El comercio de carbono —o la comercialización de permisos para contaminar— es un enfoque para reducir las emisiones de carbono basado en el mercado y profundamente ineficaz e injusto. Intentar convertir el carbono de la atmósfera en un producto privatizado ha creado mercados susceptibles a la presión empresarial, desviado la atención de los cambios sistémicos que se necesitan para convertir nuestras economías e infligido injusticias a comunidades marginadas del Norte que quedan atrapadas en las zonas de mayor contaminación y comunidades campesinas del Sur que son despojadas de tierras y medios de sustento en nombre de la acción climática.