Despues de octobre

01 December 2003
Article

El levantamiento popular de setiembre y octubre pasados, que culminó con la huida del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y su sucesión por el hasta entonces vicepresidente, Carlos Mesa Gilbert, dejó una marca indeleble en el pueblo y en la historia de Bolivia. No obstante nada es definitivo, aunque las masas populares se aferren con fervor esperanzado al actual gobierno, como lo demuestra el reciente sondeo de opinión que le dio el 82 por ciento de apoyo popular.

En la conjugación de aquellas acciones populares en un bloque social, participaron los más diversos sectores: campesinos, indígenas aymaras y quechuas, mujeres y amas de casa, jóvenes y niños; los vecinos constituidos en Juntas de Vecinos; obreros y vendedoras callejeras; el pueblo iracundo que se organizó a sí mismo; y los mineros que dieron su cuota de coraje, dolor y sangre.

Las ciudades de El Alto y La Paz, estallaron tras la consigna de recuperar el gas, y por varias semanas vivieron en las calles, enfrentando a un ejército envilecido, hasta que Carlos Mesa declaró que hacía suyas las reivindicaciones enarboladas por el pueblo. Fue la única manera de contener - y en cierta medida desviar - el turbión popular. Los puntos centrales del programa popular eran: elaborar una Nueva Ley de Hidrocarburos, realizar un referendo sobre la recuperación del derecho propietario del gas natural para el Estado, y organizar una Asamblea Popular Constituyente. Sin olvidar la lucha por la tierra que forma parte de un conglomerado de reivindicaciones populares que vienen del fondo de la historia de estos pueblos aún colonizados.

¿Dónde se genera esta revuelta popular? ¿Cuáles son las raíces étnicas donde aymaras, quechuas y guaraníes fundamentan, justifican y legitiman los levantamientos recurrentes de los pueblos originarios que constituyen más del cincuenta por ciento de la población boliviana actual? ¿Cuál ha sido el comportamiento de los partidos políticos tradicionales? ¿Qué papel ha jugado el Estado boliviano ante las luchas y resistencia de los indígenas y campesinos? ¿Cómo se ha ubicado la izquierda tradicional frente al problema de la tierra y las reivindicaciones de este segmento mayoritario de la ciudadanía de Bolivia? ¿Cuál es la propuesta de los movimientos sociales rurales y urbanos y de la nueva izquierda que se está forjando? ¿Adónde va Bolivia?

Estas preguntas guiarán el presente texto que tiene límites de espacio, y que sólo pretende contribuir a la formulación de una hipótesis de trabajo sobre los orígenes y perspectivas del levantamiento popular boliviano.

Los orígenes

Aunque haya sufrido un cuidadoso silencio, hay una cultura andina insurreccional que tiene sus propios métodos, tácticas de movilización y dinámica de lucha. La historia como disciplina reconoce múltiples momentos donde los indios protagonizaron grandes movimientos insurreccionales, y es la memoria oral de esos hechos la que alimenta los sucesivos levantamientos. Se cita con frecuencia el cerco a La Paz acaudillado por Tupaj Katari en 1781. Y cuando aun estaba presente la memoria de aquellos acontecimientos, en 1795 el pueblo de Jesús de Machaca en la región de La Paz, se levanta para destituir a un cacique ilegítimo. En el mismo año en la región de Peñas los indígenas ya tenían autoridades propias, se sublevaron y detuvieron y luego ajusticiaron a los identificados con el orden español. Movilizaciones indígenas logran destituir al dictador Mariano Melgarejo en 1870.Este hizo el primer intento de suprimir el ayllu, para ello remató las tierras del ayllu en los años 1866-1870. Los comunarios organizados en columnas armadas lograron su derrocamiento y expulsión hacia el Perú, recuperando sus tierras el 15 de enero de 1871.

Durante la guerra civil de la llamada Revolución Federal en 1899, los indígenas se alían al ejército liberal y luego exigen sus propias reivindicaciones autónomas. Esto es inadmisible para un Estado colonial y el Estado Mayor de Zárate Wilka es juzgado y condenado a muerte. En 1914 se levantan las comunidades de :Pacajes; en 1920 las de Taraqu. Un año después la de Jesús de Machaca, y las de Chayanta en 1927. Luego en la década de los 40' las grandes movilizaciones ya constituidas en sindicatos rurales en los valles de Cochabamba, dejan su marca en la Revolución Nacional de 1952 (1).

