El consenso de Viena hace aguas

17 June 2003
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Los cambios que se han producido en algunas políticas nacionales sobre el cannabis y en prácticas para la reducción del daño ponen en evidencia la crisis en el ámbito de la ONU.

Los pasados 16 y 17 de abril se celebraron en Viena el 46° período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes y la revisión de mitad de período de los objetivos y metas de la Sesión Especial de 1998 de la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGASS, siglas en inglés) sobre el problema mundial de las drogas. Los resultados de ambas reuniones no pueden ser más decepcionantes.

Los avances destacables durante los últimos cinco años han brillado por su ausencia y, sin embargo, no hubo amagos de replanteamiento y valoración. De hecho, se reafirmaron las decisiones adoptadas por la UNGASS. La mayoría de países prefirieron mantenerse al margen de las medidas aplicadas y evitaron realizar un verdadero análisis sobre el impacto de dichas medidas. ¿El resultado? Una imagen distorsionada de mejoras virtuales con la que poder justificar el mantenimiento del statu quo. Según comprobamos, prevalece la absurda idea de que la realidad se amoldará, de alguna manera, a los deseos de los legisladores.

Sin duda, cabe encontrar ejemplos alentadores de mejoras alcanzadas, sobre todo en el campo de la reducción de la demanda. Hay varios países que han conseguido disminuir el número de muertes relacionadas con las drogas y han frenado la propagación del VIH/SIDA y otras enfermedades. Además, las opciones de tratamientos disponibles han mejorado en calidad y variedad. A pesar de que estas medidas contribuyen directamente a mitigar el sufrimiento de las personas, los acérrimos defensores de la tolerancia cero consideran que no son políticamente correctas. Así que, en lugar de aplaudirlas, durante la sesión se dedicaron a condenarlas y a pedir que se les pusiera punto final. Ni siquiera se pudo alcanzar un acuerdo básico en asuntos como el intercambio de jeringuillas o el tratamiento con metadona.

Los grandes cambios que se han producido en algunas políticas nacionales sobre el cannabis y en prácticas para la reducción del daño han puesto en evidencia la crisis existente en el ámbito de la ONU. Por supuesto, siempre hubo diferencias entre las políticas, pero ahora la divergencia es tal que el consenso de Viena empieza a hacer aguas. La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) ha perdido credibilidad al criticar la vía democrática emprendida por algunos países. La propia legitimidad de la JIFE está en entredicho ya que, en lugar de intentar casar la pragmática con la política, la agencia ha optado por el camino de la connivencia con varios países. Durante la revisión, se hicieron aún más patentes las diferencias entre la JIFE y la Oficina contra la Droga y el Delito (OCD) de la ONU que, al parecer, muestra una mejor voluntad para buscar soluciones que no se limiten a presionar a las naciones soberanas para que modifiquen sus políticas. Con ello, reconoce en cierta medida que los tratados sobre control de drogas, tal como están hoy en día, no están en sintonía con la realidad.

Por otra parte, los debates paralelos celebrados en el centro cívico de Viena, organizado por el Senlis Council, resultaron más interesantes que las sesiones oficiales. El planteamiento de ideas claras por parte de las ONG ha mejorado significativamente durante los últimos años y la OCD está haciendo todo lo posible por redefinir la relación con éstas. Por una parte, durante la sesión plenaria de la reunión de la Comisión de Estupefacientes, se otorgó una legitimidad sin precedentes a una expresión muy determinada de las posturas de tolerancia cero desde la sociedad civil. Se trataba de un intento por neutralizar las voces que cuestionan la eficacia del sistema de control de drogas actual y que están intentando abrir el debate acerca de las convenciones. Por otra, la OCD está empezando a reconocer la aportación constructiva que las ONG pueden ofrecer en el debate sobre políticas. Es preciso reconocer la mentalidad abierta que demostraron los funcionarios de la OCD en las ponencias y debates en el centro cívico. Este tipo de diálogo hace albergar esperanzas sobre un futuro en el que esperamos que las soluciones creativas consigan vencer la parálisis actual.