Yemen y la tentación intervencionista

04 November 2010
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Los recientes envíos con explosivos hacia EEUU procedentes de Yemen han situado a este país en el punto de mira de la lucha contra el terrorismo.

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Yemen es un estado con estructuras tribales que vive una compleja situación. El presidente Ali Abdullah Saleh, que ocupa el cargo desde hace 30 años, enfrenta una rebelión armada en la provincia de Sa´dah, en el Norte del país; un movimiento secesionista en el Sur que trata de revertir la unificación que se produjo en 1990; y la presencia del grupo armado denominado Al-Qaida en la Península Arábiga.

El presidente Saleh gobierna a los casi 24 millones de habitantes con mano dura especialmente desde que triunfó en la guerra civil de 1994. Su forma de gobierno se basa en pactar y dar poder a jefes tribales, al tiempo que divide a la oposición. Esto genera una estructura de poder fuerte y débil al mismo tiempo.

Los analistas coinciden en que el sistema político yemení es ineficaz y que el deterioro de la situación económica favorece la desintegración. Ahmed Abdelkareem Saif, director of the Sheba Centre for Strategic Studies, indica que “la debilidad de las instituciones del Estado y sus limitadas capacidades no pueden penetrar y regular la sociedad debido a las múltiples divisiones internas. A la vez, la sociedad no es capaz de formar organizaciones que puedan ejercer presión sobre cuestiones de interés público. En este marco, la sociedad queda limitada por identidades fragmentadas”.

El país vive del sector servicios, especialmente de un abultado presupuesto de Defensa, el contrabando y las licencias de importación. Todas fuentes frágiles en periodos de ajuste económico.

Crisis de recursos

Yemen se enfrenta a un serio problema de agotamiento de recursos naturales, particularmente el fin de sus fuentes de petróleo y de agua. Por otro lado, la violenta desintegración de Somalia ha creado un flujo de personas y armas a través el golfo de Adén, una vía estratégica para la exportación de petróleo desde la zona del Golfo.

La implicación regional es muy profunda, especialmente para Arabia Saudita y la zona del Golfo. La frontera entre Arabia Saudita y Yemen, que se extiende por casi 2000 km, es porosa y difícil de controlar. Al-Qaida en la Península Arábiga, según la investigación de Kristian Coates Ulrichsen, de London School of Economics, ha llevado a cabo en los últimos años una serie de golpes contra el régimen saudí.

Por otro lado, los actos de piratería que se cometen desde la costa somalí contarían con infraestructura en Yemen. A la vez, el grupo insurgente somalí Al Shabaab recibiría adiestramiento y armas de este país.

Coates Ulrichsen considera que Yemen no es un país estratégicamente relevante para Estados Unidos y Europa, pero si se convierte en una base para Al-Qaida, será un foco de atención debido a que su crisis tiene repercusiones en la seguridad y gobernabilidad de la región.

Rebeliones en el Norte y el Sur

Los estados del Consejo de Cooperación del Golfo –Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos-- ven con alarma que Yemen se transforme en esa fuente de inestabilidad. Este país, además, es una muestra de cómo pueden reaccionar las sociedades de la región en una futura etapa en la que el petróleo se agote, se acabe la bonanza económica, y la marginalidad y el descontento social emerjan con fuerza. El sur de Yemen es un ejemplo muy claro.

El movimiento al-Harak, en el Sur, demanda una mayor atención del Norte y denuncia la expoliación de sus recursos. Las provincias de Adén, Lahij, Abyan, Shabwa, Hadramawt y Mahra constituyeron la República Democrática y Popular de Yemen entre 1967 y 1990. En ese último año se unificaron con el Norte después que se descubriese petróleo en la zona fronteriza entre las dos partes.

Los activistas de al-Harak, organizados en células descentralizadas, están mayoritariamente a favor de la secesión y la independencia. A la vez, una parte de la población está a favor de una solución federalista. Pero todos comparten que el gobierno de Ali Abdulah Saleh impone costumbres y normas conservadoras en una sociedad que se considera moderna.

El Sur, de hecho, fue parte del Imperio Otomano y se convirtió en un protectorado británico en 1937, lo que le dio un carácter más internacional que el Norte, aislado, montañoso y religiosamente mas conservador.

En el Norte, el gobierno enfrenta una rebelión de los Houthi, que pertenecen a la minoría de la secta Shia Zaidi. Desde febrero de este año rige una tregua entre el gobierno y este grupo armado.

Alternativas a la intervención

La calificación de Yemen como un estado frágil y que puede ser controlado por Al-Qaida generara la tensión de atacar o intervenir militarmente en este país, como si fuese “un segundo Afganistán”. Para Coates Ulrichsen es importante que los países de la región reaccionen ante la crisis de Yemen con medidas de desarrollo y cooperación política y no solo con políticas antiterroristas.

Por otra parte, la investigadora Lisa Weeden, de la Universidad de Chicago, considera que “una creciente presencia militar occidental multiplicará los blancos para grupos al estilo Al-Qaida, y hará a los Estados Unidos, y a otros países que se impliquen, vulnerables al ser acusados de ocupantes. Esto despertará la cuestión de la soberanía nacional. El impulso a la intervención militar debe ser evitado”.