Afgano repugnante

17 စက်တင်ဘာလ 2009
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Los objetivos de Obama en Afganistán y Pakistán siguen siendo una incógnita; quizá debería sustituir a los militares con un equipo de cazafantasmas y atrapar a bin Laden.

စာေရးသူ

Como todo fantasma, Osama bin Laden sigue siendo ilusorio. Después de ocho años de fracaso por parte de los perseguidores militares y de la CIA, la imagen del hombre delgado y barbudo sigue emanando maldad.
Los medios norteamericanos han dado a este astuto conspirador el título extraoficial de “Padre de Todo el Terrorismo”. ¿George W, Bush no invadió a Afganistán para atraparlo?

Después de todo, este fantasma admitió alegremente que financió las sucias fechorías del 1/9. Como resultado, hemos tenido que acostumbrarnos al lenguaje del terror y al aura del terror. Voces robóticas en los aeropuertos anuncian: “El Departamento de Seguridad Interna ha declarado una alerta naranja”. ¿Quién entiende tal anuncio? ¿Qué piensa una persona instruida cuando oye: “Todo equipaje debe ser supervisado. Un equipaje no supervisado será eliminado”?. Le dije a mi hija desempleada que solicitara un trabajo como supervisora de equipaje. Al contrario de los hijos desobedientes, el equipaje no es respondón.

Para Bush, la búsqueda de Osama exigió una invasión a Afganistán, pero él olvidó esa misión cuando invadió a Irak. Ahora, la extensión por Obama de la caprichosa ocupación de Afganistán amenaza con prolongarse durante décadas. ¿Por qué?

El 21 de julio, el Presidente Obama calificó a Afganistán de “el frente central en nuestra batalla contra el terrorismo”. (CBS, “Face the Nation”.)

La seguridad de EE.UU. requiere “terminar la tarea que comenzamos”. Bush quería “atrapar a Osama bin Laden”, no realizar una guerra interminable y ocasionales esfuerzos por construir naciones contra un primitivo y mal definido enemigo. El 7 de marzo, Obama declaró que la guerra era para “trastocar, desmantelar y derrotar a Al-Qaeda en Pakistán y Afganistán”. Él expandió la guerra de Bush en un país y puso a la captura de bin Laden en un remoto segundo lugar.

Durante ocho años las bombas norteamericanas, algunas lanzadas desde aviones, otras desde aparatos no tripulados, han matado a miles de combatientes del Talibán y a incontables civiles. El 5 de septiembre The New York Times reportó que un ataque aéreo de la OTAN (alemán) había matado a unas 90 personas, “la mayor parte militantes”, esa maravillosa palabra vaga que los medios han inventado para describir a los oponentes de EE.UU. Aldeanos, incluyendo niños, también murieron. Los aviones bombardearon dos camiones cisternas de combustible robados. La inteligencia de la OTAN supuso que los combatientes del Talibán estaban cerca de esos vehículos.

¡Vaya, nos equivocamos otra vez! Después de negar las bajas civiles, el comandante de las fuerzas de la OTAN y de EE.UU., General Stanley McChrystal, dijo a los reporteros que “hubo algunos civiles que resultaron heridos en el lugar”. Sin decir que los civiles habían muerto, McChrystal continuó: “Creo que es un hecho serio que va a ser una prueba de si estamos dispuestos a ser transparentes y si estamos dispuestos a demostrar que estamos aquí para proteger al pueblo afgano.

¿Sesenta y ocho mil soldados norteamericanos, además de otros 40 000 de la OTAN tratan de protegerlos matando a unos cuantos de ellos? Para brindar protección adicional, el Pentágono ha dado empleo a unos 80 000 “contratistas”, la mayor relación de contratistas con personal militar en una guerra de EE.UU. Estos contratistas de seguridad privada e interrogadores cometieron abusos y crímenes contra ciudadanos del país, aseguró un informe del Servicio de Investigaciones Congresionales.

“La misión para la estabilización y reconstrucción de Afganistán”, declaró el informe, “ha demostrado ser difícil porque debe realizarse mientras continúan las operaciones de combate contra los insurgentes del Talibán”. Debido a un incremento de las operaciones militares del Talibán, la violencia en general ha aumentado. La Fuerza Internacional de Ayuda a la Seguridad liderada por la OTAN se enfrenta a obstáculos formidables: “apuntalando a un gobierno débil en Kabul; usando capacidades militares en un país lejano de terreno accidentado; y reconstruyendo un país devastado por la guerra y perturbado por un regreso del narcotráfico”, asegura el informe. (CRS RL33627, “La OTAN en Afganistán: Una Prueba para la Alianza Trasatlántica”, 2 de julio de 2009.)

Así que, Presidente “Sí, Podemos”, ¿estamos protegiendo al pueblo afgano, llevando la democracia, o todavía estamos tratando de encontrar y matar a bin Laden? ¿Liberar la zona de los “militantes” del Talibán y construir un gobierno democrático en una tierra que ha rechazado históricamente ese concepto? En comparación con su agenda afgana, los servicios de salud son un manjar.

Recuerden cómo a principios de la década de 1990, después de la retirada de la Unión Soviética --el rabo entre las piernas--, los señores de la guerra afganos que habían ayudado a rechazar a los comunistas con el apoyo de EE.UU., pelearon entre sí por el botín. El Talibán, jóvenes huérfanos de guerra y entrenados en las madrasas de Pakistán financiadas por Arabia Saudí, y simpatizantes con --pero no idénticos a-- Al-Qaeda, entraron en Afganistán con camionetas y armas compradas por los saudíes, restauraron el “orden” e impusieron la ley Sharia.

Después del 11/9, Bush, con el apoyo de la OTAN, invadió Afganistán y expulsó al Talibán. La CIA reclutó a señores de la guerra de la llamada Alianza del Norte para que se unieran a una jihad anti-Talibán. Pero la atención de EE.UU. se concentró en Irak; el Talibán regresó. McChrystal reconoce que el persistente Talibán ha recuperado territorio y apoyo local. El corrupto títere Presidente Hamid Karzai convocó a conversaciones con el Talibán. La estrategia de EE.UU./OTAN es destruirlo. Los objetivos del Presidente Obama en Afganistán y Pakistán para la seguridad norteamericana siguen sin conocerse. Obama debiera reemplazar a los militares norteamericanos con una escuadra de caza fantasmas y atrapar a bin Laden. De esa manera, su presidencia puede que dure dos períodos.