Impunidad S.A.

Herramientas de reflexión sobre los “súper derechos” y los “súper poderes” del capital corporativo
24 Junio 2013
Report

Cuarenta años después de que Salvador Allende denunciara al poder corporativo ante la Asamblea de las Naciones Unidas (Diciembre de 1972), millones de seres humanos están inmersos en procesos de lucha contra las violaciones de los derechos humanos y ante la injusticia social y ambiental generada por las empresas transnacionales.

Son luchas conjuntas, en paralelo, en diferentes formas y en todos los sectores de la economía. Los pueblos se unen en defensa de los territorios, las semillas, el agua, los bosques, la alimentación, la biodiversidad, la salud, la cultura, etc., frente a la agresión de las corporaciones, que expanden su poder mediante un sistema de “acumulación por desposesión”.

El informe Impunidad S.A., desarrollado en el marco de la Campaña ¡Desmantelemos el poder corporativo y pongamos fin a la impunidad!. Mediante tres estudios de caso, el reporte denuncia los “súper” derechos y “súper poderes” de las empresas transnacionales y desenmascara la arquitectura de la impunidad, que privilegia las operaciones de las empresas transnacionales por encima de los derechos de las personas.

El informe se presentó durante la Conferencia de la Sociedad Civil Viena+20 y destaca las recomendaciones clave que se han incorporado a la Declaración de la Conferencia. Son especialmente significativos los llamamientos que hace a establecer obligaciones y normas vinculantes a las empresas transnacionales, así como un Tribunal Mundial de los Derechos Humanos mediante el que se puedan juzgar y sancionar las violaciones y los delitos de las empresas transnacionales.

   

Resumen ejecutivo

Este informe ha sido emprendido en el marco de la Campaña ¡Desmantelemos el poder corporativo y pongamos fin a la impunidad!, con el objetivo de brindar, mediante tres estudios de caso, herramientas de reflexión sobre los “súper” derechos y “súper poderes” de las empresas transnacionales.

En el Capítulo 1, se destacan los abusos y violaciones de los derechos laborales fundamentales que se producen cotidianamente en las fábricas de prendas de vestir de Marruecos, con destino a los mercados europeos, y que afectan sobre todo a jóvenes mujeres. Consideramos también hasta qué punto, desde la administración francesa hasta el día de hoy, pasando por las políticas impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se ha desmantelado el tejido agrícola tradicional en este país. Este proceso ha implicado, para millones de personas de las zonas rurales, la pérdida de sus fuentes de sustento, obligándolas a aceptar largas horas de trabajo y salarios que en la mayoría de los casos no cubren las necesidades básicas de lo/as trabajadore/as, en las maquiladoras de empresas como la española Inditex. Esto está ocurriendo a pesar del ya desgastado y caduco discurso sobre la responsabilidad social corporativa y apoyándose en el Acuerdo de Asociación (AdA) entre la UE y Marruecos, donde no se vislumbran mecanismos de sanción de la violación de los derechos fundamentales. Mediante este Acuerdo, la Lex Mercatoria y la protección de los intereses corporativos siguen primando sobre los seres humanos.

Evidenciamos una situación similar en el caso de Centroamérica, resaltando la pro- funda asimetría que caracteriza la firma del AdA de esta región con la UE. Aquí, la impunidad asegurada que consideramos es la de la española Pescanova en Nicaragua, destacando sus impactos negativos en lo que refiere a precarias condiciones de trabajo para lo/as empleado/as, desplazamiento de los pescadores y a la contaminación ambiental en la región. Recalcamos la posición dominante de la empresa en el sector camaronero, ya que es la gran acaparadora de la superficie concesionada para ésta producción en el país. Así, no solamente se merma el acceso de los pescadores tradicionales a los recursos pesqueros, sino el derecho a la alimentación de la población nicaragüense en la zona de influencia. Este acuerdo, por lo reciente de su firma, muestra cómo la Unión Europea no ha modificado su voraz política comercial a lo largo de los años. Aunque a nivel descriptivo, derechos humanos, derechos laborales y sostenibilidad tengan una presencia relevante, cuando se trata de exigir su protección, se quedan en meras declaraciones, frente al capítulo comercial y de las inversiones. El AdA por tanto, representa un garante para la permanencia de esta dramática realidad.

