre otras– la presencia de soldados estadounidenses en suelo colombiano para “combatir el narcotráfico”. Ese discurso, y sus consiguientes decisiones, es facilitado por una élite compuesta en gran medida por nuevas generaciones de beneficiarios del narcotráfico y la criminalidad, que incluye el lavado de activos, principalmente a través de la concentración de la propiedad de la tierra en zonas rurales, negocios inmobiliarios en zonas urbanas y la financiación de campañas electorales. La permisividad basada en una vigencia inusitada de la agenda bilateral que ha narcotizado nuevamente la política exterior colombiana, está teniendo costos muy altos amén de una apuesta errática y fracasada frente a la situación política de Venezuela, comodín de las pretensiones electorales del presidente Donald Trump de conquistar el electorado en el estado de Florida.7 Y para ello la narrativa de la lucha contra las drogas es útil.

  2. Mientras las organizaciones narcotraficantes colombianas exhiben una clara fortaleza en su capacidad de conquista de nuevos y promisorios mercados internacionales y afianzan un poder transnacional, la élite colombiana se dedica a combatir los cultivos de uso ilícito como la solución mágica para acabar con el narcotráfico. Sin embargo, el costo de esta política en derechos humanos es altísimo: siete personas han muerto en el 2020 en manos de organismos de seguridad estatal con el uso de armas convencionales de guerra en labores de erradicación forzosa manual, en respuesta a las presiones de Washington. Además, avanza la deslegitimación del Estado y sus estructuras de seguridad al ser percibidas como fuerzas de ocupación en territorios abandonados a su suerte. Situación que complementa la desprotección de las comunidades cultivadoras que, de un modo u otro, se relacionan con la economía de la coca y la marihuana que, a junio de 2020, contabiliza 94 muertos en diferentes circunstancias y distintos responsables desde que se firmó el Acuerdo de Paz el 24 de noviembre de 2016.8

Nota

1 Esta ilustración se basa en cifras del Informe mundial sobre las drogas 2020 Vol.3 Drug Supply y Vol.4 Cross Cutting Issues Trend de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Viena, junio de 2020.


2 UNODC Resumen Ejecutivo Censo Coca 2019 Colombia, junio 2020.


3 Estas cifras corresponden al análisis de laboratorio para determinar el origen, a partir de muestras sobre el total de cocaína incautada en las fronteras de Australia.


4 UNODC Drug Monitoring Platform cit por World Drug Report 2020 Vol.3 Drug Suply. Información para los principales mercados de Oceanía en Australian Criminal Intelligence Commission, Illicit Drug Data Report 2017–18 (Canberra, July 2019) y New Zealand Customs Service, drug seizure database. Disponible en www.customs.govt.nz/.

5 National Vital Statistics Report, Vol 68 No.3, 21 de marzo de 2019.


6 DEA “Fentanyl Flow to the United States”, enero de 2020.


7 Véase al respecto: Daniel García Peña “Trump, Bolton o Duque: ¿Cuál es peor?”, El Espectador, 30 de junio de 2020.


8 Véase al respecto: P. Arenas y R. Vargas M. “Erradicaciones forzosas de cultivos de uso ilícito y derechos humanos en Colombia”, Corporación Viso Mutop, junio de 2020.