En la época presente hay que partir del proceso de organización y lucha que se inicia en 1975 como respuesta a la "masacre del valle" en Cochabamba durante la dictadura del general Hugo Banzer. Comienza entonces la definitiva ruptura del llamado "pacto militar -campesino" y se organiza la Confederación Sindical Unica de los Trabajadores de Bolivia (CSUTCB) con el liderazgo del aymara Genaro Flores.

Las clases y partidos dominantes desarrollan estrategias de encubrimiento sobre el accionar de la población india y chola. Ese silenciamiento político y social, empero, fue roto en 1990 por la Marcha por "El Territorio y la Dignidad" que, provenientes de las tierras bajas atravesó todo el territorio nacional para exigir sus derechos. Venían de comunidades y pueblos originarios diversos que habitaban "por siglos los bosques y llanuras haciendo uso ecológicamente racional de sus recursos, aunque acosados por el racismo y la codicia de tierras, maderas y minerales de los sectores dedicados al saqueo colonial de esos territorios. Asimismo la Marcha indígena de 1990 interpelaba al Estado y a la sociedad dominante desde una noción más profunda y diversa de respeto por la dignidad humana y ciudadana de las poblaciones indígenas, en el contexto de lo que se creía una democracia pluralista capaz de articular la diversidad de modo estable y estructural. Pero este aspecto ha sido también brutalmente neutralizado, no sólo por la violencia estatal privada sino por la labor disgregadora de las élites políticas locales, muchas veces en complicidad con la cooperación internacional y sus sofisticados formulismos desarrollistas" (2).

Las raíces del levantamiento actual

Aquí confluyen una serie de factores tanto económicos, políticos y sociales, como la exclusión y la discriminación racial. Asimismo el Estado tiene una grave situación de iliquidez, un alto déficit fiscal que llega al 8,50 por ciento con tendencia al alza; un desempleo alarmante y falta de una política de reactivación de la economía. Esta situación se expresa en todos los países en altos índices de pobreza. El 60 por ciento de la población boliviana es pobre y no tiene la posibilidad de salir del círculo de la pobreza.

Por otra parte, las estructuras de resistencia y auto organización cada vez son más sólidas en Bolivia. Sin embargo, la exclusión se ha intensificado en la segmentación étnica del mercado de trabajo, la devaluación cultural y la ampliación de la pobreza provocada por esas reformas neo liberales, han elevado la indianización de la miseria.

En este proceso de elevación de las luchas y de los movimientos sociales - en paralelo a los partidos y organizaciones tradicionales - tiene lugar el surgimiento del movimiento sindical de los campesinos plantadores de coca. Miles de trabajadores mineros, fabriles y campesinos expulsados de sus centros de trabajo como resultado de la aplicación de las políticas neo liberales, migran hacia las regiones tropicales de Cochabamba. En una primera etapa la producción de la hoja de coca (más allá del consumo tradicional) como materia prima de la producción de clorohidrato de cocaína, es alentada por la dictadura del general Hugo Banzer y por la burocracia militar y los señores de la política. La crisis del sistema capitalista y la caída de la tasa de ganancia, estimula la formación de una fracción burguesa dedicada a esos negocios (3). Esto da lugar a la formación de otro sujeto social campesino indígena, el movimiento de los plantadores de coca en el Chapare cochabambino y en los Yungas de La Paz. El arbusto es considerado simbólicamente, desde tiempos inmemoriales, como la hoja sagrada de los Andes.