En el Capítulo 2, adentrándonos en el metabolismo social europeo, examinamos la dependencia sustancial de la UE de cara a materias primas crecientemente estratégicas y situadas en los países empobrecidos. Destacamos cómo se estructuran las exportaciones sudamericanas y africanas hacia el continente europeo, manteniendo a estos países en un empobrecedor modelo primario-exportador. Resaltando que las materias primas no son únicamente importantes para el capital del punto de vista metabólico, sino también del punto de vista comercial, vemos cómo las empresas europeas están fortaleciendo su posición de monopolio y control en el comercio de las materias primas a nivel internacional. Utilizan a Europa no solo como plataforma política para asegurar la defensa de sus intereses mediante la “diplomacia de las materias primas”, sino también como destino de su producción. Por ello, les interesa particularmente el mantenimiento del modelo de consumo y producción capitalista vigente en la UE. A través del actuar de Glencore en la minería colombiana, boliviana y congolesa, de las cuales la UE depende metabólicamente, describimos hasta qué punto puede obtener millonarias ganancias un gigante de este tipo, generando sin embargo graves conflictos sociales y ambientales. Al considerar sus actividades en el MERCOSUR, donde además acapara miles de hectáreas de tierra fértil, se evidencia el control que tiene Glencore sobre prácticamente toda la cadena productiva en el modelo de “integración vertical” impuesto desde el Agribusiness. Al aplicar la lupa de los Tratados de Libre Comercio, EPAs y AdAs a esta empresa, se subraya hasta qué punto no pueden sino favorecerla e incrementar su hegemonía e impunidad. Asimismo, destacamos la actuación de Glencore en diferentes ámbitos de la economía, subrayando su papel en la especulación financiera sobre las materias primas.

El Capítulo 3, mediante la actualización de los avances de los megaproyectos de infraestructuras en América del Sur (IIRSA-COSIPLAN), se concentra en la base física que sustenta a la liberalización comercial, con costes económicos, sociales y ambientales para los Pueblos. Además se evalúa la contaminación adicional de las infraestructuras mediante su creciente financiarización, y se apunta el papel que cobra el capital europeo en este ámbito. En ese sentido, se subraya la vigencia de un proyecto global, que aspira a consagrar a los mercados no únicamente como medios destinados a financiar megaproyectos, sino también a decidir sobre su disposición. Además, se evidencia un hecho preocupante: a pesar de que se comienza a poner los cimientos de un contrapoder mediante iniciativas como UNA-SUR, persiste, inexpugnable, el avance del reordenamiento territorial desde el capital. Se dedica un apartado especial a las megarepresas amazónicas que se construyen sobre el Río Mader a, con la participación del Banco Santander, GDF-Suez, Abengoa, Voith, Siemens y otras empresas europeas. Este caso constituye un auténtico laboratorio experimental para la construcción de decenas de otras megarepresas en la Amazonía, y evidencia la amplitud del desastre socioambiental, además de la violación sistemática de los derechos aborales y humanos en general.

 

Conclusiones

“Estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones y los Estados. Éstos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales -políticas, económicas y militares- por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada. Pero las grandes empresas transnacionales no sólo atentan contra los intereses genuinos de los países en desarrollo, sino que su acción avasalladora e incontrolada se da también en los países industrializados donde se asientan. Ello ha sido denunciado en los últimos tiempos en Europa y Estados Unidos, lo que ha originado una investigación en el propio Senado norteamericano. Ante este peligro, los pueblos desarrollados no están más seguros que los subdesarrollados. Es un fenómeno que ya ha provocado la creciente movilización de los trabajadores organizados, incluyendo a las grandes entidades sindicales que existen en el mundo. Una vez más, la actuación solidaria internacional de los trabajadores, deberá enfrentarse a un adversario común: el imperialismo”. Discurso del Presidente chileno Salvador Allende ante las Naciones Unidas, 4 de diciembre de 1972

Cuarenta años han pasado desde que Allende pronunciara estas palabras. Su mensaje parece vigente hoy más que nunca. A lo largo de este informe hemos intentando evidenciar una parte de la arquitectura de la impunidad que ampara al capital europeo en articular, si bien la reflexión podría extrapolarse al conjunto de las transnacionales a nivel global, incluyendo a aquellas de los países emergentes.

