Los palestinos están ganando la guerra de legitimidad, ¿tendrá importancia?

15 ဧပြီလ 2010
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Es vital que los palestinos ejerzan paciencia, determinación, liderazgo y visión, además de la suficiente presión, para ganar sus justos derechos.

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Rebelión

Desde el mismo momento en que la Declaración Balfour de 1917 dio la aprobación formal del gobierno británico al establecimiento de una “patria judía” estuvieron presentes profundas cuestiones de legitimidad en el conflicto que recientemente conocido como conflicto israelo-palestino.

Este aval colonial original al proyecto sionista ha producido una erosión constante de la situación del pueblo palestino en la Palestina histórica que ha empeorado drásticamente en el curso de los últimos 43 años de ocupación de Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza. Ha empeorado debido a una opresiva ocupación militar por parte de Israel que implica negaciones fundamentales de derechos y omnipresentes violaciones del derecho humanitario internacional, y debido a que se ha permitido a Israel establecer “hechos sobre el terreno”, que más correctamente se consideran violaciones de los derechos palestinos, especialmente el establecimiento de extensas colonias y un muro de separación construido en territorios palestinos en violación de la Cuarta Convención de Ginebra. Estos hecho han sido flagrantemente ilegales y hacen que todo el trato dado al pueblo palestino sea ilegítimo, además de motivo de un intenso y omnipresente sufrimiento continuo.

Durante décadas las fuerzas políticas palestinas han ejercido su derecho a la resistencia de varias maneras, incluyendo la extraordinariamente no violenta Intifada de 1987, pero también emprendiendo la lucha armada en defensa de su territorio. Decididamente los palestinos gozan del derecho a resistir, aunque sujeto a los límites del derecho humanitario internacional, que descarta atacar a civiles y a objetivos no militares. Estas tácticas de resistencia desafían a Israel en su momento de máxima ventaja comparativa debido tanto a su dominio militar, en parte logrado gracias a generosos subsidios de Estados Unidos, y a su despiadado desprecio de la inocencia de los civiles.

En los últimos años, especialmente desde la brutal experiencia de la guerra de Líbano en 2006 e incluso más dramáticamente tras la invasión israelí de Gaza en 2008-09 (27 de diciembre de 2008-18 de enero de 2009), ha habido un cambio notable de énfasis de la estrategia palestina. La nueva estrategia ha sido iniciar lo que se podría describir como una segunda guerra, “una guerra de legitimidad” que se basa esencialmente en su dependencia de una variedad de tácticas de resistencia no violentas.

La esencia de esta guerra de legitimidad es poner en duda varias dimensiones de la legitimidad israelí: su estatuto como un actor moral y que acata la ley, como potencia ocupante en relación al pueblo palestino y con respecto a su voluntad de respetar a las Naciones Unidas y de acatar el derecho internacional. Quienes emprenden esta guerra de legitimidad tratan de aprovechar el alto terreno moral en relación al conflicto subyacente y, sobre esta base, lograr apoyo para una variedad de iniciativas coactivas y no violentas diseñadas para presionar a Israel, a los gobiernos de todo el mundo y a las Naciones Unidas para negar a Israel los derechos participativos normales como miembro de la sociedad internacional.

El objetivo de estas tácticas también es movilizar a la sociedad civil global para que muestre su solidaridad con la lucha palestina por lograr derechos objetivos, cuya forma principal es la campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) [1] en marcha en todo el mundo y que sirve como campo de batalla simbólico.

Pero existen también otras formas de acción, incluyendo a los movimientos Free Gaza [2] y Viva Palestina [3] que tienen el objetivo específico de romper simbólicamente el bloqueo de comida, medicamentos y combustible impuesto a mediados de 2007, una forma de castigo colectivo que ha causado un gran sufrimiento a toda la población de Gaza compuesta por un millón y medio de personas ya que daña la salud mental y física de todas aquellas personas que viven bajo la ocupación.

Aunque las Naciones Unidas han fracasado en lo que se refiere a ofrecer protección (más allá de su papel esencial de proporcionar ayuda humanitaria en Gaza) a los palestinos que están bajo la ocupación o incluso en relación a la implementación de los derechos palestinos según el derecho internacional, es un lugar vital para la lucha en la guerra de la legitimidad. Toda la tormenta desatada por el Informe Goldstone supone desafiar a las Naciones Unidas para que obliguen a asumir sus responsabilidades a los dirigentes políticos y militares israelíes por sus supuestos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad asociados con los ataques a Gaza de finales de 2008. Aunque Estados Unidos proteja a los israelíes de [asumir] su responsabilidades siguiendo los procedimientos de las Naciones Unidas, la confirmación por parte del Informe Goldstone de las acusaciones de criminalidad es una victoria fundamental para los palestinos en la guerra de legitimidad y da credibilidad a los llamamientos a iniciativas no violentas por todo el mundo.

El Informe Goldstone refrenda también la “jurisdicción universal” como un medio de exigir responsabilidades animando a tribunales penales nacionales de cualquier país a que utilicen su autoridad legal para hacer responsables a dirigentes políticos y militares israelíes de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Tzipi Livni [4], la actual dirigente del grupo de oposición Kadima en Israel, que era ministra de Asuntos Exteriores durante los ataques a Gaza, canceló su visita a Gran Bretaña después de recibir el aviso de que se había emitido una orden de detención contra ella a su llegada. Aunque no se haya vencido la impunidad israelí, la autoridad del Informe Goldstone da peso a los llamamientos en todo el mundo a deteriorar las relaciones normales con Israel por medio del boicot a las actividades académicas y culturales, a deteriorar las relaciones comerciales por medio de movimientos de desinversión y por medio de la negativa de cargar y descargar barcos y aviones que transportan mercancías a o desde Israel, y por medio de la presión a los gobiernos para que impongan sanciones económicas.