Ese movimiento sindical se apoya en una vasta red de sindicatos, sub centrales y centrales territoriales y es liderado por Evo Morales en las seis federaciones del Trópico de Cochabamba. A partir del año 1997, con el apoyo de grandes movilizaciones, marchas y bloqueos, el movimiento salta al plano político y logra cuatro puestos de diputados. En las siguientes elecciones municipales en Cochabamba logra controlar treinta municipios. En las elecciones nacionales del 30 de junio de 2002, bajo la sigla de Movimiento Al Socialismo (MAS) se constituye en la segunda fuerza política, ocupando el primer lugar en los departamentos de La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí; conquistando un tercio de las bancadas del Congreso. Por su parte el MIP de Felipe Quispe conquista 6 diputaciones. Se produce así un vuelco en la composición social del Congreso.

Ante estos progresos de los movimientos indígenas campesinos en varios Estados latinoamericanos, como respuesta de las élites dirigentes y sus ideólogos, tratan de desviar y desvirtuar el contenido de esos movimientos, incorporando en las leyes y constituciones, políticas formales y tibias de un multiculturalismo vacío. Se registra un reconocimiento formal de la diversidad cultural, de la justicia comunitaria a nivel local; la legalidad de los territorios indígenas de baja densidad poblacional. Se ha creado la figura de las "áreas protegidas" para justificar legalmente la expulsión de sus tierras y territorios a las comunidades originarias y para penetrar y arrasar con la biodiversidad del lugar (4).

Otro factor que ayuda a la elevación de la conciencia del movimiento social indígena campesino, es el mayor peso de la sociedad en las decisiones políticas. La elevación de su decisión en temas y problemas de Estado, es un golpe de gracia a los partidos políticos tradicionales y al viejo parlamentarismo. Disminuye el rol de los partidos como mediadores entre la sociedad y el Estado. La misma Iglesia Católica acostumbrada a oficiar de "mediadora" sufrió un rudo golpe con el rechazo de su propuesta de "reencuentro nacional". Se expresaba así la persistencia de la oposición constituida por el MAS y El MIP, en mantener su autonomía política y social.

Toda esta situación que es producto de un largo proceso, va configurando una crisis de dominación, como parte de la crisis de Estado. El Estado ya no responde en su estructura institucional, de rasgos y hábitos coloniales, a los requerimientos éticos y democráticos de la sociedad en sus distintos niveles. Esta contradicción explica el papel bochornoso, autoritario y prebendal de los políticos en sus reyertas y peleas de prostíbulo. El Parlamento como institución elaboradora de ideas y propuestas, hace rato que ha dejado de ser. Ahora priman la repartija de los puestos, el nepotismo y la utilización del Estado como un patrimonio de los diversos gobiernos y personajes del sistema que permanecen impunes ante jueces y fiscales. Son notorios los vínculos del personal político con las mafias del narcotráfico. Y el lavado semi-oficial de los "narcodólares" .

Esta descomposición y autoritarismo de los sucesivos gobiernos y de los partidos tradicionales, han ido desmoronando el concepto de la política como profesión al servicio de la sociedad.. Se desconoce la democracia al interior de los partidos, y los "jefes" vitalicios y autoritarios rechazan todo gesto que venga de las bases y que los cuestione. Tienen un temor pánico a todo lo que sea discusión de ideas y consulta democrática a las bases.

"Las diferentes formas de cuestionamiento indígena y campesino a las democracias latinoamericanas han obligado y aun obligan a repensar la forma del Estado y por consiguiente, a encontrar una forma de democracia acorde con las necesidades de sus pobladores".(5)

Y continúa Ticona: "Ante el desprestigio de los partidos políticos tradicionales, se ha incrementado el rol de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) u organismos internacionales. Su influencia es cada vez mayor y sitúa a los movimientos indígenas y campesinos ante nuevas dependencias organizativas e incluso ideológicas"...No obstante,"Las propuestas indígenas y campesinas están conectados con la idea de construir un Estado con raíces históricas propias, de refundación del país".(6)

Estamos en la hora de los movimientos indígenas. Antes su participación política era "invisible". Ahora tienen demandas étnicas y reclamos y posición en todos los planos de la vida económica, social. y política. Antes su intervención en la política se hacía en forma subordinada a las clases dominantes y sus partidos. Eran los adornos, el "florero" de la política.

Las batallas en defensa de los recursos naturales

La defensa de los recursos naturales - los hidrocarburos, el gas, la tierra y el agua, los minerales, la coca - se ha constituido en un baluarte del movimiento social en su lucha por la defensa de la soberanía nacional.

