La regulación del cannabis en Europa: informe sobre los Países Bajos

27 Marzo 2019
Informe

Los Países Bajos se suelen considerar un modelo de política progresista en lo que se refiere a las drogas, aunque cada vez se están quedando más rezagados con respecto a las innovaciones normativas que se están desplegando fuera de Europa. A pesar de ello, las ciudades holandesas están tomando medidas para adoptar políticas de cannabis más progresistas y adaptadas al contexto local. En este informe de país, elaborado en el marco del proyecto Nuevos Enfoques en Políticas y Prácticas de Reducción de Daños, se examina el pasado, el presente y el futuro de la política de cannabis en los Países Bajos.

Aunque el cannabis es una droga ilícita en los Países Bajos, el cannabis y el hachís se venden abiertamente en los llamados ‘coffeeshops’, seguramente el ejemplo más conocido de la política holandesa de drogas. En un principio, estos establecimientos eran lugares parecidos a una cafetería, donde las personas usuarias podían comprar y consumir pequeñas cantidades de cannabis. En general, esto sigue siendo así, aunque hoy en día algunos coffeeshops funcionan más como una tienda de comida para llevar, donde se puede comprar, pero no consumir cannabis.

La venta de cannabis en los coffeeshops está permitida, pero sujeta a unas normas estrictas. Los coffeeshops venden cannabis a los consumidores por la llamada ‘puerta delantera’, pero es evidente que esto solo es posible cuando los establecimientos cuentan con suministros suficientes. El abastecimiento de los coffeeshops se suele conocer en los Países Bajos como la ‘puerta trasera’, aunque, en realidad, tanto los proveedores como los clientes utilizan la misma puerta para entrar en ellos. La política holandesa de tolerancia con respecto a los coffeeshops no es aplicable a la puerta trasera, pero este problema se ha ignorado durante muchos años. En los últimos años, esta incoherencia ha cobrado un protagonismo importante en el debate nacional sobre la política en materia de cannabis, entre otras cosas porque las autoridades locales han estado instando a que se revise, sobre todo con el fin de regular la puerta de atrás y establecer un circuito cerrado, que abarque desde el cultivo hasta la venta a los consumidores en los coffeeshops.