Mujeres y drogas en Myanmar: más allá de la reducción de daños

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08 Marzo 2018
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En el estado de Kachin, en Myanmar, un centro de encuentro para mujeres se ha convertido en algo más que un servicio de reducción de daños. Con motivo del Día Internacional de las Mujeres, hablamos con Thinzar Tun (AHRN Myanmar) sobre por qué este centro es un lugar tan especial.

Photo credit AHRN Myanmar

Durante décadas, la guerra contra las drogas ha tenido graves repercusiones en millones de vidas. Entre otras cosas, ha generado nuevas formas de marginación, tasas de encarcelamiento preocupantes y un amplio abanico de ‘consecuencias no deseadas' de las políticas de control de drogas, desde la corrupción y la injusticia a la violencia en los mercados ilícitos. En la mayor parte del mundo, por motivos relacionados con las desigualdades que suele sufrir las mujeres por motivo de género, estas se ven afectadas de manera desproporcionada por los efectos de las políticas en diversos grados. Hace poco que este tema ha empezado a recibir cierta atención en el mundo del activismo de las políticas de drogas.

Cuanto más indagamos, más detalles descubrimos —y, a veces, más nos indignamos— sobre las duras repercusiones de las políticas de control de drogas sobre las vidas de hombres y mujeres en todo el mundo. Sin embargo, en un momento en que miles de mujeres se han sentido empoderadas con el auge del movimiento #Yotambién, es importante resaltar que el cambio es posible y que determinadas iniciativas pueden dar lugar a unos avances que merecen celebrarse.

El éxito de las iniciativas locales en Myanmar

Con motivo del Día Internacional de las Mujeres, hablamos con Thinzar Tun, directora del programa en Myanmar de la Red Asiática de Reducción de Daños (AHRN), para hablar sobre su labor en un centro de encuentro que gestiona la Red en el estado de Kachin. El centro, que se inauguró en noviembre de 2010 y es conocido por la gente de la zona como Amyothamee Nar-Ko-Yar (que significa “un lugar para relajarse”), está concebido de forma específica para mujeres que usan o se inyectan drogas y está en gran medida gestionado por ellas mismas.

A diferencia de la mayoría de los centros de encuentro en Myanmar, el ámbito de actuación de este centro va mucho más allá de las nueve prácticas básicas de la reducción de daños, que van desde los programas de agujas y jeringuillas a las pruebas de detección y tratamiento de la tuberculosis. Este centro, ubicado en el municipio de Seng Taung-Hpakant, no solo ofrece servicios de reducción de daños, sino también servicios integrados de atención primaria y salud reproductiva, como planificación familiar y cuidados prenatales y posnatales, incluida la derivación de mujeres que necesitan un tratamiento médico especial en un hospital para dar a luz o tras sufrir un aborto espontáneo. Además de distribuir agujas, jeringuillas y preservativos, el centro también ofrece asesoramiento psicosocial a personas individuales y parejas, con el fin de promover un diálogo abierto sobre prácticas sexuales y de inyección más seguras.

El centro atiende cada año en sus instalaciones a entre 500 y 600 mujeres que usan o se inyectan drogas —y a unas 520 mediante sus servicios de extensión— en Hpakant (una zona de unos 350 000 habitantes). En estos momentos, unas 40 personas están siguiendo el tratamiento de mantenimiento con metadona del Gobierno. Al centro acude cada día un promedio de 30 a 40 mujeres de todas las edades y tiene capacidad para albergar hasta 60 personas.

Photo credit AHRN Myanmar
Photo credit AHRN Myanmar

Al centro acuden también trabajadoras sexuales y mujeres de bajos ingresos, aunque está especialmente dirigido a las mujeres que usan o se inyectan drogas, en especial teniendo en cuenta la disponibilidad limitada de servicios de salud en la región. Las mujeres pueden ir al centro en cualquier momento que esté abierto, obtener todos los servicios disponibles de forma gratuita y salir de él cuando lo deseen.