La llamada batalla por el agua en abril del 2000 mostró un camino con bloqueos de calles y caminos en Cochabamba y se extendió al resto del país. Los métodos de las asambleas públicas - o cabildos - y la formación de una Coordinadora de la Lucha por el Agua agrupó a diversos sectores desde obreros, campesinos, amas de casa, profesionales, "regantes" (7), que comenzaron exigiendo la expulsión de la empresa "Aguas del Tunari" de la transnacional Bechtel, que ya había logrado que el gobierno dictara una Ley donde le transfería el control de la distribución del agua y un inmediato aumento de las tarifas; y le adjudicaba el sistema comunal de perforación de pozos artesianos organizado por los campesinos. Al mismo tiempo el gobierno desplazó tropas hacia la zona del Lago Titicaca intentando desbloquear las carreteras y caminos y dejar aislados a los luchadores por el control del agua. Hubo enfrentamientos y muertos. Mientras tanto en Cochabamba fueron detenidos miembros de la Coordinadora del Agua. (entre ellos el Secretario Ejecutivo de la CSUTCB, Felipe Quispe) Esto irritó a los campesinos que enfrentaron al ejército tanto en la zona del Lago como en Cochabamba, donde actuaban franco tiradores que hacían "tiro al blanco" en los cuerpos de los manifestantes.

Finalmente el Gobierno anuló la Ley e hizo un acuerdo con las organizaciones campesinas movilizadas: la Coordinadora del Agua se hizo cargo nuevamente de la empresa. La población y los campesinos sintieron estos acuerdos como un triunfo de su lucha, aunque al costo de 5 muertos, 42 heridos, 22 confinados y 17 estudiantes detenidos. Un precio demasiado caro pero que significó doblarle el brazo a la empresa transnacional y al gobierno del general Hugo Banzer (8). Como lo señalara el líder campesino Felipe Quispe Wanca, el Mallku, las movilizaciones de abril del 2000 fueron un ensayo general de lo que vino después.

En efecto, en septiembre del 2000 el movimiento indígena campesino realiza una huelga radical y el bloqueo de carreteras que exige al gobierno el cumplimiento de los acuerdos ya realizados y la renuncia del presidente Hugo Banzer.

Por otra parte y como expresión de la elevación de su conciencia política los aymaras liderizados por Felipe Quispe, el Mallku, en el año 2001 también forman un partido político, el Movimiento Indígena Pachacuti (MIP).

En el año 2002 los indígenas con sus partidos el Movimiento al Socialismo (MAS) y el Partido Indígena Pachacuti (MIP) participan en las elecciones y obtienen el 28 por ciento de los votos válidos, lo que traducidos a bancas parlamentarias significan 35 representantes para el MAS y 6 para el MIP. Este resultado cambió radicalmente la composición del parlamento. El partido gobernante pierde casi totalmente te su caudal electoral. Por la mínima ventaja es elegido como presidente por el Congreso, Gonzalo Sánchez de Lozada del Movimiento Nacionalista Revolucionario ( MNR) quien forma un gobierno de centro derecha con el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y la Nueva Fuerza Republicana (NFR).

El gobierno de Sánchez de Lozada nace paralizado sin poder satisfacer las demandas de los movimientos sociales y los sindicatos, ante la ofensiva de la nueva izquierda indígena, fortalecida por los sindicatos del Oriente, los movimientos de los trabajadores sin tierra (MST), la Coordinadora del Agua de Cochabamba y El Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (comunidades originarias de Potosi).

Ante la profundización de la crisis y la parálisis de la economía , el gobierno de Sánches de Lozada hace suyo un proyecto que heredara del gobierno de Jorge Quiroga Ramirez de exportación de gas natural a Chile, México y los Estados Unidos. En los últimos años se habían descubierto enormes yacimientos de gas natural, que hacían a Bolivia como la segunda reserva más importante del continente, después de Venezuela.