Tal como lo señalan Berrón y Brennan (2012, 2), requerimos fortalecer una “respuesta social, de contrapoder, que identifique diferentes niveles y que pueda ponerlos en coordinación para actuar de manera cooperativa”. En este informe hemos pretendido aunar en ese sentido, vinculando el área de la economía real-real, aquel de las megainfraestructuras y la financiarización, con el análisis del actuar transnacional y de los acuerdos comerciales. Por ello se ha insistido en la necesidad de permanecer vigilantes ante el avance de las bases físicas que permiten la concreción de lo acordado en los TLCs y AdAs, tal como se observó en el caso de IIRSA.

Además, es importante señalar que en el ámbito de la creciente financiarización de la economía a nivel global, el ejemplo de las actividades de Glencore no es sino la punta del iceberg que se debe combatir desde los sectores de la sociedad civil que tradicionalmente han denunciado a las transnacionales. En efecto, hasta ahora, se ha trabajado mayormente sobre los impactos sociales, ambientales, laborales generados por estas empresas en la economía real y por la banca. No obstante, las empresas comienzan a estar activas directamente en todas las esferas de la economía, incluyendo aquella que les permite la especulación financiera (Teitelbaum 2012, 8). Ahí, se desenvuelven en un mundo donde ni siquiera necesitan de TLCs, EPAs o AdAs, en el marco de un sistema financiero fuera de control. Por ello, se requiere no solo entender cómo se están desarrollando, sino también buscar nuevas herramientas. Tal y como lo plantea Hildyard (2011), un “buen funcionamiento del mercado” es en realidad el funcionamiento de un sistema puesto al servicio del interés privado, que legaliza y legitima que uno pueda acumular riqueza a expensas de otras personas. El mercado no es el lugar ni el medio para recuperar fondos que sirvan al interés público. Los derivados financieros constituyen mecanismos que no hacen sino profundizar el carácter nefasto y antidemocrático del mercado. Por tanto, no se trata de hacer este sistema “un poco más justo”, sino de desmantelarlo.

Con la actual crisis multidimensional, tal como lo anunciaba Allende, las uñas del poder corporativo también se están clavando en la piel de los Pueblos de los países más enriquecidos. Además del control de sus patrones de consumo y la destrucción de su patrimonio cultural y natural desde hace décadas, ha impulsado el actual ataque a los servicios públicos y a los derechos sociales y laborales de estos Pueblos. En estos países, por fortuna, se están dando cada vez más movilizaciones. Ejemplos de la lucha en defensa de los derechos y contra los recortes se evidencian ya en toda Europa. En este contexto, debemos multiplicar las alianzas, coordinar resistencias y campañas locales. Por ejemplo, el éxito de toda resistencia puntual cobra mayor fuerza si se coordina a nivel global, “deteniendo la acción de la ETN en otros lugares donde intentará repetir su estrategia” (Berrón y Brennan 2012, 2).

Desde iniciativas como la campaña internacional ¡Desmantelemos el poder corporativo y pongamos fin a la impunidad!, las redes de lucha contra la liberalización del comercio, pero también aquellas que hacen un seguimiento importante del ámbito financiero y la economía “verde”, debemos entrelazar todas nuestras fuerzas y procesos organizativos frente a los “súper derechos” y a los “súper poderes” de las grandes corporaciones. En este sentido, será clave actuar para la creación de un Tratado Internacional de los Pueblos, con el objetivo de proponer alternativas económicas y políticas, y definir mecanismos jurídicos vinculantes para poder exigir a las corporaciones que rindan cuentas de sus actividades y sean condenadas por sus crímenes sociales y ecológicos. No tenemos otra opción, ni tampoco mucho tiempo.

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