“Si te inyectas drogas, puedes ir al mostrador y obtener agujas. Si no eres usuaria y solo quieres preservativos, también los puedes recoger en el mostrador. Si tienes ganas de descansar un rato [debido a la abstinencia], también tenemos servicios de tratamiento del dolor.” – Thinzar Tun

Algo más que un simple centro de encuentro para mujeres

Hpakant es un municipio del estado de Kachin cuya población, en su mayor parte inmigrante, depende sobre todo de la minería de jade y oro. “No es fácil encontrar trabajo, ni siquiera para los graduados”, comenta Thinzar Tun, al tiempo que explica por qué la prostitución y el uso de drogas ilícitas van en auge, y por qué estos suelen asociarse con conductas de riesgo debido a la falta de servicios públicos en la zona.

Las dificultades socioeconómicas representan otro factor importante que inspiró la puesta en marcha de otro programa singular en el centro. A quienes lo tienen difícil para llegar a fin de mes, el centro ofrece cada día trabajo remunerado para 20 mujeres, que va desde la preparación de paquetes de material para el programa de distribución de agujas y jeringuillas de la red AHRN hasta la limpieza del espacio.

Las madres también pueden ir al centro con sus hijos e hijas, que pueden jugar en la parte de atrás del edificio. Si lo necesitan, las mujeres incluso pueden lavar la ropa, ducharse y asearse en el centro. En palabras de Thinzar Tun, “al final del día, has conseguido algún ingreso, has lavado la ropa y has podido cuidar de tus hijos, y siempre puedes quedarte en las sesiones diarias de cine y disfrutar del servicio de té”.

“Siempre siento algo especial cuando entro [en el centro]. Hay muchísimas interacciones” y “se respira un espíritu de comunidad y de adueñamiento colectivo”, señala la directora del centro cuando se le pregunta por la importancia de este espacio.

Photo credit AHRN Myanmar

Sin embargo, para gestionar un centro adaptado a las mujeres como el de Hpakant, se necesitan fondos considerables, algo que cada vez es más difícil de conseguir en una época de merma institucional y retirada de apoyo económico a los servicios de reducción de daños en todo el mundo. Además de fondos para poder llegar a las mujeres de la comunidad y ofrecerles ayuda, también se necesitan recursos para mantener las relaciones y los programas de colaboración con los hospitales locales, de los que el centro depende en gran medida para sus servicios médicos.

“Solo ser mujer ya es algo”

¿Por qué se consideró que era necesario establecer un centro adaptado a las mujeres en Hpakant? “Solo ser mujer ya es algo”, afirma Thinzar Tun, por no hablar ya de consumir drogas o trabajar en la industria del sexo en un lugar con oportunidades socioeconómicas tan limitadas. Antes, las mujeres podían acceder a los servicios desde los centros de encuentro convencionales, pero el estigma asociado con el uso de drogas y el trabajo sexual estaba tan extendido que a las mujeres no les resultaba fácil poder encontrar el apoyo médico y psicosocial adecuado.

En el contexto de Hpakant, este centro adaptado específicamente a las mujeres ha demostrado ser un mecanismo eficaz no solo para reducir los daños asociados con el uso de drogas y otras conductas de riesgo, sino también para facilitar un espacio donde las mujeres pueden ayudarse, empoderarse y conectar entre sí.

Photo credit AHRN Myanmar

Como señala Thinzar Tun, aún no se sabe en qué medida las nuevas leyes de drogas de Myanmar plasmarán las necesidades concretas de las mujeres. “Lo interesante es que las políticas también mencionan la reducción de daños, algo a lo que nunca antes se aludió por escrito, lo cual es un buen indicio. Pero aún no sabemos en qué medida se reflejará en la estrategia.”

Sin embargo, las experiencias y los logros como los del centro de Hpakant mostrarán el camino hacia políticas de drogas más humanas y orientadas a la salud, así como hacia políticas cuyo planteamiento e implementación se basen en la participación significativa de las comunidades locales. “Tenemos que esperar y ver qué sucede. De momento, haremos lo que podamos con los fondos disponibles”, apunta, para terminar, Thinzar Tun.