En su afán privatizador y enajenante del patrimonio nacional, Sánchez de Lozada, pocos días antes de finalizar su primer gobierno, el 4 de agosto de 1997 firmó un Decreto Supremo ambiguo por el cual el gas natural prácticamente pasó a ser propiedad de las empresas transnacionales que conformaron el consorcio Pacific LNG (la española Repsol-YPF, British Energy y Panamerican Energy). Bolivia recibiría las regalías reducidas al 18 por ciento que deje la extracción del gas en boca de pozo. El Estado sólo dispone de la posibilidad de elegir la manera y el lugar por dónde exportar el gas. Ese Decreto Supremo, claramente anti constitucional fue recusado por el MAS ante el Tribunal Constitucional de la República. Un problema que está actualmente en discusión en la elaboración de la nueva Ley de Hidrocarburos.

Así las cosas, el segundo gobierno de Sánchez de Lozada inicia una campaña para la exportación del gas natural boliviano por un puerto chileno. Esto desencadena una fuerte ola nacionalista en el pueblo boliviano. Como es sabido Chile tiene una deuda histórica desde que en la guerra del Pacífico (1879) le arrebatara sus costas quitándole el acceso al mar.

De esta manera los movimientos sociales, los sindicatos, partidos de la nueva izquierda y todo el pueblo trabajador encontraron un objetivo común en la lucha: exigir que la propiedad de los hidrocarburos vuelva a manos del Estrado y la no exportación del gas natural por Chile ni para Chile.( por las transnacionales que operan en Chile y hablan por Chile), dando prioridad al consumo e industrialización internos. Así comenzó la llamada "guerra del gas". Esta reivindicación se conecta con la exigencia anterior por parte de los movimientos sociales y la nueva izquierda, de convocar a una Asamblea Constituyente abriendo la posibilidad de redactar una nueva Carta Magna para "refundar el país".

El alzamiento popular

Durante varios meses las organizaciones y movimientos sociales, en medio de serios problemas de información, ambiguos y de medias verdades, la campaña por la defensa del gas natural, exigiendo su recuperación e industrialización, su consumo en el país y finalmente su exportación negociada, marchaba lentamente. Pero la historia cuando no tiene los elementos necesarios para avanzar, los inventa. Así sucedió en septiembre y octubre en Bolivia

A mediados de septiembre las autoridades indígenas, hombres y mujeres, de 20 provincias del Altiplano se declaran en movilización permanente exigiendo que se libere al jilakata (9) , Edwin Huampo,. Este había sido apresado por la Policía Nacional acusado de haber empleado la justicia comunitaria (ajusticiamiento) a dos ladrones de ganado en su comunidad a orillas del Lago Titicaca.

Como las autoridades del gobierno se niegan a reconocer la justicia comunitaria, las comunidades del Altiplano declaran bloqueo de caminos y carreteras y sus principales dirigentes decretan una huelga de hambre que se realiza en el auditorio San Gabriel de la Iglesia Católica en la ciudad de El Alto. Esta acción de rechazo al ordenamiento judicial oficial, se empalma con la movilización decretada por los movimientos sociales y la COB el 19 de septiembre, donde participan más de cien mil personas.

El bloqueo se extiende y es cuando se produce la agresión contra los vecinos aymaras de Warisata por parte de tropas del ejercito comandadas por el Ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín. Hay cuatro campesinos muertos y una niña de 8 años. Se multiplica entonces el movimiento de apoyo y solidaridad con la movilización y la huelga de hambre que también se extiende a otras ciudades. En la ciudad aymara de El Alto más del 80 por ciento de sus habitantes son de origen indígena, y 92 por ciento de los ciudadanos son pobres, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La "guerra civil" que se vocea en las manifestaciones, comienza a producirse. El gobierno piensa derrotar al pueblo por cansancio. Pero el efecto es el contrario, aumenta la bronca que se concentra en el objetivo inmediato de lograr la renuncia del hasta entonces presidente, Sánchez de Lozada. Se incorporan los mineros de Oruro y de Huanuni junto con la movilización de la COB y la Central Obrera Regional de El Alto. Se extiende la organización popular. Las Juntas de Vecinos se organizan en cada barrio con la participación combativa de los jóvenes y amas de casa. Comienza la huelga de hambre de un sector social de clase media, y los jóvenes y mujeres de los barrios ricos realizan una marcha exigiendo la renuncia de Sánchez de Lozada. En las últimas horas de la tarde del 17 de octubre el presidente huye a Miami, y el Vicepresidente, Carlos Mesa Gisbert, asume constitucionalmente la primera magistratura del país. Comienza así una nueva etapa de la historia boliviana.

