El fin innoble de la lucha contra el terrorismo

31 သြဂုတ်လ 2021
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Desde que se declaró la Guerra contra el Terrorismo en septiembre de 2001, la política mundial se ha reconfigurado. En un momento en que el estado de guerra permanente culmina su vigésimo año, analizamos comentarios y críticas del personal del TNI y de sus investigadores e investigadoras y asociados sobre la guerra y sus consecuencias. Muchos de estos análisis han resultado ser trágicamente visionarios o incluso proféticos.

Photo credit MichaelGaida at Pixabay
El presente artículo fue redactado originalmente en inglés y vincula a recursos en su mayoría en ese idioma. A continuación se indica qué artículos han sido traducidos al español.
 
Los comienzos:
Una semana después de los atentados del 11 de septiembre, el investigador asociado del TNI, Walden Bello, advirtió sobre las consecuencias de embarcarse en lo que vislumbró como una guerra sin fin. Escribió: “Si podemos estar seguros de algo es que las represalias masivas de los Estados Unidos no podrán fin al terrorismo, sino que aumentarán la espiral de violencia”. Bello subrayó que a menos que se abordaran las causas profundas del terrorismo, incluida una revisión de la política exterior de los Estados Unidos, ingresaríamos en un estado de guerra permanente.
 
De modo similar, el académico asociado del TNI, Praful Bidwai, observó que una semana después del 11 de septiembre, ya se olía venganza en el aire. George W. Bush describió los atentados como “ataques contra la ‘civilización occidental’”. Bidwai dijo que no era conveniente que Estados Unidos asumiera el desafío terrorista al combatir “fuerza con fuerza, terrorismo con terrorismo, ojo por ojo”. 
 
Estas situaciones dantescas de guerra interminable se desataron según los pronósticos y fomentaron más violencia y terrorismo, en lugar de apaciguarlos.
 
Afganistán e Irak:
La ocupación de Afganistán e Irak por parte de las fuerzas de Occidente en 2001 y 2003, respectivamente.
 
Tras ocho años de ocupación, la académica asociada del TNI, Phyllis Bennis, junto con David Wildman, escribieron el libro Ending the US War in Afghanistan (Poner fin a la guerra de Estados Unidos en Afganistán), en el que afirmaron que la guerra debía terminar y destacaron que “la población y el Gobierno de Afganistán nunca representaron una amenaza para Estados Unidos”. Las fuerzas occidentales permanecieron en Afganistán durante 12 años más, una ocupación que terminó en una retirada desastrosa que persiste hasta ahora. 
 
Con respecto a Irak, Praful Bidwai advirtió en 2007 que Estados Unidos estaba provocando un desastre, al sostener que “el fracaso político-militar de los Estados Unidos en Irak tendrá consecuencias graves”, no solo para Irak, sino “para el mundo entero”. 
 
Fusión de guerras:
El comercio de opio en Afganistán, junto con la presencia de grupos armados como el Talibán o Al Qaeda, proporcionaron un campo de batalla ideal para librar la guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo combinadas, haciendo peligrar los avances realizados para abordar el problema de la droga. Líderes políticos, como el entonces primer ministro británico Tony Blair, intentaron obtener apoyo para la Guerra contra el Terrorismo al fusionarla con la Guerra contra las Drogas, una práctica que fue denunciada por el programa de Drogas y Democracia del TNI en el artículo Fusión de guerras.
 
Terrorismo – Antiterrorismo:
En 2002, el asociado y académico fundador del TNI Peter Weiss criticó los conceptos de terrorismo y antiterrorismo en el derecho internacional, y escribió que mientras que “el terrorismo ha perdido gran parte de su brillo y ahora genera condena prácticamente universal…aún sigue sin haber una definición amplia compartida por la comunidad mundial”. No obstante, los Estados enmarcaron como terrorismo los actos de violencia o la presunta amenaza de cometerlos y, en lugar de acudir a los sistemas de justicia penal existentes para que se ocuparan de los casos de violencia penal y política, elaboraron medidas antiterroristas complejas.
 