La inspiración histórica para esta guerra de legitimidad es la campaña en contra del apartheid emprendida con éxito contra el régimen racista de Sudáfrica. Sin lugar a dudas la motivación política palestina para centrar sus energías en emprender una guerra de legitimidad procedía de varias fuentes: la desilusión respecto a los esfuerzos de las Naciones Unidas y de Estados Unidos para encontrar una solución justa para el conflicto; el darse cuenta de que la resistencia armada no produciría una victoria palestina y de que en manos de las tácticas de distracción israelíes desempeñaba un papel al convertir al “terrorismo” en el problema; reconocer que los acontecimientos en Líbano y Gaza generaba en todo el mundo una ira generalizada contra Israel y simpatía por los palestinos que está debilitando gradualmente la anterior deferencia europea y norteamericana por Israel debida al injusto trato a los judíos en el Holocausto; y la creciente sensación de que se podía alistar a las comunidades de la diáspora palestina repartidas por todo el mundo y sus aliados para unirse a la lucha si su naturaleza esencial era la de una guerra de legitimidad.

Grupos de apoyo israelíes oficiales y no oficiales han reconocido recientemente la amenaza que este recurso por parte de los palestinos a la guerra de legitimidad plantea para su gran estrategia expansionista colonial. Think tanks israelíes han descrito al “movimiento de justicia global” asociado con estas tácticas como una amenaza para Israel mayor que la violencia palestina e incluso han criticado severamente la dependencia del derecho internacional como una peligrosa forma de “guerra judicial”. El gobierno israelí y las organizaciones sionistas de todo el mundo se han unido a la batalla por medio de una fuerte inversión en actividades de relaciones públicas que incluyen una campaña de propaganda para desacreditar lo que a veces se denomina “el enfoque de Durban”. Como ocurre con otras tácticas israelíes, en su enfoque defensivo de la guerra de legitimidad hay una ausencia de autocrítica que implique una valoración de las importantes reivindicaciones palestinas según el derecho internacional. Para Israel una guerra de legitimidad es una pura y simple cuestión de relaciones públicas, una cuestión de desacreditar al adversario y de proclamar la inocencia y virtud nacionales. A pesar de su enorme ventaja en los recursos empleados en esta campaña, Israel está perdiendo definitivamente la guerra de legitimidad.

Aunque los palestinos ganen la guerra de legitimidad no existen garantías de que esta victoria produzca los resultados políticos deseados. Ello requiere tanto paciencia, determinación, liderazgo y visión por parte de los palestinos, como una suficiente presión para forzar un cambio en el corazón de Israel y probablemente también en Washington. En este caso, parece que es necesaria una voluntad por parte de Israel de abandonar el corazón del proyecto sionista de establecer un Estado judío y esto no parece probable desde la actual posición estratégica. Pero los objetivos de una guerra de legitimidad siempre parecen estar fuera del alcance hasta que se logran misteriosamente debido a una rendición abrupta y totalmente inesperada por parte de la parte perdedora.

Hasta que la parte perdedora se desmorona aparenta ser inamovible e invencible, una afirmación que la policía y el dominio militar refuerzan generalmente. Esto es lo que ocurrió en la Unión Soviética y Sudáfrica, y antes al dominio colonial francés en Indochina y Argelia, y a Estados Unidos en Vietnam.

Está en la mano de todos los que nos dedicamos a la paz y la justicia hacer todo lo que podamos para ayudar a los palestinos a imponerse en la guerra de legitimidad y hacer que acabe su larga y terrible situación.

Declaraciones del profesor Richard Falk sobre el conflicto israelo-palestino (Wikipedia) [5]

En un artículo de junio de 2007, “Nos arrastramos hacia un holocausto palestino” [6], Falk comparaba algunas políticas israelíes respecto a los palestinos con el historial de la Alemania nazi de castigo colectivo. Tras identificarse como judío estadounidense, Falk afirmaba que su uso del término “holocausto” “representa un llamado bastante desesperado a los gobiernos del mundo y a la opinión pública internacional para que actúen urgentemente para impedir que estas actuales tendencias genocidas [israelíes] culminen en una tragedia colectiva [para los palestinos]”.

Falk afirmaba también que “no sugiero que la comparación deba ser considerada literalmente, pero insisto en que un modelo de criminalidad asociado con las políticas israelíes en Gaza realmente ha sido apoyado por las principales democracias del Siglo XXI”.

Falk respondía a las críticas afirmando: “Si este tipo de situación hubiera existido por ejemplo en la manera como China estaba tratando a Tibet o el gobierno sudanés estaba tratando Darfur, no creo que hubiera renuencia a hacer esta comparación”. Atribuía la renuencia a criticar las políticas israelíes tanto a la sensible historia del pueblo judío como a la habilidad del Estado [sionista] para “evitar que sus políticas estuvieran sujetas al derecho y al a moralidad internacionales”.

[1] http://bdsmovement.net/

[2] http://www.freegaza.org/

[3] http://www.vivapalestina.org/

[4] http://www.wanted.org.il/tzipi_livni_en.htm

[5] http://en.wikipedia.org/wiki/Richard_A._Falk#Statements_on_Israeli-Palestinian_conflict

[6] http://www.transnational.org/Area_MiddleEast/2007/Falk_PalestineGenocide.html, traducido al castellano por Germán Leyens, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=53148