¿Adónde va Bolivia?

El cambio de presidente fue festejado por miles de personas que salieron a las calles a expresar su alegría. El gobierno del periodista e historiador Mesa Gisbert al adherir a las principales demandas del levantamiento popular se le han abierto posibilidades de avanzar en la aplicación de ese programa. La decisión de no integrar su gabinete con miembros de los partidos tradicionales, también recibió el apoyo popular. Hasta ahora ha tenido la disposición del MAS de no crearle dificultades. Pero como es sabido las presiones sociales estarán contrarrestadas por las exigencias del Imperio y sus instituciones financieras. La integración de Bolivia en los acuerdos últimos de Montevideo con los miembros del MERCOSUR, pueden dar un apoyo a Bolivia tanto financiero como comercial y sobre todo político.

Por parte de los partidos tradicionales - que aún se agarran con uñas y dientes de sus puestos en el Parlamento, mostrando su falta de grandeza y de ética - lo que se puede esperar es que tratarán de ponerle piedras en el camino. La dirigencia del MAS ha puesto su mira en la conquista electoral - en noviembre de este año - de por lo menos 150 alcaldías y avanzar en el desarrollo de un país productivo; y con ese apoyo ganar las elecciones nacionales del año 2007.

El MIP de Felipe Quispe Wanca aparece desinteresándose de abarcar a todo el país y, en cambio, pone el acento en mantener su fuerte en el Altiplano Andino. Su objetivo se centra en redefinir los términos de pertenencia de la nación aymara en el Estado boliviano. Para ello ha tomado como instrumento político e ideológico la identidad aymara, su cultura ancestral y sus particularidades. Vale decir, recuperar sus formas organizativas, de justicia comunitaria, y su sistema de autoridades; y la búsqueda de su autonomía dentro del Estado boliviano. Autonomía que podría ser conquistada en las deliberaciones de la Asamblea Constituyente.

Los movimientos sociales como la lucha del Movimiento Sin Tierra (MST) ya están preparando, si el gobierno no satisface sus exigencias de tierras para trabajar y vivir, una oleada de ocupaciones de tierras que llevará a fuertes enfrentamientos con los terratenientes de Oriente, el Chaco y Santa Cruz. Lo propio sucederá en el plano urbano con la persistencia del Presidente de mantener el modelo neo liberal.. De esta manera el gobierno se verá acorralado por dos grandes fuerzas: el movimiento social, los sindicatos y la nueva izquierda, y por la Embajada Norteamericana y sus aliados en el plano nacional..

Y ya hay claros síntomas de que el presidente Mesa Gisbert piensa - pasado el período del "estado de gracia - limar el filo de las consignas que se vio obligado a tomar en los primeros momentos de su mandato. ¿Hasta donde podrá mantener ese equilibrio inestable en que se asienta su gobierno? Los acontecimientos de los próximos meses nos irán dando la respuesta.

Notes:

1. Véase Forest Hylton, Ya es otro tiempo el presente, Ed.Muela del Diablo, La Paz, 2003.
2. Véase, Silvia Rivera Oprimidos pero no vencidos, 4ta.Ed. Yachaywasi/Aruwiyiri, La Paz, 2004.
3.Véase : Hugo Rodas HUANCHACA Modelo politico empresarial de la cocaina en Bolivia, Ed. Plural. La Paz, 1996.
4. Véase La Prensa. Diciembre 14 de 2003.
5. Esteban Ticona, La Prensa, diciembre 14 de 2003.
6. Idem
7. Asociaciones y sindicatos encargados de la distribución del agua en zonas aledañas de la ciudad.
8. El general Hugo Banzer Suarez gobernó Bolivia en dos períodos: como dictador en 1971- 1978) y elegido electoralmente durante 1997-2001.
9. Jefe de la comunidad indígena elegido en asamblea.