Haciendo la vista gorda: Corrupción y violencia relacionada con las drogas en Rosario

13 January 2014
Policy briefing

En Rosario (Argentina), la presencia de organizaciones delictivas dedicadas al tráfico de drogas era una prioridad menor para el Gobierno hasta el día de año nuevo de 2012, cuando el asesinato de tres civiles inocentes a manos de una banda generó una gran atención mediática.

Introducción

El tráfico de drogas no es un fenómeno nuevo en la ciudad argentina de Rosario. Desde la década de 1990, y en gran medida escapando del foco de la mirada pública, la distribución de drogas ilícitas en los barrios pobres y periféricos de la ciudad ha dependido de bandas dirigidas por familias y pequeños traficantes. La pobreza y la marginación social han favorecido el comercio. Los jóvenes integrantes de las bandas, conocidos como ‘soldados’, se han disputado territorios. La demanda local de drogas ilegales ha servido de motor. Las ganancias ilícitas se han blanqueado en colaboración con abogados y asesores financieros locales, y la corrupción entre la policía y los funcionarios locales ha garantizado que los principales traficantes, cuya identidad es bien conocida, puedan seguir operando con la única inquietud que les plantean las amenazas de sus rivales. Este último elemento parece explicar por qué, hasta que el tema saltó al dominio público, el tráfico de drogas no era tema de preocupación política en la ciudad.

El giro se produjo el día de año nuevo de 2012. Ese día, tres activistas sociales fueron asesinados a tiros en el barrio de Villa Moreno por miembros de una banda que los confundió con rivales. Los asesinatos no tenían nada de excepcional, pero las víctimas sí: a diferencia de las víctimas habituales, los activistas tenían un movimiento que los respaldaba. Sus muertes dieron lugar a manifestaciones locales y a peticiones para que se actuara. La prensa y los funcionarios rosarinos se vieron de repente obligados a prestar atención al tráfico de drogas y a la violencia relacionada con este. Desde entonces, una serie de investigaciones oficiales ha contribuido a que se entienda mejor la naturaleza del comercio de drogas en la ciudad y ha aportado más pruebas de la complicidad de las fuerzas de seguridad y la negligencia del Estado que, como se sabía hacía tiempo, facilitaban el tráfico.

Recomendaciones

  • Mantener el foco en el liderazgo de las bandas más poderosas y violentas, por ejemplo siguiendo el rastro del dinero, y revertir la tendencia que considera como una respuesta política suficiente el incremento del número de efectivos de fuerzas de seguridad en las zonas violentas.
  • Modificar el enfoque de dos niveles del poder judicial, de forma que se reconozca que los miembros menores de edad de las bandas son una población vulnerable y que hacer frente a la cultura de violencia exigirá iniciativas especiales.
  • Erradicar la corrupción en las fuerzas de seguridad locales y provinciales, reconocer la forma en que el enfoque estatal favorece esta complicidad, y generar estadísticas más fidedignas para informar mejor a las personas responsables de formular políticas.
 

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