Cuatro mitos comunes sobre el mercado de la cocaína fumable

17 ဧပြီလ 2020
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De 2014 a 2018, nuestros socios de investigación en ciudades de América Latina y el Caribe reunieron información de usuarios o vendedores de cocaína fumable para identificar patrones clave en los mercados regionales de esta droga. La información y los testimonios que recogimos revelan la ausencia de respuestas políticas más allá de medidas punitivas. Mientras tanto, persisten los mitos y malentendidos acerca de la cocaína fumable y sus usuarios. A continuación, intentamos desmentir los cuatro mitos más comunes.

Photo credit Levinson Niño (Colombia)

Mito número 1: la cocaína fumable es lo mismo que el “crack”

Existe mucha confusión con respecto a lo que es la “cocaína fumable”. En términos generales, las sustancias fumables pueden dividirse en dos categorías principales:
 
1) La pasta o base de cocaína es el producto intermedio del proceso de extracción, desde la hoja de coca hasta el producto final (clorhidrato de cocaína). La pasta o base de cocaína tiene diferentes formas, presentaciones y denominaciones (como paco, basuco o pitillo). Se suelen encontrar en plantaciones o zonas de procesamiento de coca, pero no exclusivamente en esos lugares.
 
2) La cocaína de base libre o “crack” se produce a través de la reconversión del clorhidrato de cocaína (polvo) en cocaína base. Para hacer cocaína fumable pueden utilizarse diferentes químicos y procedimientos para cocinarla.
 
En resumen, el término “cocaína fumable” se refiere a varias sustancias cuya producción y consumo están influenciados por factores culturales, socioeconómicos y (geo) políticos, aunque sus efectos físicos son casi los mismos. El “crack” es tan solo una de esas sustancias, aunque probablemente sea la más común. 
 

Mito número 2: no hay medidas de reducción de daños para el uso de cocaína fumable 

La mayoría de las consecuencias negativas relacionadas con el uso de crack, basuco o pasta de coca están asociadas con su método de administración y el contexto social en el que se produce, más que con el efecto farmacológico a corto plazo de la droga en sí. Sin embargo, hay una relación entre su efecto muy breve y la bajada fuerte que se siente posteriormente, por lo que es difícil de controlar. 
 
A pesar de afrontar una fuerte exclusión socioeconómica, los usuarios de cocaína fumable ya practican la reducción de daños y utilizan estrategias de autoregulación, por ejemplo, mediante el uso de equipos para fumar más seguros o al recordar el principio de “cama, pan y baño”. No obstante, la mayoría de los usuarios que viven en la calle siguen estando desatendidos y sufren un alto grado de criminalización y estigmatización. El programa de reducción de daños y bienestar socioeconómico de San Pablo Braços Abertos es un modelo importante en la región para abordar esta deficiencia.
 
Photo credit Eduardo Zafra (Mexico)
 

Mito número 3: el uso de cocaína fumable aumenta la probabilidad de quedar en la calle

Uno de los mitos más comunes e inquietantes sobre la cocaína fumable es que quienes la consumen suelen quedar en la calle. Si bien es cierto que muchos usuarios de cocaína fumable no tienen hogar, es fundamental tener en cuenta que en general esas personas ya estaban sin hogar, eran vulnerables y carecían de educación, como señala uno de los investigadores de Argentina, antes de comenzar a consumir. Como señala uno de nuestros investigadores en Brasil, “las personas que viven en la calle no están en la calle porque fuman crack, sino que empiezan a fumar crack una vez que están en la calle”.
 
De hecho, muchos usuarios de cocaína fumable comenzaron a consumir para lidiar con condiciones de vida difíciles (tienen muy poco o ningún acceso a la salud pública o los servicios básicos) o experiencias traumáticas.
 
Photo credit Levinson Niño (Colombia)

 

Mito número 4: el mercado de la cocaína fumable es un fenómeno reciente

El mercado de la cocaína fumable se estableció hace décadas, por lo que no se trata de un fenómeno nuevo. En lugar de desaparecer, está experimentando una expansión paulatina, y ha pasado de constituir un hábito bastante localizado y aislado en la región andina en la década de 1970, a tener un alcance que se despliega en todas las direcciones, en toda América del Norte y del Sur, incluidas las regiones del Caribe y América Central.
 
En muchos lugares, se constata una clara disparidad en los niveles de imposición de penas y el número de detenciones en función de si se trata de cocaína en polvo o crack de cocaína. El castigo en el caso del crack de cocaína es mucho más severo.
 
 
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