Una ‘economía verde’ se define como aquella que reduce el impacto sobre el medio ambiente. Muchos de sus artíficies promueven mecanismos de fijación de precios para valorar la naturaleza como medio para que la economía tenga en cuenta unos costes ambientales que, de otro modo, se externalizarían o ignorarían. Aunque esto puede parecer una buena idea en la teoría, en la práctica acaba extendiendo el control de las grandes empresas a nuevas áreas, desde los bosques a la biodiversidad e incluso el aire (con el comercio de carbono), a menudo negando el acceso a comunidades marginadas y socavando el control de estas.