El complejo industrial de la seguridad
El antiterrorismo fue impulsado por una industria de seguridad emergente orientada al lucro. En NeoConÓptico, publicado en 2009, Ben Hayes advirtió que estábamos haciendo la vista gorda a un nuevo tipo de carrera armamentista en la cual todas las armas apuntaban hacia arriba. Las empresas de armas y seguridad impulsaban una agenda de seguridad en los pasillos del poder en Bruselas y Washington y, posteriormente, obtenían contratos para poner en práctica las políticas de seguridad militarizada.
 
Una guerra contra los musulmanes
Mientras en Afganistán e Irak se libraba una guerra de gran intensidad, Europa, Estados Unidos y, posteriormente, otros Estados elaboraron medidas antiterroristas en gran parte contra musulmanes, árabes y personas de color, que eran consideradas “poblaciones sospechosas”.
 
La globalización de las políticas de lucha contra el extremismo violento y Stranger than Fiction, publicados en 2018 y 2020, respectivamente, sostienen que “las políticas de lucha contra el extremismo violento refuerzan mutualmente e institucionalizan un proceso mediante el cual se construye discursiva y políticamente a los musulmanes como una amenaza y progresivamente se les somete a técnicas de vigilancia cada vez más amplias”.
 
En la época posterior al 11 de septiembre, gran parte del discurso político pasó a centrarse en una incompatibilidad aparente de ser europeo y musulmán a la vez. Se introdujo legislación que o bien perseguía específicamente o afectaba en forma desproporcionada a mujeres musulmanas. En Muslim Women Don’t Need Saving, Nawal Mustafa documentó una serie de medidas legislativas y políticas que institucionalizaron la homofobia de género en Europa.
 
Hacia un estado de emergencia permanente
La historia ha demostrado que las medidas adoptadas durante un estado de emergencia tienden a llegar para quedarse.
 
Las políticas de lucha contra el terrorismo han normalizado las restricciones al derecho de libertad de expresión, especialmente en las redes sociales y las artes. Jane Kilpatrick documentó cómo las leyes de lucha contra el terrorismo que criminalizan conceptos muy imprecisos como “extremismo” han provocado la autocensura, la vigilancia y, en algunos casos, el encarcelamiento de activistas y artistas. Kilpatrick también fue autora del artículo When a Temporary State of Emergency becomes Permanent, en el que reveló que en Francia se había utilizado el estado de emergencia permanente “no tanto para restaurar un estado de situación ‘normal’, sino como una excusa para limitar las normas fundamentales de derechos humanos y apaciguar el disentimiento”.
 
Fronteras
En virtud de una lógica antiterrorista, la seguridad y el militarismo se convirtieron rápidamente en la norma en las tierras fronterizas y en las rutas de migración. Desde 2016, el TNI ha publicado la serie Guerras de frontera, que analiza el modo en que se ha limitado y criminalizado el asilo, el movimiento y la solidaridad como parte de este estado de guerra permanente.
 
Abandonar la guerra contra el terrorismo
Tras casi 20 años de guerra, el asociado del TNI Arun Kundnani, junto con otras voces críticas, defendió el abandono de la guerra contra el terrorismo y la creación de una alternativa progresista a las políticas de lucha contra el terrorismo. Kundnani argumentó además a favor de abolir la seguridad nacional: “la verdadera seguridad no proviene de eliminar amenazas, sino del bienestar colectivo”.
 
La guerra mundial contra el terrorismo y la arquitectura antiterrorista a la que ha dado lugar no nos han hecho sentir más seguros después de 20 años de guerra. Como era de esperarse, responder a la agresión con agresión ha instigado la violencia en lugar de combatirla y ha reforzado las estructuras de poder racistas e imperialistas.
 
La Relatora Especial sobre los derechos humanos y la lucha contra el terrorismo, Fionnuala Ní Aoláin, dijo adecuadamente sobre la alarmante situación en Afganistán que “Los cínicos tendrán razón es juzgar sin sentido nuestras palabras para prevenir y eliminar el terrorismo y a juzgar inútiles nuestras palabras que adjudican valor a las vidas de las personas comunes y corrientes víctimas del terrorismo –hombres y niños, mujeres y niñas–. Es un fin innoble a la lucha contra el terrorismo”.